Anécdotas de aquellos dorados tiempos, que me tocó vivir

Rodulfo Santizo

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Guatemalteco, migrante, facilitador de procesos para fortalecer el tejido social, visor y monitor del bienestar social, multifacético, persistente, soñador por una Guatemala diferente, gestor en desarrollo.

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Antes que nada quiero desearles un 2020 lleno de mucha salud, paz, amor, trabajo y sobre todo buena armonía y convivencia familiar para que todos los migrantes y todos los guatemaltecos sigamos construyendo nuestro mejor futuro.

Hoy quiero salirme un poco de los temas que normalmente escribo, y contarles parte de muchas anécdotas e historias para recordar esos tiempos que me tocó vivir en el extensionismo rural, precisamente en Huehuetenango, bello departamento lleno de muchos recursos, ecoturismo, diversidad agroclimática, multiculturalidad y sobre todo su gente maravillosa que por donde se encuentre y le toque actuar, ¡hace la diferencia!

Empezaré por contarles lo que pasó en la fecha 23 de diciembre de 1981, luego de disfrutar de los convivios institucionales navideños, muy tradicionales y que nosotros mismos costeábamos en buena camarería con todos los funcionarios y amigos; nos despedíamos de todos y nos preparándonos para partir a nuestras casas a pasar las fiestas navideñas y año nuevo para disfrutar con nuestras familias, recuerdo a mis compañeros de trabajo alistándose para visitar a nuestras familias, la gran mayoría de técnicos éramos de Quetzaltenango, San Marcos, Quiché, etc., nos dimos todos un abrazo de Feliz Navidad y nos dijimos nos vemos en el 82 con nuevas energías para seguir trabajando por el sector agro pecuario huehueteco.

Normalmente el trabajo en esas épocas del año bajaba considerablemente y nos concentrábamos en la atención de casos clínicos de ganaderos que llegaban a buscar ayuda a la oficina para curar sus animales, siendo la Dirección General de Servicios Pecuarios _DIGESEPE_, la que los auxiliaba ante cualquiera circunstancia que se les presentará en la salud de sus animales.

Eran las 5 de la tarde y nos encaminábamos ya para partir a Quetzaltenango, cuando oí un gran grito _ Don Mincho_ por favor no se vayan y nos dijo mis ovejas se me están muriendo, era el grito de un usuario ovejero de Chiabal Todos Santos Cuchumatan, ovinocultor que tenia un rebaño que sobre pasaban las cien ovejas y era de actuar rápido para que no siguiera la mortandad, porque era su principal fuente de ingresos.

La historia clínica y sintomatología descrita por el ovinocultor era fácil de dar con el diagnóstico y actuar lo más rápido posible para evitar mas pérdidas y consecuencias desastrosas, llevando la medicina indicada. Coincidimos que la enfermedad era el gusano de la nariz (Oestrus ovis) y teníamos que llevar Neguvon.

Para que tengan idea de que es el famoso gusano de la nariz en las ovejas, se los detallo así: es una especie de díptero de la familia Oestridae, cuyas larvas causan la miasis conocida con el nombre de oestrosis ovina, enfermedad también llamada rinitis-sinusutis parasitaria.
En ocasiones, según los síntomas y la evolución de la enfermedad, se llama también falso torneo o falsa locura de los lanares. Ataca preferentemente lanares, se han visto casos en cabras y a veces en humanos; el diagnóstico por experiencia era fácil de suponerlo sin ver los animales.

Seguimos la conversación para afinar detalles y posponer el viaje de navidad hasta después de ir a salvar estos animales a la cumbre de Los Cuchumatanes, el problema era que en la oficina ya no teníamos en existencia esa medicina (neguvon), solamente había jeringas para su aplicación oral y otra era de que las veterinarias a esa hora estaban ya cerradas.

Total, hicimos nuestro esfuerzo para ir a buscar a los dueños de las agropecuarias y comprar la medicina, la cual se adquirió como a las 8 de la noche; teniendo los recursos en nuestro poder, decidimos irnos el 24 de diciembre a las 2 de la mañana a Chiaval Todos Santos Cuchumantan y trabajar el rebaño en plena madrugada para regresar a ciudad Huehuetenango y luego partir a Quetzaltenango para pasar las fiestas navideñas con nuestras familias.

Salimos para la comunidad, recuerdo a Carlos Ordóñez (camarón) y Aníbal Gómez Quiñónez (el pato), pensamos en pasar trayendo a Epifanio López Alva a San Nicolás Chiantla, lo que nos podía quitar tiempo y esperábamos no tener contratiempos; lo importante fue que al llegar a la casa del usario, nos estaban esperando con un típico desayuno a la orilla del pollo y ese calorcito que el fuego da en esas viviendas del altiplano del nor occidente, donde le frío es intenso en esas épocas del año.

Desayunamos muy temprano, mientras salía la luz del día para trabajar el rebano, cuando ya vimos luz solar, pudimos apreciar un paisaje único e incomparable al ver los árboles de cipreses llenos de copos de nieve, era algo impresionante que solo en esos días se podía, !ver al natural!

Total nos fuimos inmediatamente a trabajar y medicar a los animales, confirmando el cuadro clínico y diagnostico, trabajo que nos llevo unas 4 horas entre corrales con mucho lodo y el olor característico que dejan las ovejas cuando se las maneja y medica, al final fue un proceso de facilitación del aprendizaje por medio del método aprender haciendo, porque al ovinocultor se le enseñó a identificar inmediatamente los síntomas de la enfermedad y a dosificar al “ojo por ciento”, calculando el peso de los animales y dejarle un plan profiláctico para que lo pusiera en práctica.

Esto fue una experiencia maravillosa y mucha satisfacción, cumplimos con nuestro deber y llegamos a tiempo a nuestras casas a pasar las fiesta de fín de año, se los cuento para compartir un poco de los buenos momentos que pasamos y disfrutamos los que tuvimos la suerte de ser extensionistas del MAGA, un saludo y honor al merito a muchos amigos que pasaron muchas experiencias muy parecidas.