El binomio, odio y amor hacia los migrantes y refugiados

Mauro Verzeletti

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El Padre Mauro Verzeletti, CS, pertenece a la Congregación de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos. Fue ordenado sacerdote en Brasil en 1993. Estudió Filosofía y Teología, Ciencias Sociales y Políticas. Luego de su ordenación, fue enviado como misionero en la frontera entre México y Estados Unidos, para servir y defender los derechos humanos de las personas migrantes. En 1998 fue enviado a la Guatemala para servir en la Pastoral del Migrante en la Arquidiócesis de Ciudad Guatemala y en la Conferencia Episcopal de Guatemala. También coordinó por años la Región la Red Internacional para las Migraciones Scalabriniana –SIMN- Desarrolla el trabajo pastoral junto a los migrantes y refugiados en la Región Centroamericana. Los Misioneros S. C. Scalabrinianos están al Servicio Pastoral junto a los migrantes, refugiados, desplazados y deportados. Actualmente, ejerce la función de Director de la Casa del Migrante de Guatemala y El Salvador. Él es conocido dentro de los medios sociales como la voz de los migrantes por su compromiso y lucha constante en la denuncia de las injusticias.

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Pbro. Mauro Verzeletti, cs
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Director de la Casa del Migrante, Guatemala y El Salvador

A partir del trato inhumano que están recibiendo los migrantes y refugiados, hemos tenido que hablar sobre el odio, porque nos dimos cuenta de que está en aumento debido a la aplicación de leyes antiinmigrantes, y que está de moda en casi todos los países del mundo. El odio de repente parecía algo nuevo y normal contra del migrante y refugiado. Sin embargo, en una sociedad individualista dominada por el sistema de mercado neoliberal, el odio ha ganado amplios espacios en televisores, en las redes sociales, la vida cotidiana de muchas personas y llegando a ser algo natural. Qué tristeza ver lo que está pasando en nuestra sociedad en el ámbito de los tomadores de decisiones de los Estados en relación a los migrantes y refugiados, donde el AMOR hacia el prójimo ha sido reemplazado por la furia del odio hacia las masas pobres en movilidad.

El actual modelo socioeconómico de mercado niega el verdadero sentido del amor solidario, menospreciando la relación entre fe, vida y política; imponiendo clases sociales causando una constante conflictividad ente los defensores del amor y los que promueven odio; donde los privilegiados económicamente son los primeros amados por el poder del mercado, mientras tanto, los pobres y marginados del sistema no son merecedores del amor, por la imposibilidad de competir con el sistema neoliberal. De esta forma, prevalece la lógica perversa de la política económica de exclusión y rechazo, imposibilitando la reconstrucción del derecho humanitario internacional para el fomento de políticas públicas basadas en el amor igualitario. Esto significa que la experiencia en la construcción de sociedades igualitarias para reducir los grandes flujos migratorios, todavía es una gran utopía en construcción. ¿Por qué no nos preguntamos por qué existe tanto odio hacia los migrantes y refugiados? ¿Por qué no amamos verdaderamente al más débil? ¿Cómo llegamos a odiar al migrante y refugiado? ¿Qué impulsa el odio en nuestra sociedad? ¿El odio nace realmente del corazón humano? ¿Es parte del colectivo? Y si viene del sistema de mercado neoliberal, ¿Seguirá ampliando la brecha de la desigualdad entre ricos y pobres? ¿Es el odio como los dioses idólatras que destruye vidas?

Infelizmente, el odio proviene del modelo capitalista competitivo, que impone fronteras para dividir las naciones ricas de las subdesarrolladas. Esto proviene del modelo económico salvaje, donde la naturaleza del actual sistema promueve la competencia desenfrenada, poniendo en riesgo nuestras vidas y las vidas de los demás, y de las comunidades con las que vivimos y luchamos para impedir tantas injusticias.

Es necesario pensar un poco más sobre los efectos en la vida de millones de migrantes y refugiados. Es importante revisar las instituciones y los poderes que están a nuestro alrededor como; la familia, las iglesias, la televisión, los políticos, los que gobiernan y los empresarios, ¿nos enseñan el amar o el odio hacia el otro distinto?

En pleno siglo XXI debemos de tener una conciencia clara de que existe una verdadera economía política de afecto que incide directamente sobre tanta gente que toma la decisión de amar los centros comerciales y las mercancías, en lugar de promover el amor por el conocimiento y el respeto por la educación y la escuela. ¿Qué impulsa a tantos seres humanos amar las tecnologías, los automóviles, los teléfonos celulares, los televisores de alta gama y al mismo tiempo reservar su odio hacia los migrantes y refugiados?