Vuelta al pasado

Editorial

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Hubo épocas en el pasado en que los vasos comunicantes entre gobiernos despóticos de Centroamérica le hacían la vida imposible a quienes eran perseguidos por esos regímenes. El tiempo en el que gobernaban Jorge Ubico en Guatemala, Tiburcio Carías en Honduras y Maximiliano Hernández en El Salvador, se caracterizó por los acuerdos entre los tiranos para reprimir a los adversarios de cualquiera de ellos, sometiéndolos a serios niveles de acoso para demostrar no sólo su fuerza y poder, sino la existencia de acuerdos entre los tres países. Asilados guatemaltecos en cualquiera de los otros dos territorios sufrieron las consecuencias de diversas y crueles maneras.

Ahora las dictaduras que existen tanto en Guatemala como en Honduras son las de la corrupción puesto que gobiernos dedicados al latrocinio se unen para agredir a quienes luchan contra ese flagelo que empobrece más a nuestros ya famélicos pueblos. El caso de Juan Orlando Hernández en Honduras es ilustrativo porque utilizando los instrumentos oscuros logró su reelección y afianzó el poder de los corruptos, por lo que no sorprende que recientemente haya puesto al aparato de su Estado a las órdenes de los intereses del régimen de Guatemala al intentar detener a la ex Fiscal General que ahora lucha porque se respete su derecho a ser electa como Presidente de la República de Guatemala y someterla a un abusivo interrogatorio cuando intentó entrar por vía aérea a Honduras.

No existe ninguna orden de captura internacional en contra de Thelma Aldana luego de que fuera acusada a la carrera por el Ministerio Público bajo las órdenes de Consuelo Porras, de haber contratado a un exmagistrado de la CSJ de manera supuestamente ilegal, por lo cual no procedía la detención que se hizo de ella durante más de dos horas en separos migratorios de Honduras.

Resulta funesto regresar a ese pasado oprobioso en el que sin respaldo legal, se perseguía a cualquiera simplemente porque era considerado adversario de los dictadores, forzando a mucha gente a sufrir en condiciones de verdadero ostracismo. Obviamente las dictaduras son todas iguales, al margen de sus orientaciones ideológicas, y se caracterizan por el ejercicio abusivo del poder, tal y como se ve ahora en Honduras y Guatemala, donde lo que se había avanzado en el respeto a los derechos humanos después de esos tenebrosos períodos de tiranías de distinto tipo, se había abierto espacio la democracia, sepultada precisamente por la nueva forma de dictadura, la de la corrupción, que recurre a los mismos procedimientos de ese no tan lejano pasado.