Proceso electoral y migraciones

Mauro Verzeletti

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El Padre Mauro Verzeletti, CS pertenece a la Congregación de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos. Fue ordenado sacerdote en Brasil en 1993. Estudió Teología, Ciencias Sociales y Políticas. Luego de su ordenación, trabajo como misionero en la frontera entre México y Estados Unidos, para servir y defender los derechos humanos de las personas migrantes. En 1998 fue enviado a la Guatemala para servir en la Pastoral de Movilidad Humana, de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Son veinte años de trabajo pastoral junto a los migrantes y refugiados en la Región Centroamericana. Los Misioneros Scalabrinianos están cumpliendo 25 años de Presencia y Servicio Pastoral. Actualmente, es Director Ejecutivo de la Casa del Migrante de Guatemala, El Salvador y Director Regional de la Red Internacional para las Migraciones Scalabriniana –SIMN- Él es conocido dentro de los medios sociales como la voz de los migrantes por su compromiso y lucha constante en la denuncia de las injusticias.

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Por Mauro Verzeletti
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Director de las Casas de Migrante, Guatemala y El Salvador

En el siglo XX, a partir de los años 1960, en América Central y América Latina, la historia fue escrita con la amplia participación popular. Recuerdo de las grandes utopías que movían al pueblo para construir movimientos sociales, estudiantiles y laborales; Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y las grandes movilizaciones populares reivindicando otro mundo posible.

Las posturas proféticas de las Conferencias de Obispos de América Latina, levantando sus voces en el combate a las estructuras injustas, deuda externa, Alianza para el Progreso y la implantación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); la lucha valiente de los sin tierra, sin techo y sin trabajo; por último, partidos políticos que nacieron en defensa de los marginados, todo encaminado hacia una sociedad alternativa, en la conquista y defensa de los derechos y dignidad de la persona humana.

El pueblo luchador y esperanzado a través de la conciencia adquirida en defensa de los derechos humanos, desnudaron la cruda realidad forjada por la dictadura militar, persecución política, tortura y desapariciones forzadas; el empobrecimiento a causa del desempleo y subempleo; la precariedad de los servicios públicos; la concentración de renta en pocas manos generando el violento subdesarrollo, originando grandes cantidades de desplazados, refugiados y migrantes.

Con la visión dinámica y dialéctica de la historia, la lectura crítica de los libros bíblicos, la Palabra de Dios alimentada por la Teología de la Liberación (TdL), donde la utopía de las Bienaventuranzas del Reino, figuraban como horizonte utópico para los cambios estructurales. Todas las luchas siempre iluminadas por la teoría y praxis, que se besaban y abrazaban, hombres y mujeres hermanados en el gran sueño de vivir en paz.

El nuevo siglo ha llegado, sin embargo; hoy, la coyuntura de América Central tanto en lo económico, político y social, revela: desilusión/descrédito hacia los sistemas políticos; clima de apatía y frustración; fragilidad de los movimientos sociales frente al mercado total de la economía liberal globalizada; desencanto con los gobernantes elegidos; desinterés, indiferencia y decepción con los padres de la república; el abismo creciente por la promiscuidad entre los tres poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial…

Ojalá, que el proceso electoral de este año pueda abrir un nuevo espacio para políticos con ética política, comprometidos con la justicia social, para evitar violencia estructural, que causa tanta pobreza y migraciones forzadas. El desafío está en esterilizar debidamente las herramientas oxidadas por gobiernos vendidos a estructuras criminales, al gran capital nacional y transnacional. Es la hora de crear/recrear la democracia popular, sin la injerencia política de la ultraderecha internacional capitalista. Las estructuras políticas cambian con la vivencia ética y con el componente FE-POLÍTICA, sin perder de vista al pueblo como sujeto de transformación.