Visitando la zona cero en San Miguel Los Lotes

Por Marvin S. Otzoy
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“Temprano yo te buscaré, de madrugada yo me acercaré a ti. Mi alma te anhela y tiene sed para ver tu gloria y tu poder…” Es un canto que me inspiró a levantarme ganándole al sol la primera mirada sobre el horizonte. He visto con mucho pesar muy de cerca los rostros de la pobreza en Guatemala: adultos mayores llevando en la espalda la cosecha, caminando al mercado del pueblo más cercano y venderla para poder tener algo de dinero para su diario vivir.

Mujeres cargando “a tuto” a sus bebés, mientras a otro de sus hijos tomado de la mano y sobre su cabeza la leña para cocinar los alimentos del día. Niñas que hacen el papel de mamá cargando a sus hermanitos mientras les dan la “pacha” con lo poco que consiguen. Los hombres del lugar trabajando, algunos en rescates y otros en la poca agricultura de los alrededores, sedientos y cansados pidiendo agua.

Tuve el privilegio de extender una mano amiga al prójimo, de reconocer lo que es un sincero apretón de manos acompañado de una mirada limpia. Sentí el suspiro triste, pero la fortaleza del alma para reponerse anímicamente en medio de desolación. En fin, gente trabajando duro para llevar algo a casa, unánimemente agradecieron los donativos enviados por la diáspora guatemalteca. Estando en el país para ser intermediario de la bondadosa y oportuna ayuda de algunos grupos de migrantes para los damnificados del Volcán de Fuego pude ver la mirada de aflicción en la que vive mucha de nuestra gente.

Pero al mismo tiempo reconocí en esas personas la esperanza que llevan dentro de sí al saber que hay paisanos en el extranjero que nunca se olvidan de sus raíces y que les envían algo para su subsistencia, especialmente en momentos de incertidumbre. Más allá de lo enviado para mitigar en algo la emergencia hay que enfocarse en las soluciones importantes que el caso amerita. Soluciones permanentes de mediano y largo plazo.

Seguiremos con más acciones concretas como el caso de poder colaborar en la construcción de algún centro de salud tras la reubicación de los afectados, un parque para el entretenimiento familiar, quizás hasta una cooperativa integral propia de la comunidad o un proyecto de vivienda digna. Son planes que se pueden concretar en base a unidad, en ayuda al prójimo. Hay mucho por hacer, tanto así que lo mejor es empezar nosotros mismos a dar nuestro granito de arena, y a través de los aportes llegar a los más vulnerables.

Seamos fuente de esperanza y no le demos la espalda a nuestros connacionales. Que seamos promotores de desarrollo en las comunidades afectadas en esta ocasión independientemente de cuestionar qué entidad debe promoverlo. Que la mano migrante continúe destacando y haciendo diferencia como debe ser.