Democracia, migraciones y elecciones en Estados Unidos

Mauro Verzeletti

[email protected]

El Padre Mauro Verzeletti, CS, pertenece a la Congregación de los Misioneros de San Carlos Scalabrinianos. Fue ordenado sacerdote en Brasil en 1993. Estudió Filosofía y Teología, Ciencias Sociales y Políticas. Luego de su ordenación, fue enviado como misionero en la frontera entre México y Estados Unidos, para servir y defender los derechos humanos de las personas migrantes. En 1998 fue enviado a la Guatemala para servir en la Pastoral del Migrante en la Arquidiócesis de Ciudad Guatemala y en la Conferencia Episcopal de Guatemala. También coordinó por años la Región la Red Internacional para las Migraciones Scalabriniana –SIMN- Desarrolla el trabajo pastoral junto a los migrantes y refugiados en la Región Centroamericana. Los Misioneros S. C. Scalabrinianos están al Servicio Pastoral junto a los migrantes, refugiados, desplazados y deportados. Actualmente, ejerce la función de Director de la Casa del Migrante de Guatemala y El Salvador. Él es conocido dentro de los medios sociales como la voz de los migrantes por su compromiso y lucha constante en la denuncia de las injusticias.

post author

Pbro. Mauro Verzeletti, cs
Director de la Casa del Migrante Guatemala y El Salvador

La campaña electoral en Estados Unidos en tiempo de la pandemia COVID-19, trastoca el fundamento de la verdadera democracia y evidencia que todos los protocolos sanitarios fueron puestos por tierra, desmantelando las recomendaciones técnicas y científicas en el combate a la epidemia.

El verdadero sentido de la democracia real está lejos de ser la utopía que lleva a la humanidad a creer en un nuevo horizonte de esperanza. El modelo neoliberal implementado en las décadas de los ochentas y noventas se ha caracterizado por ser antidemocrático, cooptado por facciones de la extrema derecha empresarial destruidora del tejido social a nivel mundial, dada altamente a la corrupción, la xenofobia y el racismo, sembrando odio y división en los procesos políticos electorales; por ejemplo, como lo estamos palpando en muchas partes del mundo, las oligarquías y Estados Unidos están financiando golpes de Estado, violando las normas democráticas internacionales; el ejemplo claro lo tenemos en los países de América Latina, siendo los principales Honduras, Paraguay, Brasil, Ecuador, Venezuela y Bolivia.

En estos tiempos de avanzada tecnología deberíamos hacer una radiografía para diagnosticar que tipo de virus cancerígeno ha sido inyectado en la mentalidad popular, ese virus que ha logrado corromper los más grandes ideales que movían la historia de la humanidad hacia las grandes trasformaciones, encaminadas hacia el horizonte de la verdadera utopía y que se centralizaba en la acción de dignificación y restablecimiento de los derechos humanos fundamentales inherentes de cada persona.

Por lo tanto, en el apogeo de la globalización tecnológica y con la implementación del sistema de mercado neoliberal, pretendo hacer algunas consideraciones puntuales a partir de la realidad socioeconómica y política mundial. En primer lugar, las fuerzas políticas que han emergido en los últimos tiempos demostraron que, en sus políticas de Estado beneficiaron a un sistema económico de privatizaciones a provecho del capitalismo empresarial más salvaje de la historia de la humanidad. En ese contexto, lograron extorsionar al pueblo ideológicamente, presentándose como “gobiernos de cambio”, “salvadores de la patria”, usando las redes sociales para manipular a ciertos sectores sociales, imponiendo un sistema de justicia criminal de odio, mentiras, violencia, acusaciones falsas empoderadas desde las fake news.

La demagogia política de grupos de poder económico, defensores del neoliberalismo, ultraconservadores y de extrema derecha, se han divinizado poniéndose por encima del Dios verdadero a través de un centralismo demagógico político, otorgándose la potestad de salvadores. Infelizmente, estamos viviendo la era del sectarismo político que desprestigia a la institucionalidad del Estado de Derecho Democrático negando la participación ciudadana. Esta realidad la hemos evidenciado durante la pandemia con el galopante crecimiento de la pobreza, pobreza extrema e incremento de los flujos migratorios masivos. En la misma dinámica han seguido las deportaciones, cierre de fronteras, criminalización de los excluidos y marginados; mientras tanto, la brecha de la desigualdad social creció sin precedentes, ricos haciéndose más ricos y los pobres haciéndose paupérrimos.

En segundo lugar, constatamos con extrañeza el comportamiento de las fuerzas del poder económico político a nivel nacional e internacional del mercado total divinizado y globalizado, que sofocan e imposibilitan la construcción de mecanismos normales para consolidar la democracia de cara al fortalecimiento de la institucionalidad del Estado de derecho con amplia participación de la ciudadanía. A partir de la supresión de la democracia del pueblo para el pueblo, la pirámide social del poder económico y político favorece la concentración de la renta y la riqueza en manos de algunos individuos, tornándolos en multimillonarios prácticamente de la noche a la mañana.

En ese contexto, las clases dominantes son dioses que toman decisiones a través de la colonización de la economía y la política, haciendo que la “democracia” pase a ser obsoleta y desacreditada en el actual modelo de mercado neoliberal, a ejemplo Donald Trump, que pone en riesgo los mecanismos reales de la gobernabilidad de Estado democrático. A partir de la ética política la función de la democracia consiste en la consolidación de un sistema político verdadero de búsqueda del bien común para todos los ciudadanos.