El Efecto Guayaquil

Foto ilustrativa de la entrada a un hospital en Ecuador/Foto La Hora/Dolores Ochoa/AP

Eddie Reyes, Director
ASI ES GUATEMALA, Nonprofit.
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Phoenix, Arizona

Escenas como la vista en redes sociales el día de ayer, donde una persona se encuentra en una de las calles principales de la Colonia Jardines de la Asunción, zona 5 de la ciudad capital, a donde familiares llegaron con una paciente, a la clínica de un médico ubicada en el sector y que los envió al hospital temporal del Parque de la Industria. Mientras una buena samaritana del lugar hace lo que puede por ayudar, sin pensar mucho en las consecuencias porque si se toma en cuenta lo que se escucha en el video, la señora tendida sobre el arriate sufre los síntomas del Covid-19, esto no solo es alarmante sino también aterrador, ya que en palabras de quien toma el video se escucha que durante la llamada a los bomberos le comunican que no pueden llegar para trasladarla porque en los centros hospitalarios no hay espacio, es acaso que el efecto Guayaquil comienza a estar presente en la capital?

No se puede creer que personas enfermas comiencen a caer en las calles sin esperanza de ser asistidas por las autoridades que tienen la obligación de dar un servicio sin importar el caso, pero a esto llegamos, donde el gobierno actual simplemente no puede o no quiere, donde el cambio de ministros de salud y algunos otros en un futuro no muy lejano será como cambiar los jugadores en un clásico de cremas y rojos, talvez para el gobierno esto es un juego de pelota, donde al parecer pierden como en los juegos de la aclamada selección nacional, donde dejan tirado todo lo que pueden, pero cobran su sueldo y aguinaldo cortesía del patrón del mal.

Lo que la mayoría de los guatemaltecos no terminan de entender y tal vez desconoce es como la nueva Ministra de Salud sigue la política pasada de más estudios y propuestas pendientes para mejorar las cosas, se supone que en sus palabras, ella quiere hacer el cambio, pero solamente ella sabrá donde aplicara el presupuesto de salud, alimentado tal vez de préstamos internacionales, que llegan al saco roto de manta de un centenario de antigüedad, donde el sastre de la desigualdad sigue buscando las agujas e hilos que se perdieron en los pasillos de un Congreso donde la impunidad es mucho más importante que la salud, tranquilidad y bienestar de los guatemaltecos de a pie.

Una persona pide información a un trabajador de salud en Guatemala. Foto La Hora/Moises Castillo/AP

Es imposible como humanos seguir así, no se puede, es tiempo de hacer algo, pero no con anuncios de TV con los de cuello blanco y corbata, sino en el campo donde las cosas se ven en blanco y negro, sin colores vivos, donde el anuncio de venta del día es simplemente la máscara de la desigualdad que a todos afecta y que sin conciencia reparte desde el pódium de la impunidad a todos los niveles y los aspectos de la vida, hasta cuando usted seguirá permitiendo que se sigan haciendo lo que les viene en gana, hasta donde usted, el ciudadano de a pie, tendrá que seguir pagando por los gustos y placeres de un gobierno que claramente no sabe lo que hace, tiene, quiere y debe para dirigir los recursos que se necesitan y sobrellevar esta pandemia; que de darse en su totalidad no serían los números los que hablen sino los hechos como este que ya comienzan a verse en las redes y tal vez hay muchos otros que por falta de tiempo y acceso a las redes desconoceremos.

Hasta donde tendrán que llegar la estirada de las caras de palo seco y ocote que tiene los padres de la patria que siguen y siguen desgastando la quebrada economía del país, pero no de ahora, sino desde hace décadas, que con láminas, bolsas de comida, pitos y matracas compran la dignidad del guatemalteco, donde los de arriba en su cansancio por permanecer en casa se sumergen en la clandestinidad participando en eventos quien sabe de qué tipo y que claramente violan la ley, y cuya llamada de atención será un “no tengas pena” para después mostrarnos el show de las autoridades cómplices de todo al montar un “Miami Vice” a lo chapín que se aleja de la realidad a la hora de aplicar la ley. Se evidencia otra vez en estas acciones que la desigualdad nos impide hacer frente a este mal para contenerlo y todos estar bien.

Y como siempre resuenan las preguntas entre los menos favorecidos cómo hacer, hacia dónde ver, a dónde ir, a quién llamar, ecos de aquellos que sin pensar buscan la solución a sus problemas de salud, que sin apoyo dejarán atrás sus penas y volverán a creer que todo será mejor, o que puede cambiar con el viejo y gastado “ni corrupto ni ladrón”. Cuánto tiempo más viviremos esta pesadilla, que nos pasó como dijo Chespirito.