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Un año muy especial

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Un año muy especial

POR DOUGLAS GÁMEZ
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Probablemente la fecha de esta publicación no coincida exactamente con el primer Aniversario de La Hora Voz del Migrante, pero simbólicamente hemos llegado al primer año de publicaciones.

Ha sido un año extraordinario como lo he expresado en otras columnas, 365 días de aprendizajes y de conocer a gente extraordinaria que radica principalmente en Estados Unidos.

Un año de muchas satisfacciones, de trabajo en equipo, de lágrimas y sonrisas, de prueba y error. Aunque puedo asegurar que han sido más satisfacciones y sonrisas.

Hemos aprendido en el camino, mejorado y reorientado el andar cuando fue necesario.

No hay espacio suficiente para mencionar a cada una de las personas que hemos podido entrevistar. A todos ellos, gracias por confiar en nosotros. También merecen especial atención todos los colaboradores que desde Estados Unidos han sido nuestros enlaces y nuestra mejor representación ante la comunidad.

El trabajo en equipo ha sido vital desde la Dirección, Redacción, colaboradores, correctores, diagramadores, distribución, todos han permitido que el guatemalteco, salvadoreño, hondureño o cualquier otro se exprese y que esa voz sea escuchada por sus compatriotas.

Mi carrera es corta aún, precisamente en un mayo de 2011 empecé esta aventura del periodismo. Mi primera oportunidad fue en el campo institucional, luego tuve otros espacios hasta que La Hora confió en mí para emprender una nueva etapa profesional.

El día a día es corrido, satisfactorio, complejo y complicado en ocasiones, pero llena el saber que desde este lugar se contribuye a una mejor Guatemala. La Hora Voz del Migrante permite tener esa sensación con un extra.

Es inexplicable y difícil de plasmar en letras, pero La Hora Voz del Migrante posee una mística y permite tener una cercanía con el guatemalteco migrante que motiva a continuar luchando e informando por un país mejor que no les expulse como sucede ahora.

Cumplimos un año y no queda más que decir: gracias, desear que sean muchos más años, seguir creciendo, aprendiendo, sonriendo, retomando el camino, pero siempre de la mano del migrante y del guatemalteco para construir una Guatemala para nuestros hijos en la que puedan tener acceso a esas oportunidades que se nos han negado.

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