La hermandad y la paz, entre migrantes y refugiados

Mauro Verzeletti

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El Padre Mauro Verzeletti, CS pertenece a la Congregación de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos. Fue ordenado sacerdote en Brasil en 1993. Estudió Teología, Ciencias Sociales y Políticas. Luego de su ordenación, trabajo como misionero en la frontera entre México y Estados Unidos, para servir y defender los derechos humanos de las personas migrantes. En 1998 fue enviado a la Guatemala para servir en la Pastoral de Movilidad Humana, de la Conferencia Episcopal de Guatemala. Son veinte años de trabajo pastoral junto a los migrantes y refugiados en la Región Centroamericana. Los Misioneros Scalabrinianos están cumpliendo 25 años de Presencia y Servicio Pastoral. Actualmente, es Director Ejecutivo de la Casa del Migrante de Guatemala, El Salvador y Director Regional de la Red Internacional para las Migraciones Scalabriniana –SIMN- Él es conocido dentro de los medios sociales como la voz de los migrantes por su compromiso y lucha constante en la denuncia de las injusticias.

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Pbro. Mauro Verzeletti, cs
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Director de las Casas de Migrante, Guatemala y El Salvador

La Casa del Migrante de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos, estamos celebrando el XXV Festival de la Hermandad y la Paz en el Día del Migrante, domingo 29 de septiembre. El PAPA FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2019, eligió el tema: “No se trata sólo de migrantes”. Por esta razón, la presencia de los migrantes y de los refugiados, como en general de las personas vulnerables, representa hoy en día una invitación a recuperar algunas dimensiones esenciales de nuestra existencia cristiana y de nuestra humanidad, que corren el riesgo de adormecerse con un estilo de vida lleno de comodidades. Razón por la cual, “no se trata sólo de migrantes” significa que, al mostrar interés por ellos, nos interesamos también por nosotros, por todos; que, cuidando de ellos, todos crecemos; que, escuchándolos, también damos voz a esa parte de nosotros que quizás mantenemos escondida porque hoy no está bien vista.

En los 25 años de celebración, presencia, lucha y trabajo pastoral, hemos compartido sueños, alegrías y tristezas con migrantes de tránsito, deportados, desplazados víctimas de violencia, solicitantes refugiados, provenientes de todo el Continente Americano y extracontinentales; se ha promovido la integración cultural desde la diversidad desde la perspectiva de los derechos humanos, para reconstruir el tejido social roto por tener que abandonar su propio país de forma forzada, por la pobreza, extrema pobreza y violencia.

A través del trabajo humanitario somos testigos de las injusticias que golpean a los peregrinos de la esperanza que buscan seguridad y vida digna, porque para los sueños no hay fronteras y muros. Infelizmente, las políticas migratorias están negando la dimensión humanitaria de la “acogida, protección, integración e inserción”, como lo afirma el Papa Francisco, principalmente para las personas en caravanas que rompen fronteras. Los Estados deben de cumplir con sus obligaciones en materia de derechos humanos sin importar la condición migratoria, en conformidad con las leyes nacionales e internacionales, sin criminalizar el derecho a migrar a través de medidas políticas de odio y racistas.

Infelizmente, las acciones de odio impulsadas por los gobiernos que conforman la Conferencia Regional sobre Migraciones (CRM), son extremadamente preocupantes y tienen el potencial de socavar el derecho superior de las niñas, niños y adolescentes, separándoles de sus padres y exponiéndolos en situación de alta vulnerabilidad y torturándolos psicológicamente por toda la vida.

Tenemos que cuestionar la eficacia de las migratorias inhumanas, los muros y militarización de las fronteras, ya que seguramente las redes del narcotráfico y crimen organizado, cobrarán altos costos para que los migrantes realicen sus sueños, negocio lucrativo sin escrúpulos.

Infelizmente, muchos de los Estados con sus medidas restrictivas fomentan negocios ilícitos y violaciones a los derechos humanos, eso ocurre por las políticas antiinmigrantes y discriminatorias.