Mujeres guatemaltecas que hacen y escriben la historia

Por R.Pérez y M. Girón
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En el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora el 8 de marzo, Diario “La Hora” reconoce el aporte de las mujeres guatemaltecas en distintos ámbitos y su lucha por la igualdad y el empoderamiento femenino. En la literatura, el deporte, el hogar, el emprendimiento, el activismo, desde la perspectiva migrante y la política, entre otros, las mujeres aportan diariamente al país desde sus espacios.

Andrea Ixchíu, activista: Ser mujer maya y líder comunitaria es algo que te marca

Originaria de Totonicapán, Andrea Ixchíu, de 29 años es activista maya, gestora cultural y autoridad comunitaria, tiene estudios universitarios en Biología, Ciencias Jurídicas y Cinematografía. Ha colaborado en Proyecto Panal, Festivales Solidarios, Paraíso Desigual y proyectos que impulsan el cine feminista.

Andrea es una guatemalteca que sueña con una Guatemala en la que no exista la desigualdad, el racismo y que las condiciones de vida sean mejores para todos. “Me gustaría un país en el que las instituciones funcionaran para las personas y no para la corrupción, son cosas que uno cree que son imposibles, pero se puede incidir para que los cambios lleguen”.

Desde muy joven formó parte de colectivos culturales relacionados con la literatura y los derechos humanos. También fue parte de programas televisivos y radiales en Totonicapán que le permitieron tener acceso a diversos tipos de información que transmitía a través de medios en su comunidad.

Ixchíu también ha tenido acercamientos con la música, poesía, defensa del ambiente, el feminismo y la generación de conciencia en los jóvenes, “nacer y crecer en Totonicapán también te marca, el estar guiada por la dinámica comunitaria, participar activamente también te hace fortalecer mucho la identidad con tu territorio”, dijo.

De acuerdo con Andrea, una de las experiencias que marcó un antes y un después en su vida fue la masacre de la cumbre de Alaska en 2012, “Yo había leído la historia de Guatemala y sabía sobre la violencia del Estado en contra de las comunidades pero no tenía idea cómo era tener una experiencia de ese tipo”, indicó.

A partir de esa experiencia, Ixchíu junto a su hermana y otros amigos empezó un camino formando colectivos para hacer festivales de cine y cultura alrededor de las demandas sobre violencia en las comunidades que defienden el territorio y actividades para decir lo que quieren para el país. “A raíz de todo esto es que en mi comunidad me reconocen como alguien que desde muy joven ha hecho incidencia, ha gestionado espacios y es como me nombran como autoridad comunitaria en Totonicapán”.

Para Ixchíu, uno de los retos más grandes de ser mujer en Guatemala es sobrevivir a la violencia, “ya ser mujer Guatemala es un reto, pero también lo es tener acceso a una vida digna, por el hecho de nacer mujer en países desiguales, pero también es importante crear redes de solidaridad para crear y promover la igualdad”.

Andrea Villagrán, diputada: Se demanda que seamos perfectas para ganarnos el espacio

Andrea Villagrán, una de las 30 congresistas mujeres en un Congreso de 158 diputados asumió como diputada a los 25 años. Originaria de Zacapa y proveniente de una familia de escasos recursos, cuenta que decidió estudiar Ciencia Política para entender cómo funcionaban las diferentes estructuras del Estado.

Villagrán recuerda como anécdota que cuando dijo que iba a estudiar Ciencia Política hubo un rechazo total de su familia que se preocupaba mucho porque consideraba que política es un tema delicado, tras varios años de guerra en el país.

En la universidad, Villagrán se involucró en movimientos estudiantiles y presidió la Asociación de Estudiantes de Políticas, para luego involucrarse en la vida partidaria tras lo cual ingresó al Congreso, esto tras la salida del diputado Christian Boussinot, por un caso de corrupción.

La diputada considera que en su caso, al haber asumido a los 25 años, ha sido doblemente discriminada en el Organismo Legislativo, por ser joven y ser mujer. Señala que cuando las congresistas se expresan, sus opiniones no son valoradas y respetadas como en el caso de los hombres.

“En mi caso he sido víctima de intimidaciones por mi postura política y porque es molesto que, como dicen ellos, una niña de mi edad, de mi género, sea a veces una piedrita en el zapato, sea incómoda al no seguir sus instrucciones, tener mi propio criterio y no obedecer lo que decían las cabezas de la bancada. Ha sido un obstáculo importante que no te tomen en serio, que traten de minimizar tu postura, que tengas que ser la súper mujer o la superhéroe, tienes que ser perfecta o intachable para que tengas que ganarte el espacio”.

Villagrán considera que la meritocracia es importante, sin embargo hace ver que si un hombre hubiese juramentado el día que ella lo hizo, probablemente no se le hubiera cuestionado, mientras que en su caso, las expectativas fueron más altas.

Por otro lado, Villagrán describe que persiste el machismo en espacios como el Congreso, como acoso por parte de sus colegas diputados. Cuando fue juramentada, recuerda que varios diputados estaban chiflando y haciendo comentarios fuera de lugar.

La oficina del diputado saliente (Boussinot) se la dieron a otra persona, a ella le asignaron una en el sexto nivel, sin elevador y vacía. “Me limitan el acceso a recursos, no tengo acceso a caja chica, al final no estoy acostumbrada a eso, yo lo hago de mis recursos, pero es un derecho al que yo podría tener acceso”, indicó.

A diferencia de otros congresistas, no ha tenido un solo viaje pagado por el Congreso. “Todos han sido por gastos propios, gestiones a través de la cooperación o invitaciones que me han hecho, no he tenido ningún apoyo de parte del Congreso para mis actividades en cuanto a las relaciones exteriores”, comentó.

Finalmente, Villagrán habla de los logros de las mujeres en la política, señalando que esta legislatura tiene el mayor número de diputadas en su historia, 30 en total, de 258 congresistas. Asimismo hace notar que muchas de ellas, como en su caso, ingresaron para reemplazar a diputados curules, lo que demuestra que a las mujeres generalmente se ponen en casillas bajas y que quienes encabezan los listados son hombres.

Otro de los logros ha sido discutir temas como la violación de las niñas, trata de personas y debatir temas como las cuotas de género en la Ley Electoral y de Partidos Políticos, que tampoco se aprobó pero que fue parte de una discusión que se está comenzando. También la aprobación, en otras legislaturas de leyes como la del Femicidio.

Por otro lado también considera que falta mucho, por ejemplo, en la Junta Directiva del Congreso solo hay una mujer que la integra y en la historia, solo dos mujeres han sido presidentas, Catalina Soberanis y Arabella Castro. “Considero que es una tarea que nos queda, la sororidad entre diputadas, saltarnos las bardas ideológicas y políticas y llegar a acuerdos en beneficio de las mujeres guatemaltecas” puntualizó.

Connie de Paiz, empresaria: Creo que las mujeres en Guatemala están despertando

La empresaria Connie de Paiz asumió como presidenta de la Junta Directiva de Agexport, la semana pasada, un hito en la historia de las cámaras empresariales del país ya que es la primera vez que una mujer asume la Presidencia de una Cámara como esa.

De Paiz, quien trabaja en el sector de manufacturas, menciona que el hecho de que por primera vez una mujer ocupe la Presidencia de una cámara empresarial representa una oportunidad para las generaciones venideras de mujeres. “Esto debió haber pasado hace mucho, no deberíamos haber esperado tanto tiempo, pero es una oportunidad para nuestras jóvenes mujeres y para las niñas que vean que todo es posible y que se puede llegar a cualquier lado”, indica.

Sobre el papel de la mujer guatemalteca, considera que hay mujeres maravillosas que han hecho cosas extraordinarias y que no son visibilizadas pero que se debería hacer. “Tal vez los medios nos deberían ayudar a sacar las historias de las mujeres porque yo en estos dos años he conocido gente increíble que ha trabajado por el país y que sigue trabajando por el país ayudando a las mujeres haciendo cosas extraordinarias”, indica.

La empresaria cree que las mujeres en Guatemala están despertando y las jóvenes no tienen el problema que tuvo su generación. “Las jóvenes ya vienen pisando fuerte y haciendo el camino para donde quieran llegar, pero a nuestra generación le ha costado un poquito, tal vez porque cuando éramos pequeñas no nos criaron como nosotros criamos a nuestras hijas, pero hay muchas mujeres ya tomando espacios importantes y ahorita tenemos a tres mujeres de candidatas de presidente, entonces creo que la mujer está tomando su espacio” indicó.

Desde hace 7 años, De Paiz forma parte de Voces Vitales, fue la primera presidenta de la Asociación de Gerentes de Guatemala (AGG) y forma parte de la Junta Directiva de Centrarse. Además ahora forma parte de la mesa del CACIF y es presidenta de Agexport.

Tras ser nombrada Presidenta de la entidad exportadora, señaló que ha tenido una semana muy ajetreada, sin embargo señala que le alegra que las jóvenes y mujeres están viendo algo diferente y pueden ver hacia arriba y decir: ahí puedo llegar también. “Creo que el ejemplo es lo mejor que podamos hacer para que nuestras hijas y las siguientes generaciones lo vean natural y tengamos un país más equitativo”.

Vania Vargas, escritora: Tenemos una gran responsabilidad por mantener los espacios abiertos

Vania Vargas es una escritora quetzalteca que se ha destacado en la literatura en nuestro país. Su primer libro fue “Cuentos infantiles” que publicó en 2010, con Catafixia editorial, el cual describe, no es un libro de cuentos y tampoco un libro para niños, sino un poemario.

Su último libro publicado es “Cuarenta noches” de relatos breves basados en sueños.

“Es un libro de fronteras porque trata de explorar la línea entre la vigilia y el sueño, entre la realidad y la ficción, pero también entre la narrativa y la poesía. Creo que es un libro que viene a insistir en uno de los temas repetitivos de mi escritura: la idea del doble, el reflejo, el otro, ese con el que también nos encontramos cuando dormimos. Fue editado a finales del 2018 por SOPHOS e incluye un sobre con doce postales alusivas a la esencia onírica y oscura del libro, que son autoría de Alba Marina Escalón”, explica.

Vargas cuenta que su deseo de escribir nació de la lectura y del contacto con los libros. “Uno se llena, durante el silencio de la lectura, de palabras, de historias, de imágenes, de ideas, y siente que debe responder, que también ha visto cosas maravillosas, que también tiene cosas que decir y cosas que contar. Y digo “en principio”, porque luego te das cuenta que también es una respuesta al entorno en que se vive, a lo que se siente todos los días, a lo que se escucha, a todos esos estímulos que recibís cotidianamente por medio de los sentidos. Lo que pasa es que nos han enseñado que las respuestas no pedidas son insolencia, nos han enseñado solo a recibir información y repetir, la escritura es una especie de rebeldía contra el silencio para el que nos han adoctrinado en la escuela, en la familia y en la Iglesia”.

La escritora habló sobre algunos de los obstáculos que ha encontrado en su carrera. Cuando recién vino a la capital y decía que escribía, “los escritores asumían que lo que escribía era poesía, y poesía erótica, “porque las mujeres solo escriben poesía”, cuando yo venía del periodismo y lo que escribía era narrativa”.

También en otra oportunidad se enteró de que en una invitación para leer en un prestigioso centro comercial de la ciudad donde habían ofrecido pagarle, habían ofrecido pagarle menos que al escritor que iba a leer una semana antes que ella.

“Claro que leer en un centro comercial no me cuadraba de entrada, y que me pagaran menos sin razón válida aparente, me cuadraba menos Cosas pequeñas que no pasan de encabronarte, nada que no se pueda superar”, indica.

Por otro lado, considera que la ruta para hacerse un nombre como escritora, ya sea en la literatura o en cualquier otro campo, es larga y requiere mucho trabajo y persistencia. “Lo bueno es que ya muchas escritoras que caminaron los mismos rumbos antes que nosotras, nos fueron abriendo el camino y ya solo nos corresponde seguir trabajando con fe. Tenemos una ventaja con respecto al pasado, y tenemos una gran responsabilidad por mantener los espacios abiertos para las que vienen en el futuro”, señaló.

Astrid Rosales, bloguera y ama de casa: Necesitaba encontrar mujeres que se identificaran conmigo

Para las mujeres guatemaltecas, ser madre y trabajadora se convierte en un desafío al alternar dichos roles. Astrid Rosales, una joven madre de 32 años, sintió la necesidad crear un espacio en donde madres trabajadoras y amas de casa encuentren consejos sobre maternidad y respuestas a las dudas que muchas veces les aquejan sobre situaciones cotidianas en la crianza de los niños.

“Yo quise hacer este grupo de una forma distinta, para ayudarnos, porque somos mujeres con personalidades diferentes, mi hijo nació 10 años después de mi hija y toda mi familia vive en Estados Unidos, yo no recordaba nada de cómo ser mamá de un bebé, todo era nuevo. En ese entonces trabajaba y necesitaba encontrar mujeres que se identificaran conmigo y pudiéramos juntas resolver nuestras inquietudes”, dijo.

Así surgió la idea de crear en 2014 el “Club de Mamis y Peques”, una comunidad en la red social Facebook que actualmente cuenta con más de 7 mil madres guatemaltecas. En dicho grupo, Astrid y un equipo de voluntarias, entre las que se encuentran madres primerizas, amas de casa y trabajadoras, de todas las edades comparten sus experiencias cotidianas.

A nivel personal, Astrid ha encontrado a través del Club la forma de ayudar a otras mujeres y aunque no recibe un salario, aportar y colaborar para que las madres puedan emprender y encontrar apoyo en la comunidad la motivan y se ha convertido en parte de su vida por casi 5 años.

Durante el día, Astrid apoya a su esposo atendiendo el teléfono del negocio familiar y se encarga del cuidado de sus hijos, a quienes ha inculcado el trabajo en equipo tanto en las tareas del hogar como en todas las actividades que realizan en familia.

Para Astrid, ser mujer en Guatemala es sinónimo de empoderamiento, de independencia y éxito, las mujeres ahora tenemos espacios en donde poder expresarnos y eso nos ha dado una voz en una sociedad que no estaba acostumbrada a escuchar las necesidades de las mujeres sin importar si son amas de casa, empresarias, estudiantes, madres o trabajadoras.

Mirna Ortíz, marchista: A las mujeres de mi país les digo que sueñen y que trabajen por sus sueños

Dentro de las áreas en las que las mujeres guatemaltecas han logrado desempeñar un papel importante está el deporte. La marchista Mirna Ortiz ha representado a Guatemala en los Juegos Panamericanos de Guadalajara en México donde resultó ganadora al igual que en los Juegos de Lima, Perú.

“Para mí, representar a mi país es y siempre será un honor y orgullo, aunque dejar a mi familia por periodos de tiempo prolongado durante las competencias ha sido un reto muy difícil” señala.

Para Mirna, en Guatemala sí se puede crecer como mujer deportista trabajando duro, “creo que si trabajas con una mentalidad abierta la igualdad se da en esta disciplina deportiva. Ahora hay más igualdad, pero es de trabajar día a día y enseñarle a nuestros hijos que todos somos iguales y que valemos lo mismo ante Dios”, destacó.

Para ella, su mayor inspiración son sus padres, sus hermanos y su equipo de trabajo, además destacó que quienes la motivan son sus hijos y su esposo, el también marchista Erick Barrondo.

Sus próximas competiciones serán en México en el mes de abril en la Copa Panamericana y el Campeonato mundial en Qatar en octubre. Para conocer más sobre el trabajo y triunfos de Mirna Ortíz, puede visitar sus redes sociales en Facebook: https://www.facebook.com/mirnaortizmarcha/ y en Twitter @mirnaortiz87.

Betsy Castellanos, migrante: contribuir con su país es su mejor motivación  

 

Besty Castellanos Soto es una guatemalteca que reside en Estados Unidos donde reside desde hace 14 años, su amor por Guatemala la ha llevado a liderar campañas para traer ayuda humanitaria al país.   Para Betsy, el aporte de la mujer migrante a la sociedad guatemalteca es luchar hombro a hombro por su familia y sensibilizar a la sociedad sobre el papel que juegan los migrantes para el país.

 

Dentro de los mayores retos que ha enfrentado al dejar a su país están llegar a un país con un idioma diferente y una cultura distinta, pues a criterio de Castellanos existen varios desafíos a enfrentar como aprender inglés: “no importa si trabajas cuidando niños o en empresas grandes, el desafío más difícil, aparte de dejar a mi familia fue el idioma. Una vez aprendes inglés puedes desempeñarte en diferentes empleos, tanto en trabajos sencillos como  en empresas formales”, puntualizó.

 

La connacional relató que por muchos años ha colaborado con nuevos migrantes que llegan a Estados Unidos en busca del sueño americano, pues conoce las necesidades que atraviesan para  llegar al país del norte.  Para Betsy, ser mujer es un reto, pero el amor por Guatemala y la responsabilidad de contribuir con su país de origen es su mejor motivación para continuar trabajando.