MADRE SALVADOREÑA VIAJÓ CON SUS TRES HIJOS HACIA EE. UU.

Sin asilo y sin esperanza, esta es la realidad de Carolina Díaz

Carolina era parte de un grupo de migrantes que fueron enviados a Guatemala desde EE. UU. como parte del ACA. FOTO LA HORA

Por Margarita Girón
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Desde que se confirmó la llegada del primer centroamericano bajo el acuerdo de Tercer País Seguro o Acuerdo de Cooperación de Asilo (ACA), ya suman al menos 187 hondureños y salvadoreños los que han sido trasladados a Guatemala entre el 21 de noviembre y el 16 de enero, en donde deben decidir entre un retorno voluntario a sus países de origen o solicitar asilo en Guatemala.

Aunque las personas que han sido trasladadas son en su mayoría de nacionalidad hondureña, al menos 70 salvadoreños, incluyendo unidades familiares, han llegado al país en menos de dos meses.

Carolina Díaz salió de La Libertad, El Salvador, luego que su esposo lograra prestar dinero y juntar los US$12 mil (Q92 mil 500, aproximadamente), monto que le cobró el “Coyote” por trasladar vía terrestre a su familia. La idea era que al llegar a Estados Unidos, tanto Carolina como sus hijos pidieran asilo y fueran liberados mientras su solicitud era procesada, pero la realidad fue otra.

Mientras permanecía en Casa del Migrante junto a sus hijos, luego de ser trasladada vía aérea desde Estados Unidos, la madre salvadoreña compartió con La Hora Voz del Migrante su historia y el desalentador futuro que le espera en ese país.

SIN POSIBILIDADES DE RECIBIR ASILO EN EE. UU.

Carolina relató que al llegar a los Estados Unidos, fueron detenidos por la Patrulla Fronteriza, la madre junto a sus hijos de 7, 12 y 17 años relataron a las autoridades migratorias su situación y ellos le indicaron que de no ser creíble su caso, serían retornados a Guatemala.

“A mí solo me dijeron que nos iban a mandar a Guatemala, no me preguntaron si quería regresar de nuevo a mi país, de un solo nos dijeron a Guatemala o a Guatemala y si uno no firma, ellos firman por uno, firmara o no firmara uno se venía, yo firmé porque de todas maneras nos iban a regresar”, detalló Carolina.

Según describió Carolina, las palabras de uno de los oficiales fueron “aquí vinieron a soñar alto, porque de ustedes ninguno tiene una oportunidad de quedarse”.

“Ellos dicen que las leyes se cumplen, pero ellos son los primeros en romperlas porque nos discriminan, pero así teníamos que aguantar”, describió la madre migrante.

Esta decisión le fue comunicada a Carolina, 10 días después de haber sido detenida con su familia. Durante ese tiempo la migrante salvadoreña permaneció en un centro de detención en Texas. En donde se mantuvo junto a su hijo de 7 años, mientras los mayores fueron agrupados con otros menores de edad en el mismo centro de detención por 17 días más, hasta esta semana, que fueron trasladados a Guatemala.

Aunque El Salvador se ubica en la tercera posición, respecto al resto de países del Triángulo Norte, en donde Guatemala lidera las cifras de aprehensiones en la frontera sur de Estados Unidos, según datos de la Oficina de Aduanas y Seguridad Fronteriza de los Estados Unidos, (CBP, por sus siglas en inglés), durante el año fiscal 2019, 56 mil 897 unidades familiares originarias de El Salvador, fueron detenidas por la patrulla fronteriza, cuatro veces más que las 13 mil 669 reportadas en el 2018.

Entre octubre y diciembre, meses que corresponden al año fiscal 2020, ya se reportan 2 mil 649 unidades familiares detenidas por las autoridades fronterizas, Carolina y sus hijos, se encuentran dentro de esas estadísticas.

“Aquí vinieron a soñar alto, porque de ustedes ninguno tiene una oportunidad de quedarse”.

ASÍ DESCRIBIÓ SU ESTANCIA EN ESTADOS UNIDOS

De acuerdo con Carolina, la estancia en el centro de detención, fue difícil, pues incluso los alimentos que les proporcionaban que se basaba principalmente en burritos, en los últimos días los estaban dando en mal estado, aseguró.

“Yo nunca me quejé, pero otras señoras se quejaron y ellos les decían, que ellos (los guardias) no les habían pedido que llegaran a su país, que ellas habían decidido irse solas y que si querían que comieran así o no comieran. Pero igual, por no morirse de hambre, uno tiene que comer, pero sí lo tratan mal a uno”, describió Carolina.

Según mencionó, el ambiente en el centro de detención, era frío pero no podían quejarse, para evitar el enojo de los guardias, el temor de Carolina todo el tiempo, fue ser separada de sus hijos.

De acuerdo con Carolina, durante su estancia, su hijo menor fue golpeado accidentalmente por otro niño, pero prefirió callar y un oficial que se distinguió del resto le auxilió para que fuese atendido por el golpe recibido.

“Un oficial bien buena gente, me dijo, que yo podía accionar por la agresión que sufrió mi hijo, pero ¿de qué me servía?, solo iba a significar que estuviéramos más tiempo allí y no iba a solucionar nada, porque no me daban ninguna opción, así que mejor le pedí que solo me lo llevaran al doctor”, añadió.

La migrante describió la difícil situación que se debe soportar en los centros de detención.
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GUATEMALA NO ES UN PAÍS SEGURO

Aunque los migrantes, que son trasladados bajo el Acuerdo migratorio, pueden solicitar asilo en Guatemala, para Carolina, quedarse en el país no es una opción, porque las condiciones de vida son similares a las que viven en El Salvador.

“Eso no es para mí, (quedarse en Guatemala), la situación es igual y mucho más complicada porque aparte que uno no conoce aquí, no tiene a su familia cerca, en cambio en El Salvador uno tiene gente conocida y de cualquier modo uno sabe que tiene que seguir adelante”, puntualizó la entrevistada.

Según indicó, al llegar de Estados Unidos, volvieron sin dinero ni siquiera para poder volver por sus propios medios a El Salvador, por lo que regresaría a su país, a través del apoyo que ofreció la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

De los 128 centroamericanos que llegaron al país entre el 21 de noviembre del 2019 y el 8 de enero de 2020, según un reporte del Instituto Guatemalteco de Migración, 9 personas solicitaron refugio en Guatemala y 5 abandonaron el proceso, es decir volvieron a su país por sus propios medios o hicieron uso del Acuerdo CA-4, que permite a los ciudadanos originarios de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua movilizarse libremente entre estos países.

“Ellos dicen que las leyes se cumplen, pero ellos son los primeros en romperlas porque nos discriminan, pero así teníamos que aguantar”.

SIN OPCIONES, UN RETORNO “VOLUNTARIO” ES LO QUE QUEDA

Visiblemente afectada, Carolina indicó que ante la deportación, le tocaría regresar al cantón en donde vivía, en La Libertad. Según dijo, allá lo que le esperaba es una deuda, pues su esposo, quien está de manera irregular con su hija mayor en Estados Unidos, desde hace un poco más de un año, prestó el dinero para poder financiar el viaje, con la esperanza de poder reunirse con su familia, reencuentro que nunca ocurrió.

“Allá me esperaba mi esposo y mi hija mayor, pero no pudimos ni verlos. Él había prestado el dinero porque no tiene mucho de estar allá –EE. UU.-, apenas tiene 14 meses y apenas acaba de terminar de pagar el dinero que había prestado para irse. Él quería que mi hija fuera a estudiar allá también, junto con mi otra hija”, manifestó Carolina.

Además de adultos han enviado a familias desde ese país. En Casa del Migrante les brindan atención.
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UN FUTURO INCIERTO

De acuerdo con Carolina, el sueño de su esposo, era que sus hijos pudieran recibir educación en Estados Unidos y crear un futuro mejor para ellos y por ello fue que tomaron el riesgo de viajar todos juntos; sin embargo, no fue posible.

“Lo que él quería era que todos estuviéramos bien y darle una vida mejor a nuestros hijos, pero no se pudo”, dijo.

Para Carolina, las opciones para salir adelante en El Salvador son complicadas, pues con muchas dificultades su hija podría terminar el Bachillerato, sin opción de optar a un nivel académico superior o con facilidades de obtener un trabajo con un salario digno.

“Yo sí quiero que mi hija estudie y que sea una profesional, pero ahora con esto yo no creo que podamos, porque ya no alcanza, por más que uno se esfuerce, no alcanza, porque donde vivimos es un cantón y está lejos incluso para llegar a San Salvador a la Universidad, por más que uno quisiera, ya no se puede”, dijo Carolina, quien no pudo contener las lágrimas al describir la situación que le espera al volver.

Según manifestó, ahora espera llegar y conseguir un cupo en el en centro educativo en donde estudia su hija mayor, para matricularla para pueda terminar el Bachillerato, al igual que los hermanos menores.

Finalmente Carolina, dijo que le pide a Dios que puedan salir adelante y a lo mejor en un futuro, puedan reunirse con su esposo y volver a estar todos juntos.

En una nota publicada por “El Economista”, se indica que según datos de la Dirección de Información y Análisis (DIA) entre enero y noviembre del 2019, fueron deportados 34 mil 386 salvadoreños, mientras que en el mismo periodo, durante el 2018, la cifra 24 mil 656 personas retornadas a El Salvador.

Pese a que en octubre el gobierno del presidente Donald Trump anunció la prórroga hasta el 4 de enero de 2021 y en diciembre un grupo de 50 salvadoreños partieron rumbo a Estados Unidos con visas de trabajo temporales, el Triángulo Norte continúa expulsando migrantes hacia Estados Unidos, como Carolina y su familia, que partieron con el sueño de una vida mejor, y volvieron, como muchos, sin la posibilidad de alcanzar el sueño americano.

“Lo que él quería era que todos estuviéramos bien y darle una vida mejor a nuestros hijos, pero no se pudo”.

Carolina, migrante salvadoreña

ESTO DICE LA LEY

Según las leyes estadounidenses, puede solicitar asilo político cualquier persona que teme, con fundamento, que pueda ser perseguida o ya ha sufrido persecución por razón de raza, nacionalidad, religión, opinión política o por pertenecer a un determinado grupo social.

Sin embargo, a partir del 2019 todos los migrantes que se presentan en la frontera terrestre de Estados Unidos con México y solicitan asilo serán rechazados, excepto en dos excepciones.

De acuerdo a la modificación, se aceptará la petición de asilo de aquellos migrantes que puedan demostrar que pidieron asilo en al menos un tercer país por el que hayan pasado previamente y dicha solicitud fue rechazada.

Por ello, Estados Unidos suscribió el acuerdo “de tercer país” con Guatemala, El Salvador y recientemente con Honduras, con la finalidad que los migrantes que pasen por uno de esos dos países, soliciten asilo en alguno de estos países; sin embargo, dos meses atrás y sin que el Acuerdo migratorio haya sido ratificado por el Congreso de Guatemala, los centroamericanos empezaron a ser enviados al país.

Según Bárbara Pérez, abogada de Migración en Estados Unidos, en el caso de los solicitantes de asilo de centroamericanos, por cada 10 solicitudes se otorgan una o dos. Según Pérez, la mayoría de personas que aplican no cumplen con los requisitos establecidos por las leyes estadounidenses.

“Muchas de las personas que aplican para asilo justifican la solicitud por algún tipo de violencia doméstica o algún tipo de persecución por maras o violencia en general y no tienen oportunidades de trabajo en su país de origen y lamentablemente esos casos no están siendo aprobados por las autoridades”, puntualizó Pérez.