EL ROSTRO DE UNO DE MUCHOS CHAPINES QUE TRABAJAN EN CONSTRUCCIONES

El día a día de Waldemar Son, quien construye su propio sueño con 13 horas de trabajo

Waldemar Valentín Son, un guatemalteco residente en Nueva York, se esfuerza cada día no solo para cumplir sus sueños. FOTO LA HORA/CORTESÍA WALDEMAR SON

Por Margarita Girón
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Según datos de la Cancillería, hasta julio de este año, se estimaba que 2 millones 919 mil 847 guatemaltecos residen de forma regular en Estados Unidos, 101 mil 892 de ellos en Nueva York y aunque la cantidad de connacionales que permanecen de forma irregular en Estados Unidos, aportando a la economía y fuerza laboral de ese país es desconocida, su mano de obra y ganas de salir adelante se ve reflejada en las edificaciones y construcciones en las que día a día trabajan miles de chapines.

Originario de la aldea Palamá, del municipio de san José Poaquil, Chimaltenango Waldemar Valentín Son, un guatemalteco residente en Nueva York, se esfuerza cada día no solo para cumplir sus sueños, sino también para enviar dinero a sus padres, que por años se han dedicado a la agricultura en Guatemala.

Waldemar compartió en una entrevista para La Hora Voz del Migrante, que una de las principales causas que le motivaron a migrar hacia Estados Unidos hace cuatro años fue la falta de trabajo, pues, aunque con mucho esfuerzo logró estudiar la carrera de magisterio, en su comunidad no se dio la oportunidad laboral que anhelaba y antes de tomar la decisión, apoyó por un tiempo a su padre en el cultivo de tomate.

“Estuve casi un año en mi casa después de graduarme, ayudaba a mi papá en su trabajo como agricultor, incluso viajaba a la capital a trabajar por días, pero nunca pude tener un trabajo formal y aunque busqué no tuve la oportunidad. Yo quería lograr un sueño y era la razón para migrar. Yo quería ayudar a mis padres y a mis hermanos en San José Poaquil y también salir adelante yo con mi trabajo”, puntualizó el entrevistado.

De acuerdo con los datos del Censo 2018, realizado por el Instituto Nacional de Estadística, en el municipio de San José Poaquil, viven 26 mil 845 personas, en su mayoría de origen étnico maya, de las cuales solo 9 mil 506 son económicamente activas, mientras que, según los datos, 8 mil 418 se encuentran inactivos por dedicarse al hogar, estar jubilados y solo 1 mil 133 por dedicarse a estudiar.
Hasta agosto de este año, el Instituto Guatemalteco de Migración (IGM), reportó que de los 1 mil 313 guatemaltecos que fueron deportados desde Estados Unidos, originarios de Chimaltenango, 76 residían en San José Poaquil y pese a que Waldemar llegó hace poco a Estados Unidos, considera que aún puede trabajar en ese país por algunos años, antes de pensar en volver a Guatemala.

ESTADOS UNIDOS UN DESAFÍO

Para Waldemar, llegar a un país que no conocía significó un desafío, pero también la oportunidad de salir adelante y cumplir sus sueños.

Los primeros meses para él fueron complicados, pues, aunque tuvo la ventaja de encontrar un trabajo rápido en una fábrica de ropa, no ganaba lo suficiente, pues además de pagar sus gastos personales, debía cancelar la deuda adquirida con el Coyote que le “ayudó” a llegar a EE. UU.

“Tuve que cambiar de trabajo porque no ganaba lo suficiente y tenía bastantes gastos, por eso decidí trasladarme a Manhattan en donde inicié a trabajar en construcción y desde allí ha sido un largo camino por estos tres años. Me ha ido bien, aunque ha habido dificultades, pero siempre trato de sacar lo mejor de todo”, dijo Son.

Otro dilema que el guatemalteco encontró en Estados Unidos fue estar en un país ajeno a lo que conocía, con apenas 19 años y sin sus padres, aunque tenía un hermano en Estados Unidos, la cercanía debido a la poca convivencia no era igual a la que tenía con quienes vivía en Guatemala.

Para Waldemar, llegar a un país que no conocía significó un desafío, pero también la oportunidad de salir adelante y cumplir sus sueños.
FOTO LA HORA/CORTESÍA WALDEMAR SON

TRECE HORAS DE TRABAJO AL DÍA

Waldemar describió que al inicio las jornadas eran tan extensas que no tenía tiempo ni de convivir con su hermano, ni de hacer amigos en su comunidad, pues trabajaba de siete de la mañana a ocho de la noche.

“Fue una etapa difícil al inicio porque no tenía tiempo para hacer nada más que trabajar, salía de mi casa muy temprano y llegaba a las nueve de la noche, solo tenía tiempo de bañarme, cenar algo y dormir porque al día siguiente debía despertar temprano para estar a tiempo en mi trabajo, fue una etapa muy difícil”, enfatizó Waldemar.

El entrevistado describió que después de un año logró terminar de pagar la deuda que adquirió al viajar. Después de saldar el pago pendiente, Waldemar pudo cambiar de trabajo y disminuir las jornadas laborales que le permitieron conocer más gente y empezar a interesarse por otras actividades que al inicio no había experimentado.

Aunque las jornadas de Waldemar inician a las cinco de la mañana, antes de ir al trabajo aprovecha para beber un café y “comer algo rápido”, ya que treinta minutos después de levantarse debe salir al lugar en donde trabaja y que se encuentra a más de una hora de distancia de donde reside.

Después de trabajar ocho horas o más en el área de carpintería de una compañía que se dedica a construir edificios, Waldemar vuelve a su casa a las 19:00 horas en donde finalmente puede tomar un descanso.

“Cuando hay horas extras me quedo trabajando hasta las 5:30 p.m., trabajamos construyendo edificios que van desde los cinco hasta los 40 pisos yo hago las paredes y columnas de madera, tenemos un espacio para almorzar, todo depende de cómo vayamos avanzando en el trabajo”, detalló el connacional.

De acuerdo con Waldemar, aunque las jornadas son largas y extenuantes, en Guatemala no podría ganar lo mismo haciendo el mismo trabajo o incluso más, porque las oportunidades son limitadas.

“Yo vine aquí por el trabajo y porque el pago es bueno, ya estando aquí se abren otras oportunidades y así puede crecer porque una vez teniendo un trabajo formal, en el tiempo extra uno puede empezar a hacer otras cosas que le gustan y que tal vez en Guatemala no podría tener porque allá uno gasta más de lo que gana y por eso no podemos ni ahorrar como sí podemos hacerlo acá (EE. UU.)”, enfatizó Son.

Waldemar Son: Una meta que espero cumplir pronto es dejar mi trabajo en la construcción y dedicarme solo a la fotografía.
FOTO LA HORA/CORTESÍA WALDEMAR SON

AHORA TRABAJA PARA CUMPLIR UNA NUEVA META

Uno de las pasiones que Waldemar descubrió al tiempo de estar en Estados Unidos es la fotografía, al compartir con amigos que se dedican a esta rama del arte y la publicidad, el connacional decidió aprender y en su tiempo libre aprovecha para experimentar y ahora busca convertirse en creador de contenido audiovisual; videoclips, publicidad y fotografía profesional.

“Yo no sabía nada de cámaras ni de nada, pero en una oportunidad a este grupo de amigos les faltaba un elemento en su equipo y me pidieron que les ayudara y accedí, sin saber que así nacía e mí un nuevo camino y la verdad me gustó mucho la idea y decidí que tenía que comprar una cámara”, describió Waldemar.

El entrevistado relató que, gracias a un amigo, logró adquirir una cámara y aprender lo básico sobre el manejo y algunas técnicas que luego practicaba después del trabajo.

“Al salir de trabajar me dedicaba a practicar, salía del trabajo y me quedaba en la ciudad por tres horas, para practicar junto a otros amigos que también se dedican a esto y aprendí muchas cosas”, destacó el connacional.

Actualmente, además de su trabajo en la construcción, es contratado para cubrir eventos sociales y apoyar en campañas publicitarias en donde se desenvuelve como fotógrafo, “una meta que espero cumplir pronto es dejar mi trabajo en la construcción y dedicarme solo a esto, (la fotografía), sé que es un reto, pero estoy trabajando en mi sueño todos los días”, enfatizó el connacional.

Una de las metas de Waldemar es un día volver y compartir su experiencia con jóvenes que comparten el gusto por la fotografía pero que no cuentan con los recursos para estudiar profesionalmente.
FOTO LA HORA/CORTESÍA WALDEMAR SON

GUATEMALA TAMBIÉN ESTÁ EN LOS PLANES

Waldemar no supera los 24 años de edad y aunque tiene apenas 4 años en Estados Unidos, su país y la realidad de muchos jóvenes guatemaltecos no le son ajenos, pues otra de sus metas es un día volver y compartir su experiencia con jóvenes que comparten el gusto por la fotografía pero que no cuentan con los recursos para estudiar profesionalmente.
“Quiero volver un día a Guatemala y hacer talleres en las comunidades rurales que sea accesible para todos quienes quieran aprender cosas nuevas e interesantes, yo se quienes a lo mejor imparten cursos de fotografía o producción cobran bastante caro y aunque muchos quisieran aprender no pueden por el dinero que deben invertir”, destacó el entrevistado.

Al igual que Waldemar, miles de guatemaltecos migran a Estados Unidos en busca de un sueño y aunque no todos consiguen permanecer en Estados Unidos, huir de la pobreza y la falta de oportunidades, se ha convertido en un factor común entre quienes deciden tomar el riesgo.

Finalmente, el entrevistado dijo que para que los jóvenes dejen de migrar es necesario crear fuentes de trabajo, “muchos jóvenes ya son profesionales, pero no cuentan con un trabajo y es lamentable, porque hay muchos que están preparados y no tienen trabajo, pero también hay otros que no lo están y consiguen trabajo gracias a favores y no debería ocurrir así, porque muchos jóvenes como yo, merecen salir adelante sin tener que irse de su país”, remarcó.

WALDEMAR VALENTÍN SON:

“Estuve casi un año en mi casa después de graduarme, ayudaba a mi papá en su trabajo como agricultor, incluso viajaba a la capital a trabajar por días, pero nunca pude tener un trabajo formal y aunque busqué no tuve la oportunidad”.

“Yo quería lograr un sueño y era la razón para migrar. Yo quería ayudar a mis padres y a mis hermanos en San José Poaquil y también salir adelante yo con mi trabajo”, puntualizó el entrevistado”.

“Me ha ido bien, aunque ha habido dificultades, pero siempre trato de sacar lo mejor de todo”.

“Cuando hay horas extras me quedo trabajando hasta las 5:30 p.m., trabajamos construyendo edificios que van desde los 5 hasta los 40 pisos yo hago las paredes y columnas de madera, tenemos un espacio para almorzar, todo depende de cómo vayamos avanzando en el trabajo”.

“Yo vine aquí por el trabajo y porque el pago es bueno, ya estando aquí se abren otras oportunidades”.

“Así puede crecer porque una vez teniendo un trabajo formal, en el tiempo extra uno puede empezar a hacer otras cosas que le gustan y que tal vez en Guatemala no podría tener porque allá uno gasta más de lo que gana y por eso no podemos ni ahorrar como sí podemos hacerlo acá (EE. UU.)”.

“Muchos jóvenes ya son profesionales, pero no cuentan con un trabajo y es lamentable, porque hay muchos que están preparados y no tienen trabajo, pero también hay otros que no lo están y consiguen trabajo gracias a favores y no debería ocurrir así, porque muchos jóvenes como yo, merecen salir adelante sin tener que irse de su país”.