MIGRÓ DE LA CAPITAL HACIA CHIMALTENANGO DESDE PEQUEÑO

El chef Elliot Castellanos: una historia de altruismo y pasión por la cocina guatemalteca

El gusto por preparar alimentos y su proyección social en favor de la comunidad, son solo algunas de las razones por las que decenas de personas conocen de la trayectoria del chef Elliot Castellanos, quien además motivado por una promesa que está decidido a cumplir, sigue brindando una luz de esperanza a quienes en momentos difíciles no encuentran soporte.

Por Grecia Ortíz
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Castellanos Guillen, visitó las instalaciones de La Hora Voz del Migrante y explicó que desde pequeño vivió la experiencia de la migración, pues luego de residir en la ciudad capital se estableció junto a su familia en Chimaltenango y durante algún tiempo también estuvo en Patulul.

Su familia, según relató siempre se dedicó a la venta de alimentos, de esa manera explica su pasión por la cocina que años más tarde desarrolló con destreza.

Castellanos estudió la primaria y básicos en centros educativos de Chimaltenango, sin embargo, el nivel diversificado lo curso en la ciudad capital, en donde obtuvo su título como maestro, profesión que durante un tiempo desempeñó.

El entrevistado, no oculta su emoción al contar que fue durante esa misma etapa, en la que trabajaba como educador que descubrió su pasión por la preparación de alimentos, algo que estuvo presente en su vida desde la niñez, cuando observaba la elaboración de los platillos para el negocio familiar.

“Las personas me aconsejaban poner mi propio negocio; mi abuela, mis familiares tienen su propio negocio, pero yo no quería ser eso quería ser cantante, no sé trascender a otros países, de hecho pues cantaba en un grupo en un coro”, destacó.

QUERÍA DESTACARSE Y SU ABUELA FUE PARTE DE SU INSPIRACIÓN

Los consejos que recibió tiempo después lo impulsaron a abrir un negocio propio, el cual está localizado en Chimaltenango en donde vende platillos tradicionales, con las que hasta ahora ha logrado gran aceptación.

En su vida siempre mantiene presente el recuerdo de su abuela, quien fue una parte esencial de su inspiración por su corazón y acciones a favor de los desprotegidos que lo motivaron a imitarla.

El guatemalteco perfeccionó sus conocimientos de cocina, ahora es chef y para eso necesitó estudiar varios cursos.

SE ENFRENTÓ A LA PÉRDIDA DE SU HIJO Y DECIDIÓ CUMPLIRLE UNA PROMESA

Con el tiempo, Castellanos decidió formar su propia familia. Luego su esposa y sus dos hijos, años después serían testigos de una difícil prueba en su vida.

“-Marcos Alejandro-, nos dejó hace casi ya dos años, siempre le enseñé con el ejemplo el dar y compartir lo mejor que se pueda… así ha sido el transcurrir de nuestras vidas”, relató.

La muerte de su hijo afirmó, fue un duro golpe a sus vidas, nunca pensó que una molestia que presentaba se fuera a complicar de tal manera hasta poner en riesgo su vida, por eso cuando el médico le dijo que no había esperanzas, sintió que el mundo se desplomaba ante sus ojos.

Castellanos luchó por que accediera a un mejor tratamiento, tenía esperanza que en Estados Unidos con médicos y hospitales especializados mejorara, el reto era grande y el apoyo para lograrlo surgió.

Aunque consiguieron viajar superando varios obstáculos, en el centro médico a la familia le explicaron que el tumor que su hijo presentaba estaba muy avanzado, recordó con un evidente sentimiento de tristeza.
“Nos regresamos, aquí nos ayudaron muchas personas fuimos a seguir al Presidente para que nos tendiera la mano, pero no lo hizo. Pero mucha gente, políticos y de nuestro pueblo me ofrecieron mucha ayuda, yo lo que pedía era que no muriera en un hospital pero entre todos me ayudaron a que se quedará en casa y a los 15 días murió tranquilo”, dijo.

Incluso enfermo, recordó que se propuso seguir ayudando a más niños que lo necesitaran, “yo le prometí que seguiría ayudando en el hospital y tras su muerte pasamos llorando muchos días”.

AYUDA QUE TRASCIENDE

Esa promesa es lo que ahora los impulsa a seguir adelante con su proyecto social de llevar algunos alimentos a las personas que esperan en las afueras de la emergencia del hospital de la localidad.

“Tratamos de poner más atención al área de pediatría, tratamos de llevar juguetes, ropita, pañales y tratamos de ayudar a la gente que se queda a dormir fuera del hospital, esperando a algún paciente porque vienen de lugares lejanos”, anotó.

Su sueño es iniciar la fundación “Una luz Marcos Alejandro”, que les permita ayudar a las familias que reciben tratamientos médicos y no pueden retornar a sus casas por la distancia.

El restaurante que atiende junto a su familia se ubica a media cuadra del Parque Central de Chimaltenango, en donde ofrecen platillos tradicionales a precios económicos que además sirven para sostener el propósito social de “Propinas con sentido”.

“Nosotros premiamos a niños lustradores una vez a la semana y les damos un desayuno ahí en su restaurante como para motivar al niño porque a algunos los tienen estudiando, entonces ese buzón de Propinas con sentido es eso para fin de año también los llevamos al cine a que se diviertan”, afirmó.
El guatemalteco es además conocido porque comparte muchas de sus recetas a través de su página en Facebook y con frecuencia se le puede ver en televisión. Incluso brinda guía a quienes se lo requieren.

Entre sus recetas, Castellanos no olvida la cocina tradicional de Guatemala, a la vez trata que todos sus platillos contengan ingredientes sencillos que las familias puedan encontrar con facilidad.