Ruptura del orden democrático y migraciones masivas

Mauro Verzeletti

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El Padre Mauro Verzeletti, CS pertenece a la Congregación de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos. Fue ordenado sacerdote en Brasil en 1993. Estudió Teología, Ciencias Sociales y Políticas. Luego de su ordenación, trabajo como misionero en la frontera entre México y Estados Unidos, para servir y defender los derechos humanos de las personas migrantes. En 1998 fue enviado a la Guatemala para servir en la Pastoral de Movilidad Humana, de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Son veinte años de trabajo pastoral junto a los migrantes y refugiados en la Región Centroamericana. Los Misioneros Scalabrinianos están cumpliendo 25 años de Presencia y Servicio Pastoral. Actualmente, es Director Ejecutivo de la Casa del Migrante de Guatemala, El Salvador y Director Regional de la Red Internacional para las Migraciones Scalabriniana –SIMN- Él es conocido dentro de los medios sociales como la voz de los migrantes por su compromiso y lucha constante en la denuncia de las injusticias.

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Pbro. Mauro Verzeletti, cs
Director de la Casa del Migrante de Guatemala y El Salvador
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Con la internacionalización de la globalización el mundo ha tenido cambios significativos en el campo de la tecnología y comunicaciones, donde aparentemente hemos alcanzado tiempos de relativa tranquilidad en los últimos 30 años de historia de la humanidad, principalmente en países emergentes del posperíodo de dictaduras militares, como América Latina y África. Sin embargo, la utopía que ha emergido a partir de la instauración del régimen democrático, la población ha vivido grandes expectativas en el campo económico y social. La confianza popular en la democracia como camino de desarrollo, tuvo fuerte expresión en el cumplimiento con el rito de las elecciones, no en la consolidación de las políticas públicas de beneficio a las clases excluidas socialmente.

Con el auge del desarrollo político participativo democrático, el proceso ha impactado positivamente en las expectativas de los ciudadanos ansiosos de cambios estructurales, donde podemos afirmar que muchos gobiernos lograron retomar el camino de políticas sociales, promoviendo la participación de la sociedad organizada, no necesariamente a través de la acción partidaria, sino del compromiso activo con el funcionamiento adecuado del sistema democrático, favoreciendo a sectores marginados históricamente de la sociedad.

Practicar la democracia política no significa recordar que ella existe sólo en momentos de crisis o conflictos, se trata de un bien público y de un derecho sagrado ciudadano, de cumplir con las responsabilidades sociales para beneficiar las grandes mayorías sin derechos: significa estar alerta, vigilar las acciones democráticas de los tres poderes del Estado; tener claro cuáles son los derechos y responsabilidades con la democracia, por ejemplo; los ricos tienen que pagar todos los impuestos y exigirles que cumplan con la Constitución de forma ética. El ciudadano elegido en funciones de dirigente político, el poder tiene que tener la marca del servicio hacia todos los ciudadanos sin distinción de clase, y su beneficio personal será el placer que se desprende del cumplimiento de su vocación a la diaconía política.

En contrapartida, los antidemocráticos buscan ambición, el enriquecimiento, la traición a los derechos constitucionales, son corruptos y dados a la impunidad, no están interesados en servir al pueblo para construir la igualdad social. Es necesario insistir, que la ruptura democrática emergente en los últimos años en muchas partes del mundo está siendo provocada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), es una entidad del Gobierno de Estados Unidos, que hoy por hoy, promueve un sistema judicial corrupto con jueces y empresarios ultraderechistas defensores de los intereses del capitalismo golpista, donde consideran que la democracia al servicio del pueblo pobre es desviación de intereses, porque el Estado correcto según el concepto burgués tiene que estar al servicio de las élites, y las medidas sociales de beneficio a los excluidos y marginados son un exceso y un tiradero de dinero en la basura.

Por lo tanto, en la lógica del capitalismo neoliberal inserta en la actividad humana podemos detectar una actitud apática, abandono melancólico o indiferencia suicida de los grandes sueños valientes que han movido la historia de la humanidad. Entonces podemos afirmar y reafirmar que el actual modelo económico es el factor determinante de los actuales flujos migratorios, desplazamientos forzados y refugiados. Sin embargo, en el ámbito de la política de mercado, el ciudadano común está excluido de los procesos democráticos en la toma de decisiones en la construcción del bien común. Cuando el sistema estalla, ahí sí y en el mejor de los casos, vemos que se despierta en algunos el interés por la lucha, así como vemos en otros una caída en la más profunda depresión y aislamiento, donde se ven forzados a huir de los desastres causados por el sistema económico.