Sembrando odio

El mundo actual está plagado de personas que se dedican a sembrar el odio y estamos viendo el resultado de la constante prédica descalificadora que se convierte en semilla de los hechos violentos que conmueven a la humanidad. Expresiones dichas sin reflexionar mucho, simplemente dando rienda suelta a emociones o atavismos fijados en el subconsciente de alguien, se convierten en paradigmas que marcan la vida de muchos ignorantes que se contaminan con esos odios insensatos.

Lo ocurrido estos días en Estados Unidos, donde un enajenado empezó a enviar artefactos explosivos a personalidades que han sido criticadas por el presidente Donald Trump y otro asesinó a once judíos congregados en una sinagoga para observar el día dedicado a Dios, dejando evidencias de que cometió tal brutalidad convencido de que, como ha dicho Trump, los judíos están atrás de la caravana de migrantes que el Presidente de Estados Unidos ha denunciado no sólo como una conspiración en su contra, sino como una expresión de los peores criminales y terroristas que buscan ingresar a ese país.

Es muy fácil envenenar las mentes de mucha gente con prédicas de odio, y en estos días en Estados Unidos se observa una creciente xenofobia, dirigida específicamente a los inmigrantes de origen latinoamericano, contra quienes hay sentimientos que se pueden definir como de odio luego de la insistente prédica desde la Casa Blanca en el sentido de que se trata de mala gente, de criminales, violadores y asesinos, cuando no narcotraficantes o terroristas. Históricamente ha existido cierto dejo de racismo que marca la gran diferencia con que son tratados inmigrantes europeos, por ejemplo, en comparación con los inmigrantes que ellos llaman hispanos a los que no se les abren fácilmente las puertas ni se les allana el camino para obtener residencia legal.

Mientras los europeos que han emigrado también en busca del mismo sueño americano pueden encontrar mejores trabajos y con cierta facilidad obtienen su residencia legal, al centroamericano se le trata con desprecio, se le explota en muchos trabajos y el camino a esa residencia legal se vuelve extremadamente tortuoso cuando no imposible.

La diferencia está básicamente en el color de la piel, pero no en la aspiración de hacer una vida digna en Estados Unidos y si siempre ha estado allí, ahora se exacerba a la velocidad de los mensajes que el mismo Presidente envía como ametralladora por las redes sociales para descalificar a cualquier inmigrante que provenga de los países situados al sur, quienes son etiquetados, por igual, como mexicanos, término que ya es el genérico para hablar de nuestra gente.