Xenofobia, racismo hacia las niñas, niños migrantes

Pbro. Mauro Verzeletti, C. S.
Director de las Casas de Migrante, Guatemala y El Salvador
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Los ejes de los procesos de globalización de mercado económico neoliberal en cumplimiento de los intereses de sectores privados acentuaron los flujos migratorios en el mundo. A partir de una globalización segregada, las políticas migratorias de los Estados fueron formuladas desde una lógica perversa de mercado excluyente, xenofóbico y racista. La negación al derecho a migrar como principio humano fundamental evidencia el duro golpe al sistema jurídico internacional en materia migratoria. Las acciones antiinmigrantes que hoy día se están llevando a cabo, fomentan la cultura de la violencia hacia el derecho del otro, del diferente y calificándolo de invasor peligroso, como es el caso de los niños, niñas y adolescentes enjaulados en la frontera entre México y Estados Unidos.

La cruel detención de niñas y niños cuestionan la propia identidad de los Estados modernos, porque las acciones de intolerancia introducen divisiones y conflictos socioculturales. Así se crean mitos alrededor de una identidad monocultural, que tienen implicaciones directas en la vida de los migrantes y refugiados. Es por ello, que el derecho a la ciudadanía universal pasa a ser amenazada cuando las legislaciones migratorias son inhumanas. La criminalización del derecho superior desde una situación de vulnerabilidad para justificar estereotipos y emprender acciones inadecuadas hacia la niñez migrante, son medidas peligrosas donde se acusan al débil de promover la violencia, la inseguridad con miras de legitimar acciones policiacas en el ámbito nacional como internacional.

Con la implementación de las políticas migratorias de mano dura facilitaron el desarrollo exacerbado del racismo y xenofobia, donde los migrantes y refugiados pasaron a ser tratados por muchos Estados de enemigos/bárbaros, para así justificar tratos y abusos crueles de poder, omitiendo el derecho al debido proceso.

Las recientes acciones perpetradas por el Presidente de Estados Unidos muestran claramente que los niños, niñas y adolescentes detenidos, son las categorías más susceptibles y, al mismo tiempo, escogidas como chivos expiatorios. Son las víctimas directas y perfectas crucificadas en la frontera del que divide el continente Americano, entre el Norte rico y el Sur pobre. Aún más, son acusadas de canalizar crisis y violencia. En este contexto, la población migrante se vuelve sospechosa, peligrosa y amenazadora del sistema.

A partir de las manifestaciones xenofóbicas y racistas es importante sensibilizar a los tomadores de decisiones de los Estados, medios de prensa y la opinión pública sobre la necesidad de prevenir la intolerancia y fomentar el respeto a la diversidad cultural y desarrollar programas y políticas que faciliten la integración de la población migrante en la vida social de las naciones.