El voto migrante

Editorial

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Por ley, los guatemaltecos que viven fuera del país tienen ahora el derecho a votar y por lo tanto su peso e influencia política, que ya era notable antes del reconocimiento al derecho a voto, se vuelve en verdad crucial porque antes contaba mucho la forma en que se comunicaban con sus familiares aquí para aconsejarles por quién emitir el sufragio, pero ahora muchos de esos dos millones de chapines viviendo en Estados Unidos pueden inclinar cualquier balanza.

El Tribunal Supremo Electoral está promoviendo una campaña de empadronamiento que ha tenido pocos resultados y por lo mismo se ha presentado una iniciativa legal para que se apruebe que para votar no haga falta más que la tenencia del DPI. Creemos, sin embargo, que sabiendo que los migrantes no están alentando la corrupción y que a lo largo de estos últimos tres años se han identificado mucho con el esfuerzo hecho por la Comisión Internacional Contra la Impunidad y el Ministerio Público bajo la anterior administración, seguramente que los diputados no les va a hacer las cosas fáciles.

Por ello es importante que no se atengan, que no se confíen en que se les va a poner todo más sencillo, porque el voto de gente consciente y decente no le interesa mucho a nuestra clase política tradicional que está acostumbrada a comprar conciencias con el dinero del financiamiento de perverso origen que ha sido y sigue siendo el motor de las campañas políticas en nuestro país.

De suerte que aunque digan que podrán votar sin empadronarse es importante que la comunidad de migrantes debidamente organizada haga todos los esfuerzos para lograr que la mayor cantidad de guatemaltecos residentes en Estados Unidos puedan empadronarse mediante el procedimiento electrónico establecido, porque ello sí les daría certeza de que su voz cuente y deba ser tomada en cuenta en el proceso electoral que se avecina.

Un proceso que, tristemente, se jugará bajo las mismas reglas respecto al financiamiento por el acuerdo alcanzado entre diputados y financistas para dejar sin efecto la reforma legal que sancionaba como grave ilícito ese comportamiento tan común que ahora, por obra y gracia de la reforma, volverá a ser no sólo permitido sino ejecutado con todo el descaro posible porque no hay valladar alguno para que la nuestra siga siendo una sucia pistocracia en la que el dinero cuenta más que la voluntad del pueblo.

Los valladares son enormes y el voto del migrante chapín es de enorme importancia porque es el voto de gente honesta y trabajadora ajena a la corruptela.