Educación y Salud

La economía de Guatemala funciona, literalmente, al ritmo de las remesas que envían los guatemaltecos que viven en el extranjero y que se parten el alma trabajando para aportarle a sus familias que quedaron en la patria. Eso no es suficientemente valorado por la sociedad guatemalteca que da por sentado que el chorro de dinero seguirá llegando eternamente y de esa cuenta no hay mucho interés por vigorizar el mercado interno ampliando la oferta de trabajo y, sobre todo, de salarios justos y dignos.

Pero también es importante que el migrante que hace ese extraordinario aporte tome en cuenta el significado no solo nacional sino familiar de sus envíos, puesto que constituyen una herramienta importante para impulsar desarrollo, supliendo así la incapacidad del Estado para ofrecer las oportunidades. Y llama la atención que de los envíos tan solo un 8 por ciento se destina a salud y educación, no obstante que en esas áreas la cobertura del Estado es totalmente ineficiente.

La educación es la clave del desarrollo del país, pero para lograrla hace falta también mantener la nutrición y salud de nuestros niños. Recientemente, alarmada por la cantidad de niños desnutridos en Guatemala, la fiscal general Thelma Aldana anunció que investigará para castigar penalmente a los funcionarios que no han cumplido con su responsabilidad y deber de atender las necesidades de la población. Tenemos que admitir que el dinero en Guatemala se lo roban los funcionarios desviándolo del fin que tiene la contribución de cada uno de los que pagan impuestos.

Quienes trabajan tan duro en Estados Unidos para mejorar las condiciones de sus familias que sueñan con llevarlos algún día a compartir con ellos o en volver a Guatemala para revivir esa vida familiar rota a partir de la migración. En ambos casos, sea que los hijos puedan emigrar algún día o que el migrante retorne, la inversión que se haga en salud y educación será la más duradera para asegurar un mejor futuro a sus hijos. Cambiar el modelo de vida de nuestro país pasa, necesariamente, por mejorar las condiciones del aprendizaje. Muchos compatriotas que están viviendo en el extranjero se lamentan por las oportunidades que no tienen debido a las deficiencias que hubo en el sistema educativo que no les permitieron capacitarse plenamente para aspirar a puestos calificados.

Educar a nuestros hijos es asegurar que tendremos una Patria mejor, con ciudadanos más comprometidos para cambiar las condiciones de un país que se resiste a ofrecer oportunidades a sus habitantes. Invertir en una niñez sana y educada es apostarle de verdad al futuro.