Jorge, cuatro veces migró, perdió una pierna, pero triunfó como chef

Foto La Hora/Margarita Girón

Muchos guatemaltecos han encontrado diversidad de obstáculos para migrar y triunfar en Estados Unidos y Jorge Mario Morales, originario de Malacatán San Marcos, se ha convertido en ejemplo de lucha, perseverancia y actitud positiva ante las adversidades. Tres veces migró, en la última oportunidad estuvo a punto de morir, retornó y a pesar del difícil camino recorrido, lucha de nuevo por destacar.

En una entrevista para La Hora Voz del Migrante, Jorge Mario Morales, relató su experiencia y metas luego de 3 años de haber experimentado posiblemente el mayor reto hasta ahora al intentar llegar por cuarta vez a suelo estadounidense.

Por Margarita Girón
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La primera vez que migró, Jorge o George como le llaman sus amigos, tenía apenas 11 años. Era el menor de 6 hermanos y decidió viajar a México para trabajar en el corte de café. Con el dinero que ganó ayudó a su mamá, quien además de ser su mayor motivación, sembró en el entrevistado, el amor por lo que más adelante le daría grandes satisfacciones.

“A pesar de mi corta edad tuve esa oportunidad porque acá en Guatemala era muy difícil todo, no pude seguir estudiando y yo consideré que esa era mi primera oportunidad de ganar dinero para ayudar a mi familia y gracias a Dios me fue muy bien”, dijo Morales.

Aunque no pudo continuar con sus estudios, con 5to grado de Primaria y tras varios años de viajar constantemente a México y prestar servicio militar en Guatemala, Jorge decidió viajar a la Ciudad Capital y allí se estableció, logró formar una familia, trabajó en una vidriería que le permitió escalar hasta tener personal a su cargo. Lamentablemente un cambio en su vida personal lo hizo empezar de cero y la idea de migrar a Estados Unidos se volvió una realidad.

“Al volver a San Marcos surgió la oportunidad de viajar a Estados Unidos y una de las ventajas que mi familia veía era que yo ya había vivido en México y sabía mucho de la cultura mexicana”, destacó el entrevistado.

Al haber viajado varias veces durante su niñez y adolescencia, Jorge ya conocía las rutas de los migrantes, por lo que la travesía por México no fue un problema, pues tuvo la oportunidad de vivir en Monterrey, Sinaloa, Guerrero y Guanajuato.

Jorge tomó el reto y decidió emprender el primer viaje en 2009, en busca de nuevas experiencias y una nueva vida que le diera la oportunidad de cumplir sus sueños. Aunque su meta era trabajar en algo relacionado con vidrio, al llegar a Virginia el panorama no parecía ser el que Jorge esperaba.

“Las empresas allá no me dieron trabajo porque yo no era residente, por el tipo de trabajo era necesario tener medidas de seguridad que yo por estar de forma irregular no tenía”, destacó Jorge.

Al cerrarse el campo de experiencia de Jorge, otra opción que se abrió para él fue en el área de cocina. Jorge desde pequeño había aprendido a cocinar junto a su madre, quien le había inculcado que debía aprender a ser independiente y preparar sus propios alimentos era parte de esa independencia.

“A mi desde pequeño me gustó la cocina, nosotros somos 6 hermanos, todos mis hermanos se fueron de casa y yo me quedé con mi madre y ella me enseñó a preparar desde un caldo de pollo, bistec hasta tortillas de maíz. También me enseñó a lavar los trastes y esas eran parte de las tareas que yo hacía en casa”, dijo el entrevistado.

Jorge refirió que en el lugar que fue contratado, tenía el beneficio de poder contar con vivienda, transporte y servicios básicos por parte de sus empleadores. Jorge inició su camino en un restaurante de comida oriental, lavando platos y ganando alrededor de US$800 mensuales.

“Se escucha bonito, pero el hispano que se va para Estados Unidos y no sabe inglés se enfrenta a una vida muy dura. A los 6 meses de trabajar en el restaurante, el chef principal me dio una de las mayores lecciones pues al darme una instrucción y yo no poder comprenderlo me jaló de la playera y sentí mucha frustración y tristeza porque yo no estaba en mi país y no podía defenderme”, acotó Morales.

A decir de Jorge, esa situación provocó en él, su deseo de crecer como lo había hecho en la Ciudad Capital cuando viajó desde San Marcos. Aunque fue desanimado por sus compañeros de trabajo, Jorge se propuso alcanzar un puesto superior en 18 meses y este fue el reto más grande que Jorge vivió en Estados Unidos.

El primer paso era aprender inglés, así que Jorge se propuso aprender sobre todo lo que le rodeaba en la cocina, desde los vegetales, hasta los utensilios y los nombres de los platillos que se servían en el restaurante, el connacional relató que fue conociendo cada objeto sin olvidar la meta que se había propuesto.

“Aprendí las órdenes y platillos en inglés, pero también me tocó aprender cómo pronunciaban los chinos con quienes trabajaba, me tenía que adaptar. Pero esa es una característica que tenemos los guatemaltecos, nos adaptamos a todo y somos funcionales”, puntualizó el entrevistado.

Jorge indicó que pasó por otro restaurante hasta llegar a uno de mayor renombre en Virginia, en donde su determinación le llevó a aprender del Chef principal los secretos de cocina que lo llevaron a conseguir las metas que se trazó al llegar a Estados Unidos liderando otros restaurantes y cumpliendo la mayoría de sus anhelos.

El connacional pasó de ser un ayudante de cocina a chef principal y encargado de una cadena de restaurantes en cuestión de 2 años, convirtiéndose en experto en cocina oriental, italiana y decoración de platillos, sumado a la administración del local, que fueron algunas de las experiencias que Jorge adquirió durante el tiempo que su estancia en Estados Unidos le permitió.

RETORNOS NO FUERON OBSTÁCULO

Jorge fue retornado más de dos veces de Estados Unidos, al ser conocedor de la ruta, al llegar a Guatemala no dudaba en volver a emprender el viaje por México hasta Virginia en EE. UU.

“La primera vez que me deportaron fue por manejar sin licencia en 2010, no me dieron oportunidad de nada, solo me trasladaron a la oficina de Migración y me dijeron que sería devuelto a mi país”, indicó el entrevistado.
Jorge no encontró obstáculo para volver a Estados Unidos, el trabajo seguía creciendo y el estrés de Jorge crecía conforme a sus necesidades, “fue una época de mucha bendición, los logros que se alcanzaron fueron muy bonitos y eso mismo conlleva una responsabilidad”, relato.

El connacional había alcanzado no solo la meta propuesta al llegar a Estados Unidos, sino que a través de la cocina estaba realizando uno de sus sueños, sin olvidar que quien puso en el la semilla fue su mamá, de quien heredó su pasión por la comida, pues a decir de Jorge, “cocinar no es una rutina, es pasión” y aunque todo marchaba bien, el sueño americano del guatemalteco cambiaría de rumbo.

UN CAMBIO DE VIDA

Luego de ser retornado por tercera vez, en el mes de julio del año 2016 Jorge decidió volver a emprender el viaje hacia Estados Unidos; sin embargo, durante la travesía por México sufrió un accidente mientras viajaba en el tren conocido como “La bestia”; percance que lo dejó 9 días en coma y con la pérdida de una de sus piernas.

Su recuperación ha significado una inversión grande en tiempo y en dinero, pues a decir del connacional, ha invertido su capital en su recuperación.

“Recuperarme fue un reto, pero mi actitud siempre ha sido positiva, parte de mi rehabilitación la aproveché compartiendo mi experiencia con otros pacientes a través de terapia ocupacional. Pude enseñarles a los pacientes a hacer decoraciones con frutas y verduras, todo ha sido un reto, pero siempre hemos mantenido una actitud positiva”, contó.

NUEVOS PROYECTOS A TRAVÉS DEL APOYO DE FUNDACIÓN AVINA E INTECAP

Como parte del programa de certificación de capacidades para los guatemaltecos retornados, impulsado por Fundación Avina, Intecap y otras instituciones, Jorge ahora cuenta con dos títulos que certifican su experiencia y las capacidades adquiridas en Estados Unidos.

“Avina nos ha dado la oportunidad de ser la persona que queremos ser, hemos tenido la oportunidad de obtener el título para decirle a la población qué somos porque hay un respaldo en la pared que lo dice y allí está mi nombre y hay una academia que me tituló, ahora no soy un chef solo de palabra”, destacó el entrevistado.

LA META ES LANZAR UN RESTAURANTE EN GUATEMALA

Aunque Jorge actualmente trabaja en la elaboración y diseño de muebles de madera, la certificación obtenida a través de Avina ha revivido el sueño del connacional de inaugurar un restaurante de comida oriental en Guatemala en donde pueda poner en práctica las recetas y los toques que aprendió a dar a los platillos en Estados Unidos.

Para Jorge, el pilar principal en su vida ha sido su madre y es gracias a ella que ha continuado los proyectos que ha emprendido y actualmente lucha por las nuevas metas.

“Desde que estaba en Estados Unidos yo enviaba las fotos de lo que hacía y le decía a mi madre que allí estaba el resultado de lo que ella me había inculcado desde que era niño. Hoy en día me siento satisfecho y sé que mi sueño de tener un restaurante puede cumplirse gracias a todas sus enseñanzas. Ella ha sido el motor que nos ha guiado y nos ha enseñado a ser lo que somos”, puntualizó.

De acuerdo con el connacional, otra de sus metas es la colocación de una prótesis que le permita tener la movilidad sin la ayuda de muletas, pues pese a la adversidad, el guatemalteco ha demostrado que con determinación, trabajo, humildad, esfuerzo y actitud positiva las metas pueden alcanzarse.