Elecciones totalmente fuera de serie

Oscar Clemente Marroquín

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28 de diciembre de 1949. Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Periodista y columnista de opinión con más de cincuenta años de ejercicio habiéndome iniciado en La Hora Dominical. Enemigo por herencia de toda forma de dictadura y ahora comprometido para luchar contra la dictadura de la corrupción que empobrece y lastima a los guatemaltecos más necesitados, con el deseo de heredar un país distinto a mis 15 nietos.

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Oscar Clemente Marroquín
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Tras la abrumadora demostración de que el sistema político del país no responde a una auténtica democracia porque los candidatos solo honran los compromisos que hacen con sus financistas y se despreocupan por completo del bien común y de los fines esenciales del Estado, cualquiera hubiera pensado que la elección del año 2019 sería ejemplar en el sentido de que los debates serían profundos respecto a la necesaria reforma del Estado para reparar los daños que la pistocracia le ha hecho al país durante tanto tiempo y que el ciudadano tendría la opción, finalmente, de votar por quien asumiera sus compromisos con los electores.

Las reformas a la Ley Electoral y de Partidos Políticos estaban orientadas a un mayor control del financiamiento electoral y a campañas más austeras con menor tiempo de duración, pero como siempre pasa en nuestro país, lo fundamental se desprecia y solo queda lo superfluo y de esa cuenta tan corre el pisto a manos llenas que hasta Mario Estrada estaba negociando una millonada con el Cártel de Sinaloa y otros candidatos cuentan con apoyos de “dinero lícito”, aunque provenga de la corrupción, sin que el TSE se entere de cómo va la procesión porque apenas si le queda tiempo para conocer las solicitudes de inscripción de los candidatos, además de que la mayoría de sus magistrados son parte de la componenda.

Sabemos que ya hubo una eliminación importante de aspirantes y todavía no se sabe finalmente cómo quedarán las papeletas electorales, sobre todo porque se posterga en la CC el conocimiento del mayor caso pendiente, y eso ya sería suficiente para que pudiéramos hablar de un proceso electoral tan atípico que puede considerarse como fuera de serie.

Pero aparte de la ausencia del clima propio de las campañas políticas en los últimos años, se ve que el debate prácticamente no existe y que muchos de los aspirantes están apostando a una especie de loteriazo ahora que se fueron quedando varias vacantes. Y entre el elector no se nota el menor asomo de entusiasmo por las elecciones que se aproximan a toda velocidad, lo cual es natural si vemos la calidad de la oferta que se está presentando a sus ojos.

Lo más preocupante es que los candidatos que abordan los temas estructurales se limitan a reiterar viejas promesas que se han venido repitiendo sobre los temas puntuales de educación, salud, seguridad, justicia y generación de empleo, pero sin entender que las recetas ya fueron dadas sin que pudiera nunca ejecutarse lo propuesto. Y no se pudo porque el sistema no funciona en ese sentido sino en el del enriquecimiento de los funcionarios y de sus financistas y de ese tema nadie habla.

Como en algunas encuestas el tema de la corrupción aparece relegado, los políticos ven el cielo abierto para no tener que hablar de ese peliagudo asunto y prefieren dedicarse a repetir las cosas que se vienen diciendo desde el Libro Blanco de Carpio y su UCN.

El asunto aquí es la reforma del Estado para devolverle sus funciones esenciales porque ideas de lo que hay que mejorar abundan, pero son imposibles de implementar con un Estado totalmente desviado de sus fines.