Las democracias incipientes tienen que ser alimentadas, pero en Guatemala es abusada

Oscar Clemente Marroquín Hormaeche

Oscar Clemente Marroquín Hormaeche, ciudadano americano de ancestro guatemalteco, estudiante de la Universidad de Pittsburgh.

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Oscar C. Marroquín Hormaeche

Guatemala es una hermosa nación; su gente, su paisaje, su cultura, todo eso me enorgullece de ser hijo de dos inmigrantes guatemaltecos que han hecho de los Estados Unidos su hogar permanente. Yo mismo considero a Guatemala como un segundo hogar; vengo con entusiasmo cada vez para reconectarme con la familia, los amigos y los lugares que construyeron los mejores recuerdos que tengo de mi infancia. Esos recuerdos fueron mucho más simples, ya que cuando uno es niño no sabe nada más que lo que tiene frente a los ojos. Por lo tanto, en esos momentos, mis visitas a esa hermosa tierra fueron menos complicadas, más bien fueron puro motivo de alegría. Podía estar completamente inmerso en las emociones que significaron ver tanta gente que amo y una nación donde, en ese momento, esperaba vivir algún día.

Esta vez, sin embargo, fue un poco diferente. Estoy de vuelta en los Estados Unidos y, mientras me acomodo en mi escritorio, casi siento una sensación de desesperación. El periódico en el que trabajé este verano, La Hora, es el periódico que se ha mantenido a través de generaciones de mi familia y que alguna vez sirvió como un patio de recreo para mi hermana y para mí. Contrariamente al momento de mi vida cuando el edificio proporcionó diversión y muchas risas, ahora, como lugar de trabajo, proporcionó la cruda realidad de que este país que me importa mucho, está yendo en la dirección equivocada.

Esta nación debería mejorar, y aunque algunos lo buscan, la verdad es que hay gente demasiado feliz de continuar su opresión sobre gran parte del resto de la sociedad. Para hacerlo, perpetúan la corrupción rampante y rechazan cualquier idea de instituciones anticorrupción. Justo en el último tiempo, la CICIG, una comisión respaldada por la ONU contra la corrupción y la impunidad, trabajaba con gran éxito antes de que se detuviera abruptamente. Si uno entiende algunos de los objetivos que la CICIG comenzó a perseguir, es posible que pueda entenderse por qué al final todo salió todo mal… tal vez. ¿Por qué no comenzar enviando a los criminales a la cárcel? ¡Seguro! Entonces, ¿qué hay de enviar a políticos corruptos a la cárcel? ¡Absolutamente! Después de hacer todo ese trabajo, ¿por qué no analizar a poderosos particulares? Después de todo, de ahí provienen millones de dólares “posiblemente” antes de llegar a los funcionarios corruptos. ¡Imposible! La CICIG inmediatamente se convirtió en comunista por tratar de ver quién era el centro de tanta corrupción, porque implicaba investigar a poderoso personajes.

Este problema es un microcosmos de todo lo que está mal en Guatemala y por qué se necesita una revisión radical para que el país pueda avanzar en la dirección correcta. Puede que esto no sea una sorpresa, pero, al igual que en cualquier otro rincón del mundo, el problema no es falta de dinero. La CICIG hizo un gran trabajo al comenzar el proceso de librar a Guatemala de la corrupción. Pero fue solo eso, el comienzo. A menos que el país esté verdaderamente dispuesto a ser transparente, y eso incluye a sus ciudadanos, habrá muchos fracasos en las próximas décadas, al igual que con la CICIG. Un grupito controla mucho en este país y está feliz de mantenerlo como está. Financiar la educación correctamente, expandir proyectos de infraestructura, reducir las desigualdades sociales; estos son todos los esfuerzos que cualquiera debería aplaudir y estos son los mismos esfuerzos que cualquier ciudadano en una democracia debe esperar que sus funcionarios promuevan. Pero en un país como Guatemala, presionar por este tipo de objetivos, mientras el gobierno siga en su estado actual, nunca funcionará. En este momento, simplemente, unos se vuelven más ricos, los pobres se empobrecen más y en algún lugar en el medio los políticos reciben sobornos y luego se ríen gracias a la impunidad.

Puedo decir, con total confianza, que es un grupo de personas que no son ignorantes, conocen el gobierno que dirige su país y saben que están estancados y no hay salida a la vista. Pero desafortunadamente, son muchos los que ponen dinero, apoyan y protegen a los funcionarios que son corruptos y sirven a sus intereses. Junte eso con otros temas, como la explotación de Guatemala por parte de estados extranjeros que uno esperaría que ayuden a apuntalar el desarrollo y tendrá la receta para una espiral descendente interminable. Tomé la imagen prístina de la democracia que es Estados Unidos, donde se vio la corrupción, la falta de una democracia funcional, las cuestiones económicas que enfrenta el país y utilizo estas cosas como palanca para un acuerdo. Con estas cosas sucediendo, ¿dónde está la salida? En cuanto a la gente, aunque muchos se oponen al gobierno, casi parece que ha llegado a un punto en el que saben que lo que sea que hagan hará una pequeña diferencia o ninguna diferencia. Por eso debe ser un esfuerzo comunitario. Los ciudadanos harán su parte, pero ¿lo hará la élite del país? ¿El Gobierno? ¿La comunidad internacional?

Todavía puedo decir que la emoción surge con cada viaje que hago a Guatemala. Pero las razones de la emoción están disminuyendo. Mi familia y amigos siempre serán importantes para mí y me brindarán una inmensa alegría cada vez que los vea. Pero el país que una vez admiré y donde esperé vivir ya no ofrece la misma sensación que una vez tuvo. La gente sigue siendo tan amable y humilde, el paisaje sigue siendo tan impresionante como siempre, y la cultura sigue siendo inmensamente colorida y hermosa de experimentar. Sin embargo, la élite política y económica que reina sobre este país y sobre los otros estados que influyen tanto en este país, están matando las posibilidades de por si maltrechas de Guatemala de ser una democracia próspera y funcional. Un país del que su gente puede mostrarse al mundo y estar orgullosa, uno del que puedo estar orgulloso. Por lo tanto, este es un llamado a todos los ciudadanos: exija más de sus funcionarios electos, oblíguelos a llegar a nuevos niveles, haga que valoren el proceso político, la transparencia y su papel como representantes del pueblo. Para aquellos en cargos electos, den a su posición el respeto que se merece, sirva a sus electores y su país, no a sus intereses personales. Finalmente, para el hombre que ocupará el cargo más poderoso de la nación que continúa descendiendo en espiral, el doctor Giammattei. Independientemente de su pasado que plantea muchos signos de interrogación, esta es una nueva hoja en su vida y está en blanco. “Tiene una oportunidad para cambiar la trayectoria de este país para siempre”.

¿Creo yo que usará esta oportunidad para mejorar el país? No. Ni por un segundo. Pero no soy lo suficientemente ingenuo como para descartar el hecho de que esta es una oportunidad. Por lo tanto, los guatemaltecos y la comunidad internacional por igual deben implorarle que la aproveche y la use correctamente. Para impulsar a esta nación y su gente a una nueva era en la que la corrupción sea inaceptable, donde se espera transparencia y verdad, y el respeto se convierta en una palabra que cualquiera puede asociar con la nación de Guatemala.


Growing Democracies need to be nurtured, but in Guatemala theirs is abused

Oscar C. Marroquín Hormaeche

Guatemala is a beautiful nation; its people, its scenery, its culture, they all make me proud to be the son of two Guatemalan immigrants who have made the United States their permanent home. I myself consider Guatemala a second home, I come with excitement each and every time to reconnect with family, friends and the places which constructed the fondest memories I retain from my childhood. Those memories were a much simpler time, as a child you know nothing other than what is right in front of you. Thus, in those moments, my visits to that beautiful land were less complicated, rather they were purely joyous. I could be completely immersed in the emotions which accompanied seeing so many people I love and a nation, which at the time, I hoped to live in one day.

This time, however, was a bit different. I’m back in the United States, and as I sit at my desk, I almost feel a sense of despair. The Newspaper I worked at this summer, La Hora, is the very newspaper which has been passed down through the generations of my family and once upon a time served as a playground for my sister and I. Contrary to the time in my life where this building provided fun and many laughs, it now, as a work place, provided the harsh reality that this country which I care for dearly is going in the wrong direction.

This nation ought to strive for better, and while some do, the truth is that the elite are far too happy to continue their oppression over much of the rest of society. To do so they perpetuate rampant corruption and push back against any idea of anti corruption institutions. Just in the last year, CICIG, a UN backed commission against corruption and impunity was passing with flying colors before it was abruptly brought to a halt. If you look at some of the objectives CICIG began to pursue, you may be able to see where it all went wrong…maybe. Why not start by rightfully sending criminals to jail? Definitely! Then how about sending corrupt politicians to jail? Absolutely! After doing all that work, why not look into the private sector? After all, that is where millions of dollars “possibly” come from before making their way to corrupt officials. No chance. CICIG immediately became labelled as communist for attempting to see who was a at the core of so much of the corruption, because it involved looking into the private sector.

This issue is a microcosm of everything that is wrong with Guatemala and why it takes a radical overhaul to get the country trending in the correct direction. This may not come as surprise but, just like every other corner of the world, money talks. CICIG did a great job in beginning the process of ridding Guatemala of Corruption. But it was just that, the beginning. Unless the country is truly willing to be transparent, and that includes its citizens, there will be many examples over the next decades just like CICIG. The very top controls so much in this country and they are happy to keep it as is. Funding education correctly, expanding infrastructure projects, reducing social inequalities; these are all efforts that anyone should applaud and these are the very efforts that any citizen in a democracy should expect their officials to push for. But in a country like Guatemala pushing for these sorts of goals, while the government is in its current state, will never work. Right now, simply put: the rich get richer, the poor get poorer and somewhere in the middle the politicians get a cut themselves and then steer clear of law enforcement.

I can say, with complete confidence, that this is a people who are not ignorant, they are aware of the government which runs their country but they’re stuck and there’s no way out in sight. Unfortunately, enough of the upper class funds, supports and protects the officials who are corrupt and serve their interests. Couple that with other issues such as the exploitation of Guatemala by foreign states who you hope would help prop up Guatemala and you have the recipe for a never ending downwards spiral. Take the pristine image of democracy that is the United States, who saw the corruption, the lack of a functioning democracy, the economic issues facing the country and used these things as leverage for a deal. With these things happening where is the way out? As for the people, although so many oppose the government, it almost seems like it’s reached a point where they know whatever they may do it will make slim to no difference. This is why it must be a communal effort. The citizens will do their part, but will the country’s elite? The Government? The international Community?

I can still say that excitement arises with every trip I make to Guatemala. But the reasons for excitement are dwindling. My family and friends will always be important to me, and will bring me immense joy each time I see them. But the country I once admired and hoped to live in no longer provides that same feeling it once did. The people are still so kind and humble, the scenery is still as breathtaking as ever, and the culture is still immensely colorful and beautiful to experience. However, the political and economic elite who reign over this country and the other states which exploit this country are killing Guatemala’s ultra-slim chances of ever being a prosperous and functioning democracy. One that its people can advertise to the world and be proud of, one that I can be proud of. So this is a call to all citizens: expect more of your elected officials, push them to new levels, make them value the political process, transparency and their role as representatives of the people. To those in elected office, treat your position with the respect it deserves, serve your constituents and your country, not your personal interests. Finally to the man who will hold the most powerful office in the nation which continues to spiral downwards, Dr. Giammattei. Irrespective of your past which raises many question marks, this is a fresh slate. A chance, to change the trajectory of this country forever. Do I believe that he will use this chance for the betterment of this country? No. Not for a second. But I am not naive enough to dismiss the fact that this is a chance. Thus, Guatemalans and the International community alike must implore him to take this opportunity and use it correctly. To propel this nation and its people to a new era where corruption is unacceptable, transparency and truth are expected and respect is a word anyone can associate with the nation of Guatemala.