Qué sucede señores de EE. UU. después del trueno Jesús María

José Antonio Guardado

[email protected]

Soy José Antonio Guardado Martínez, nací el 17 de enero de 1959, originario de la República de El Salvador, de padres campesinos. Licenciado en Administración de Empresas y Teología Evangélica, interesado en el tema de Migrantes y Refugiados.

post author

Lic. José Antonio Guardado Martínez
[email protected]

Después del trueno Jesús María, diría mi abuela paterna si aún viviera. Hoy me toca a mí repetir ese refrán ante la muerte trágica de nuestro hermano y compatriota Carlos Gregorio “Goyito” Hernández en Estados Unidos de Norteamérica, país que se llenan la boca de ser fieles precursores y respetuosos de los Derechos Humanos y en este caso del joven migrante que buscaba salir adelante de la pobreza generada por los gobiernos de turno en Guatemala de la Asunción, ¿qué pasó? Dónde quedan los derechos de él.

La muerte de todo ser humano en esas condiciones es una pérdida y más para la familia Hernández que a lo mejor había cifrado esperanzas en ese héroe migrante que entregó su vida al creador, pero más por la indiferencia de quienes le custodiaban.

Retomo las palabras o fragmento publicado en LA HORA VOZ DEL MIGRANTE por la periodista Grecia Ortiz: “El video deja en claro que Carlos estaba gravemente angustiado, sin embargo, permaneció en una celda de detención en lugar de un hospital, lo que en este caso fue un error fatal de CBP”.

Entiendo que si la investigación es profunda se debe pedir una explicación de él porque no inmediatamente la paramédico que lo atendió ordenó fuera trasladado a un hospital, sino que solamente prescribió que había que estarlo evaluando cada 30 minutos o media hora.

Qué clase de médico es esa persona para no prescribir o declarar el estado clínico de grave. Es o debe de ser la principal sospechosa y qué órdenes surgieron después de todo el personal que tiene a su cargo la custodia de todo migrante. EE. UU. se llena la boca o sus personeros de ser fieles respetuosos y cumplidores de todos los derechos humanos, pero ante lo sucedido se quedan cortos.

Viene a mi memoria cuando en mi tierra y ante el asesinato de unos norteamericanos en el extinto Hotel El Salvador Sheraton en los 80’s movilizaron todo un pelotón de investigadores y por lo que veo y les aclaro que no es un animal que dejaron morir, se quedan parcos por no haber tomado la iniciativa para esclarecer la muerte de “Goyito” y que el Estado sea condenado, así como los responsables y resarcir los daños causados por esa pérdida irreparable en la familia Hernández. Sería lo más correcto, aunque con eso no se volverá a la vida a Goyito.

Si la denuncia pública no hubiera surgido sería un héroe anónimo que ofrendó su vida buscando nuevos derroteros.

Pregunto: Cuántos migrantes han entregado su vida en iguales o peores situaciones a manos también de norteamericanos, gringos o gabachos como me atrevo a llamarles, pero mi indignación no se queda corta, ingratos deben pagar por esa hermosa vida perdida.

O que quieren que callemos los Migrantes. También le lanzo el reto a este gobierno de turno que ordene a sus diplomáticos poner manos en el asunto y que inmediatamente comparezca representando al compatriota, pero más que todo lograr resarcir el daño y sentar un precedente que es un guatemalteco que dejaron morir vilmente.

Como parte de la comunidad migrante radicada en este país llamado Guatemala de la Asunción estaré tranquilo volver a leer en estas mismas páginas que nuestro acompañamiento valió mucho. Busque justicia Señor Presidente saliente y entrante, porque también Dios emitirá justicia y sentencia y que por ser divina se respeta.