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SU HISTORIA ESTÁ REGISTRADA EN EL LIBRO “LOS HILOS QUE TEJEN”

Vilma Palencia: Un ejemplo de lucha que vivirá en el corazón de sus familiares y amigos

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Vilma Palencia: Un ejemplo de lucha que vivirá en el corazón de sus familiares y amigos

Por Patricia Veliz Macal
patymacal@aol.com

Vilma Palencia llegó a Estados Unidos por asuntos políticos, puesto que su esposo estaba amenazado de muerte y temía que le pudiera pasar algo. Esto es lo que relató para el Libro
“Los Hilos que Tejen”:

“Yo venía acá solo por 3 meses y todavía estoy aquí. A mi esposo no lo habían matado; desapareció al año de haberme venido”, dijo.

“A él le llegaban anónimos de que lo iban a matar”, comentó sobre su esposo, con quien tenía una panadería y a quien asegura que le decían que se la iban a quemar.

“Una vez que vinieron los soldados a buscarlo, él pudo escapar vistiéndose de mujer y cubriéndose la cara salió por atrás de la casa. En otra ocasión que íbamos con un amigo buscando a mi esposo que no había llegado a la casa, un jeep del ejército de Guatemala nos interceptó.

Al amigo lo sacaron y lo mataron, a mí me amenazaron con la pistola. Al otro día fui a dejar pan a la base militar (porque los abastecíamos) para ver si allí tenían a mi esposo pero no nos dieron ninguna información. Él tenía 33 años cuando desapareció. Lo amé con toda mi alma. Era un buen hombre pero tenía inyectada en su mente y su cuerpo la política. No lo paró el amor a sus hijos, no lo paró el amor a su negocio; solo lo paró la muerte. Lo más duro para mí fue dejar a mis hijos. No los dejé abandonados porque se quedaron con mi suegra. Después fue mi madre quien los cuidó”, aseveró.

“Tenía año y medio de estar aquí (en Estados Unidos) y me traje “mojadas” a mis dos niñas, pero al tiempo las regresé porque les estaba tramitando sus papeles. Tomó 4 años para que les salieran los documentos a mis cuatro hijos para poder estar legales en este país”, relató.

“El mayor ya estaba aquí y trabajaba en el ejército, él entró legal. Para mí fue muy difícil obtener mis documentos. Trabajaba como cargadora en una tienda de novedades, recibía y entregaba mercadería. El dueño me veía llorar mucho y le conté mis problemas. Este señor tendría como 30 años de vivir con su pareja, era gay; y me sugirió que le pidiera permiso a su pareja para que él se casara conmigo y así podría obtener los documentos para mi residencia en este país.

A su pareja no le tenía mucha confianza pero me atreví a hablarle ya que pensaba que lo peor que podía pasar era que me dijera que no. Él se apiadó de mí porque vio que mi llanto era por la ausencia de mis hijos. Me imagino que ellos ya habían hablado porque dijo que ya sabía algo de mi historia y me dio la autorización para que me casara con su pareja. A los seis meses de casada obtuve mis papeles. El 12 de Septiembre de 1973 ya era residente legal de este país”, recordó.

“A mi esposo, Guillermo Alfonso Palencia Abadía, lo habían matado en Guatemala. Querían que presentara un acta de defunción y como mi esposo fue desaparecido y nunca encontraron su cadáver, no existía ningún documento.

En Estados Unidos trabajé repartiendo periódicos, limpiando oficinas, y llegué a tener tres trabajos al mismo tiempo. De un trabajo llegaba a donde venía a comerme un pan con café, una amiga me pasaba a traer en su carro y nos íbamos a limpiar oficinas y el otro día temprano a trabajar en un hotel en el centro de Los Ángeles.

Trabajaba once horas todos los días. Quería ahorrar mucho para traerme a mis hijos y los traje en enero del año 1974. Alcancé muchos logros; saqué mi diploma de High School (escuela secundaria), licencia para trabajar en hospitales como asistente de enfermera y para sacar rayos X.

La satisfacción más grande para mí era que todos mis hijos terminaron sus estudios. Mi hijo Guillermo se fue al ejército por cinco años. Fue al Japón, Corea, es un veterano de Vietnam. Rolando sacó una licenciatura en historia, Enedía tiene una maestría en finanzas; Roderico, estudios de contabilidad y Vilmita hizo cursos en el colegio.

Apoyé a muchas personas a venir a vivir aquí. Con mi hermana Dora Duarte, que ya falleció, nos venimos juntas y poco a poco empezamos a traer a nuestros hermanos, sus esposas e hijos. Ahora con hijos y nietos nacidos en este país sumamos más de 50 personas. Ella y yo siempre nos apoyamos mutuamente. Si ella tenía un problema yo la ayudaba y pienso que todas las mujeres tenemos la buena voluntad de apoyarnos entre nosotras y cultivar el amor en la familia”, destacó.

“Recuerdo que cuando trabajé de enfermera en un hospital de convalecientes me deprimía mucho porque hay muchas personas que están solas y sus familias o la vida se han olvidado de ellas.

Algunos lloraban al ver su soledad y yo me ponía a llorar con ellos. Sólo trabajé tres años en ese lugar porque no me sentía bien con tanto dolor”.

La guatemalteca se describía como una mujer atrevida y luchadora. La fe en Dios y el trabajo que uno tiene que poner en su persona es lo que dará resultado.

“A las mujeres que piensan venirse les digo que luchen por traer a sus hijos con ellas. Que nunca dejen que crezcan sin sus padres. Puede que tengan el apoyo económico pero no tienen cerca de ellos el amor de su madre. Si no los pueden traer con ella, que se regresen a su país”, apuntó.

Vilma Palencia†

Un gran ser humano, ejemplo para muchas mujeres, luchó hasta el final de su vida que se extinguió el 26 de agosto del 2015 para dejar un legado de sabiduría,

fortaleza y amor a su familia y a la comunidad. ¡Vivirá siempre en nuestros corazones! Descanse en paz.

MÁS INFORMACIÓN

Los Hilos Que Tejen
www.loshilosquetejen.com
Generaciones en Acción
www.generacionesenaccion.org

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