CADA VEZ MÁS CENTROAMERICANOS SOLICITAN ASILO EN ESE PAÍS

Huyendo de la violencia, familia hondureña intenta reiniciar su vida en México

CHRISTOPHER SHERMAN/AP

Belice, Costa Rica y Panamá también registraron un aumento a más de 4 mil 300 solicitudes de Refugio

Los pandilleros llegaron el otoño pasado en motocicleta, armados y enmascarados, hasta una casa en el norte de Honduras. Llevaron una sombría advertencia para los ocupantes: Dejen la ciudad en 24 horas, o si no…

_HONDURAS 2Laura Cruz Martínez, junto a otra madre soltera y los nueve niños a su cargo llenaron bolsas a toda prisa con ropa y objetos personales y salieron camino de la frontera antes del amanecer, dejando su casa abandonada.

Nueve meses después las mujeres vuelven a estar juntas en dos apartamentos contiguos de un barrio en el este de Ciudad de México. No siempre ha sido fácil adaptarse a esta ciudad de más de 20 millones de habitantes, pero al menos están a salvo de las pandillas que asolan su país.

Los once consiguieron el pasado marzo estatus de refugiado y asilo en México. Eso los convierte en parte de una creciente oleada de refugiados de Honduras, El Salvador y Guatemala que se instalan allá, en lugar de intentar llegar a Estados Unidos, al que muchos ven como cada vez más hostil.

Durante la Presidencia de Donald Trump, las autoridades estadounidenses han intentado reforzar su control de inmigración y reducir el número de refugiados.

“Sí creo que hay menos gente que decide poner la vista en Estados Unidos, precisamente porque se ha presentado como un país poco hospitalario”, señala Maureen Meyer, colaboradora de la Washington Office on Latin America.

En 2015 México recibió 3 mil 424 solicitudes de refugio, una cifra que subió a 8 mil 794 el año pasado. Las peticiones ya han superado ese ritmo en lo que va de año, con 5 mil 464 solo entre enero y mayo. Casi todos los aspirantes llegan del llamado Triángulo Norte de Centroamérica.

La oficina en México del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) estima que México podría recibir 20 mil peticiones para final de año.

“Estamos hablando de enteras familias, de enteras generaciones, hasta 12, 15, 17 miembros que llegan a la frontera sur de México”, indica Francesca Fontanini, portavoz regional de ACNUR. Obviamente, la respuesta humanitaria tiene que aumentar ante esta avalancha de gente.

Belice, Costa Rica y Panamá también registraron un aumento a más de 4 mil 300 solicitudes de asilo el año pasado de personas que huían de El Salvador, Honduras y Guatemala.

Cruz, de 40 años, dijo que la amenaza contra su hogar llegó tres horas después de que reportara a la policía que los pandilleros estaban acosando a su sobrina de 16 años en Chamelecón, un suburbio de San Pedro Sula, que está entre las cinco ciudades más peligrosas del mundo. Un líder pandillero dijo a la joven que iba a ser su novia tanto si quería como si no.

“Nosotros teníamos una idea que nosotros queríamos estar largo por la amenaza que nosotros tuvimos”, dijo Cruz. De modo que el 7 de octubre, con ayuda de un dinero reunido por su pastor, subieron a un autobús a Guatemala. Cruzar México y tratar de llegar a Estados Unidos, arriesgándose a la deportación durante todo el camino, parecía innecesariamente arriesgado.

“A otro país no nos podíamos arriesgar porque (si) nos regresaban para nuestro país era muerte segura”, dijo su sobrina, Emma Karina Cruz Velásquez.

En lugar de eso, se entregaron a las autoridades mexicanas en el paso fronterizo de El Ceibo.

Aunque ha perseguido la inmigración irregular en su frontera sur, México se ha visto presionada para que acepte más refugiados. Tanto Naciones Unidas como las autoridades mexicanas atribuyen el aumento en las peticiones de asilo a los esfuerzos del gobierno y las ONG para que los posibles refugiados conozcan sus derechos.

“Si ves la definición de México de quién puede ser apto para recibir asilo, es mucho más amplia que en Estados Unidos”, dijo Meyer.

El año pasado, México concedió estatus de refugiado a uno de cada tres solicitantes del Triángulo Norte. Otros cientos de personas recibieron permiso para quedarse sin reconocimiento de refugiados.

En Estados Unidos, por el contrario, las personas de esos países tienen algunas de las tasas más altas de solicitudes denegadas -en torno al 80%-, según un análisis de la Universidad de Syracuse.

Cruz y su grupo pasaron un mes en instalaciones para inmigrantes en Tabasco, donde las autoridades les hablaron de la posibilidad de pedir asilo. Después les trasladaron a un albergue en Tenosique, y en una semana se mudaron a un apartamento con asistencia de ACNUR.

La familia se mudó a Ciudad de México en marzo, de nuevo con ayuda de ACNUR, y Cruz encontró un empleo vendiendo material sanitario cerca del centro. Una de sus mayores dificultades ha sido acostumbrarse al trayecto diario de 75 minutos en metro y a pie hasta su lugar de trabajo.

En Honduras, las familias vivían en una disputada línea divisoria entre los territorios de dos pandillas rivales y las balaceras eran habituales. Cruz dejó su trabajo limpiando casas y empezó a vender tamales y horchata desde la casa para poder cuidar de los niños, que tenían prohibido salir de casa solos. Las hijas y la sobrina de Cruz dejaron de ir a la escuela el pasado junio porque el acoso de los pandilleros se había vuelto demasiado intenso.

Ahora viven en un apartamento limpio de dos habitaciones amueblado con sencillez, el que comparten con una mujer de El Salvador y su hija pequeña que también obtuvieron estatus de refugiadas. Las dos niñas mayores cuidan a los más pequeños y se aseguran de que la cena esté lista cuando Cruz llega a casa de trabajar. Se están preparando para regresar a la escuela en agosto, y hacen planes para un futuro brillante.

“Lo que me impulsa más es ver a mis hijas crecer y verlas en un ambiente diferente”, dijo Cruz. “Se mira la diferencia en ellos”.