El ADN de la Migración

Rodulfo Santizo

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Guatemalteco, migrante, facilitador de procesos para fortalecer el tejido social, visor y monitor del bienestar social, multifacético, persistente, soñador por una Guatemala diferente, gestor en desarrollo.

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Por Rodulfo Santizo
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Hace días en frente del Capitolio en Washington D. C., conversaba con un migrante guatemalteco de Nentón, Huehuetenango, lugar que conozco como la palma  de mi mano, por ser un municipio que lo recorrí de punta a punta en mis tiempos de trabajo en instituciones y organismo de desarrollo desde inicios de los ochenta y años subsiguientes a la firma de la paz.

Y este querido migrante que a sus pocos años decidió iniciar la aventura que muchos de sus paisanos y familiares ya han realizado y por comentarios que él mismo me hizo han sido de mucho éxito, porque sus familias y conocidos han ido mejorando su situación económica en términos de una vivienda digna, vestuario y comida para que los niños vayan a la escuela y sobre todo mejores condiciones de vida para la familia en general, producto del viaje a Estados Unidos y las remesas.

Admiro la valentía de este muchachito que a sus 16 años toma ese riesgo de dejar todo por venir a buscar oportunidades que allá en su comunidad no las tuvo, él es oriundo de una comunidad de reasentados, hijo de un refugiado que migró a México en el 81, junto con su padre y luego retornó a Guatemala, al firmarse la paz en 1996 porque un grupo de refugiados decidieron comprar una finca para reinsertarse a la economía luego de ser expulsados por el Conflicto Armado Interno que duró 36 largos años y que dejó muerte y destrucción del tejido social en muchos municipios del interior de Guatemala, principalmente en el occidente.
 
Esos tiempos de difícil permanencia en esas regiones de Huista, a muchos comunitarios vi partir, dejando sus pertenencias, llorando y con sentimientos de nostalgia e impotencia por no poder hacer nada ante tal situación de expulsión por estar sometidos a la discreción de unos operadores mal intencionados con poder bélico y poder de gobierno arrasador con el lema de comunidades arrasadas, quemadas y desaparecidas. 

Este patojito tiene en su ADN la migración por herencia familiar, porque sus abuelos y sus padres migraron en 1980 buscando refugio a Campeche, al salir corriendo porque eran perseguidos y acusados injustamente de ser subversivos, solo por vivir en una comunidad que a criterio de los que querían acabar con las aldeas indígenas, que ellos consideraban como caldo de cultivo para la insurgencia.

Da la casualidad que conocí a estas tres generaciones por asares de trabajo en regiones de Huista, Huehuetenango y luego ahora como parte de la diáspora guatemalteca en los Estados Unidos, como me ha pasado con otros migrantes que los he reconocido en sus lugares de origen, como me pasó con unos amigos de San Francisco y San Luis Petén, personas que conversando en la calle nos identificamos y al desarrollo de la plática nos dimos cuenta que conocíamos sus lugares originarios.

Experiencias muy bonitas y sobre todo la de este joven que me llamó la atención por su temprana edad, al verlo ya convertido en un verdadero soñador de ilusiones para lograr desarrollar a su familia en ese querido Nentón, de las montañas de Chacula, la laguna Brava, Ruinas de San Francisco, Río Lagartero y donde las chachalacas dan sus característicos cánticos.