Los pies sagrados de los migrantes y refugiados

Pbro. Mauro Verzeletti, C.S.
Director de la Casa del Migrante de Guatemala y El Salvador
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“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”, dice Joan Manuel Serrat. Los pies sagrados hacen nuevos caminos, porque en cada huella queda sellada la denuncia a un sistema de mercado indiferente e idólatra. Con los pies los migrantes y refugiados estampan las huellas de un nuevo día, que son sueños. ¿De qué hablan los pies de los millones de refugiados, desplazados y migrantes que están cuestionando la historia injusta de un mundo globalizado? ¿Por qué cruzan fronteras, desafiando gobiernos, democracias y poderes económicos?

En cada paso está la verdadera sabiduría encarnada en la utopía que los migrantes estampan con los pies en las veredas y fronteras. Quien camina no da marchan atrás, porque el futuro está en el horizonte. Saben discernir lo que cargan en la maleta, llevan lo esencial, lo necesario y abandonan todo lo superfluo. Con los pies los migrantes atraviesan montañas, desiertos y encrucijadas, jamás se dejan vencer por las dificultades y adversidades del camino.

Los migrantes en cada pisada aprenden nuevas lecciones, a pesar de los golpes y malos tratos que reciben, no desmayan. ¿De qué nos hablan los migrantes? Nadie es tristeza todo el tiempo y nadie es fracaso todo el tiempo. Todos formamos mezclas de ambigüedades positivas y negativas. Ahí nace la necesidad del encuentro, de la mano amiga y solidaria. En los muros de las fronteras los sueños se unen, se complementan, se abrazan y se enriquecen.

En el Capítulo 25 del Evangelio de Mateo, Jesús profetiza sobre el Reino de Dios, llama de malditos aquellos que promueven el mal, porque no cumplen con el mandamiento del amor ¿cuándo te vimos de migrante, hambriento,  sediento o  desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?  Las bienaventuranzas son vivenciadas por aquellos que promueven la “cultura del encuentro, comunión y hospitalidad”, como dice el Papa Francisco: alimentar al hambriento, acoger al peregrino, ayudar al enfermo, etc. Lo contrario, la condenación, es vivida por aquellos que se cierran en el egoísmo, estén estos dentro o fuera de las Iglesias. En el Reino de Dios no hay lugar para el egoísmo, la intolerancia, el racismo y la xenofobia, etc.

Los migrantes son sujetos históricos que humanizan la historia de la humanidad, a lo largo y ancho del planeta, sembrando la utopía de que “otro mundo es posible”. Son pies sagrados que luchan y superan las barreras impuestas por gobiernos opresores, porque en el diario caminar revelan el verdadero significado de la utopía del Reino de Jesús.