Mirna Funes y la dedicación de una enfermera con sus pacientes

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Así como varios connacionales, Mirna Funes, originaria de Guatemala emprendió su viaje en 1990 en busca de oportunidades y cumplir sus altas aspiraciones de vida. Junto a su hija de 5 años partió hacia tierras norteamericanas para aprender en un principio a conducir un automóvil y aprender inglés, aunque la mira estaba puesta todavía más alto, en la oportunidad de convertirse en enfermera profesional.

Mirna Funes cuando vivía en Guatemala tuvo la posibilidad de trabajar como enfermera en el Instituto de Cancerología y Hospital “Dr. Bernardo del Valle S” (INCAN). Y a pesar de que ya ejercía su profesión soñada desde niña, Estados Unidos ofrecía para ella un panorama con mejores oportunidades de desarrollo según comentó.

El viaje irregular fue emprendido en 1990. Mirna y su hija de 5 años partieron hacia Norteamérica; “gracias a Dios, todo muy bien, no hubo contratiempos en el camino”, indicó. Ya en Estados Unidos se propuso los primeros dos pasos: aprender a conducir y dominar el idioma inglés.

MIRNA: “¿SERÁ QUE ALGÚN DÍA VOY A PODER?”

La meta estaba fijada, iniciar el camino para completarla sería el reto. “Llegué aquí y mis dos sueños primarios eran: aprender inglés y aprender a manejar”, dijo, “era terrible cuando empecé a manejar porque siempre me daba muchos cabezazos y yo decía: ‘Ay, ¿será que algún día voy a aprender a manejar?’ y sí, con mucha dedicación”, explicó Funes.

Luego de aprender a conducir finalmente podría iniciar sus conocimientos en un segundo idioma. Esta habilidad era esencial para completar su sueño dorado: convertirse en enfermera. De hecho, para Mirna la parte fácil de sus estudios en enfermería fue la práctica, misma que traía desde su experiencia en Guatemala. “Lo difícil para mí fue la teoría por el inglés”, dijo la ahora profesional.

Ella relató que su primer trabajo en Estados Unidos fue como ayudante de una vecina, una mujer mayor que necesitaba ayuda para cocinar, limpiar, entre otras cosas. “Yo dije, ah bueno, puedo hacer eso, ¡pero es que no le entendía! y le decía a mi hija ‘¿qué dice ella?’ y ahí vi la necesidad de aprender inglés”, comentó.

Empezó sus clases en una escuela, que contaba con una guardería donde dejaba a sus hijos -tuvo dos más en EE.UU. “Iba todos los días de 5:00 a 8:30 o 9:00 de la noche”, comentó.

SER ENFERMERA CONLLEVARÍA UN SACRIFICIO

“Me encanta mi profesión, esa era mi vocación y me recuerdo que cuando estaba pequeña yo soñaba con ser enfermera y miraba a los enfermeros y decía yo: ‘Ay, ¡qué bonito como le hacen! Con su bata blanca’ y me gustaba mucho”, dijo Mirna con ilusión. Tal como recordó vívidamente este deseo de ser enfermera ella también tenía presente con detalle los sacrificios que debió enfrentar para alcanzar el logro.

Ya conociendo el idioma pudo empezar sus estudios, ella contó que para entrar a la escuela de enfermería debía pasar un examen privado. Y aunque dudó por un momento si lo lograría, ella se dijo a sí misma “bueno, si los demás pueden, yo puedo”. Realmente Mirna se graduó de administradora de empresas, pero este no era el rumbo que deseaba seguir por el resto de su vida. “Empecé a estudiar de asistente médico, me gradué de administración de empresas, pero no era lo que me llenaba”, agregó.

Se preparó para ingresar a la escuela de enfermería y lo logró. Ya adentro se percató que el reto era complejo. “Las primeras dos semanas dije yo que no iba a poder”, pensó y hasta recordó que una vez para poder estudiar toda la noche bebió cuatro bebidas energizantes; “Dios mío, cómo no me pasó algo porque no podía dormir porque teníamos el examen. ¡Ah! —Suspiró— sí pasé ese examen”.

Además, detalló que a veces dormía muy pocas horas, incluso tuvo que sacrificar el tiempo con sus hijos. “Creo que valió la pena, fue un buen ejemplo para ellos y ahorita tengo mi recompensa porque tengo mucho que dar para mis pacientes; recibo mucho de ellos y todo ha sido muy bonito”, aseguró.

SER ENFERMERA, UNA PROFESIÓN EMOCIONAL

Cuando se graduó como profesional se dedicó a buscar un empleo; el primero fue en un hospital, pero ella deseaba estar en movimiento y trasladarse a distintos ambientes. “Empecé a trabajar en un hospital, pero no me gustaba mucho la monotonía, estar encerrada y todo y vi la oportunidad de atender pacientes en las casas entonces yo llego a las casas, voy a sacar sangre, poner zondas, curar heridas, pacientes que han sido amputados de sus piernas, a checar signos vitales, pacientes que salen del hospital y necesitan ayuda”, contó.

Desde ese entonces ella se dedica a atender pacientes “a domicilio”. “Tengo mucha, mucha satisfacción de mi trabajo. “¡Lo disfruto mucho!”, exclamó. Ella reconoce que ha sido afortunada, en su vida como ciudadana estadounidense conoció a muchas personas; indicó que incluso ha atendido a personas famosas, pero por respeto a su privacidad no dio nombres.

Mirna guarda en su memoria a muchos pacientes que con el tiempo trascendieron a amistades. “Tengo muchos pacientes que recuerdo con cariño”, dijo, “recuerdo a una paciente que falleció de 100 años, Juana ¡ah! Era un amor”, destacó.

Asimismo, narró que a veces cuando conoce a un paciente no se sabe cómo reaccionarán, pero casi siempre logra establecer una buena relación. “A veces cuando llego con pacientes por primera vez, yo digo cómo va a ser porque hay unos que son medio enojaditos —entre risas—. Pero hay que entender que algunos están solos, necesitan una mano amiga, más allá de una enfermera, alguien que los escuche porque quizá tienen familia, pero la familia trabaja, no los pueden visitar, entonces eso es lo que necesitan”, indicó la enfermera.

“A mí me gusta platicar mucho y por eso a veces me los gano, aunque al principio estén enojaditos o estresados pero luego la pasamos bien y me da mucha satisfacción”, agregó la guatemalteca. Entre sus conversaciones también ha descubierto que atiende a connacionales. “Una parte muy bonita es que a veces comparte con la familia de los pacientes. Ay yo tengo tantas amistades, soy tan bendecida porque me quedo tan amiga de la familia, tengo fotos con ella”, resaltó.

Y aunque a veces la tristeza es parte del oficio, no se arrepiente de su posición. “Con mucha tristeza también de a veces ver que unos fallecen. Verlos fallecer no es fácil, pero creo que Dios nos da la fuerza para todo”. Mirna quiso remarcar que la vida está llena de oportunidades, solo hay que encontrarlas y aprovecharlas. “Y sí, la verdad hay muchas oportunidades… muchísimas oportunidades; es solo de saberlas aprovechar y querer hacerlo”, indicó.