De fronteras y otros limites mentales

Por Juan-Enrique Yantuche

Pienso en la actualidad de mi querida Guatemala y solo puedo pensar en lo atemporal que resulta la estrofa de una canción: “un planeta decadente, donde un burro es presidente”. Aunque esta canción tiene algunos años resulta que la sombra de nuestros errores se repite cada cuatro años y cada elección peor que el anterior, seguramente se debe a que los retos se vuelven más demandantes y nuestra capacidad de respuesta es cada vez más lenta, obviamente mermado no solo por la incapacidad en la toma de decisiones, sino que también influyen los factores de la corrupción.

Es imposible hacer las comparaciones no solo en cuestión política sino también en cuestión de recursos, me resulta increíble pensar en la fortuna que tenemos los guatemaltecos de tener una tierra tan abundante, que si bien es cierto es incierta por los desastres naturales, es muy evidente que la riqueza que tenemos y nuestra posición es envidiable.

Naturaleza, comida, una tradición milenaria, gente abierta, recursos casi inagotables en la siembra y sobre todo nuestro capital humano dispuesto a trabajar, hacen de Guatemala un lugar increíble para la inversión extranjera, que definitivamente existiría si existieran las condiciones ideales que garanticen el desarrollo integral y económico de las empresas, así como sus colaboradores.

Me encuentro en el norte-centro de Europa y con la venida del otoño vienen también los cambios de humor y sobre todo la escasez, comida de conservas, clima más frío y menos horas de sol, en este país los habitantes trabajan incluso cuando las condiciones no son las mejores para desenvolverse, pero siempre existe un respaldo total de sus gobernantes, que como en todo el mundo no es perfecto, pero se puede ver la inversión de los impuestos que sus habitantes pagan.

Y aunque soy creyente que hacer comparaciones es algo odioso, me resulta inevitable pensar que un país con tan pocos recursos tenga más desarrollo que Guatemala, dónde como lo he dicho antes existe tantas vías de inversión y desarrollo. Eso sí con un capital descentralizado y un gobierno comprometido a que la población viva de la mejor manera posible.

¿Hasta cuándo tendremos la oportunidad de desarrollo para las pequeñas empresas? ¿Hasta cuándo el gobierno le dará prioridad al turismo? ¿Hasta cuándo dejaremos que los ricos de siempre sigan hartándose de nuestros recursos? ¿Cuándo volverá otra crisis como la de coronavirus y entonces sí Guatemala sucumbirá totalmente?