Estragos de COVID-19 y otros…

José Antonio Guardado

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Soy José Antonio Guardado Martínez, nací el 17 de enero de 1959, originario de la República de El Salvador, de padres campesinos. Licenciado en Administración de Empresas y Teología Evangélica, interesado en el tema de Migrantes y Refugiados.

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La bandera blanca es un símbolo internacional usado normalmente en periodo bélico o de conflicto, que posee varios significados: rendición, solicitud de parlamentar con el enemigo, alto al fuego o cese de las hostilidades.

Por hoy si vez una bandera blanca o lienzo significa que en casa necesitan comida… El hogar apela a la solidaridad de los vecinos para que les provean alimentos.

En Guatemala ya la situación es desesperante y aflictiva para cada habitante, familia, comunidad Refugiada y Solicitantes de la Condición de Refugiado.

¿Será posible que la mayoría del pueblo morirá por los estragos del COVID-19 o por el hambre que ya deambula en la tierra Maya o del quetzal?

Ante tan difícil situación que enfrentamos digo: Estragos de COVID-19 y malas políticas gubernamentales; porque ya los efectos del COVID-19 se dejan sentir a diario al circular por las diferentes calles. Hombres y mujeres ondeando banderas blancas pidiendo ayuda. Situación que me parte el alma y más por escuchar los vituperios que disque personas acomodadas propalan contra Seres o hermanos que su canasta básica o familiar se agotó sin que puedan echar mano de nada porque ya acabaron con último quetzal que ganaron y lo mantenían ahorrado.

Los creadores del virus o las grandes potencias involucradas no tuvieron alcance para evitar los posibles estragos que ocasionarían a los estamentos sociales más bajos de todo el planeta. Indigna pensar que no pudieron meditar y evitar los estragos que va dejando COVID-19 a la fecha y más allá al pasar el tiempo.

Pero también lo que más enardece es la indiferencia de políticos o clases políticas en cada país del mundo, pero más los corruptos de nuestras naciones latinoamericanas. Unos aprovechándose de la necesidad de un pueblo que les exige ayuda para paliar el hambre e intentar seguir sobreviviendo humildemente. “Estamos ayudando” escuché que dijo un presidente Centroamericano, pero ayudando a quienes, porque hoy el pueblo irá muriendo de hambre y no por el contagio del COVID-19.

También como ironía de la vida o mejor dicho inaudito, donde están esas grandes congregaciones o llámese iglesias que enumerarlas por nombre o por el nivel de masas que mueven diariamente sería una lista importante y que si fuéramos o somos acuciosos no olvidemos que a primeras horas del siguiente día desfilan vehículos blindados retirando bolsas o costales llenos de dinero que por largos años han incrementado cuentas bancarias de sacerdotes, pastores o pseudo dirigentes religiosos. Son buenos para recibir, pero menos para dar y olvidaron a sus feligreses ante esta dura situación que atravesamos. Ojalá que como feligreses despertemos de ese letargo y ya no sigamos dejándonos embaucar como miembros y otros creyéndose “qué como tienen pisto, huelen a Cristo” Nada más les recuerdo que es mejor dar que recibir y ustedes señores de los gobiernos sus políticas gubernamentales han fracasado nunca son buenas, siempre son un fracaso. No sigan siendo los malos de la película. Respondan a sus Naciones que gobiernan.