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CONOCER SUS DERECHOS Y EMPODERARSE ES VITAL

Trabajo “doméstico”: Somos madres luchadoras; sigamos con la frente en alto porque esta labor es digna de la mujer hispana

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Trabajo “doméstico”: Somos madres luchadoras; sigamos con la frente en alto porque esta labor es digna de la mujer hispana

Por Grecia Ortíz
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Palabras de Viviana invitan a miles que luchan desde un oficio difícil, pero digno y honrado

Es un trabajo difícil y requiere de una determinación especial pero muchos migrantes limpian casas y sobrepasan las horas establecidas con tal de sacar adelante a las familias que han dejado atrás. Una organización estima que son más de dos millones, la mayoría mujeres de otros países que laboran en Estados Unidos, muchos de ellos no conocen sus derechos laborales, por lo que expertos en el tema los animan a que lo hagan con tal de poder defenderse ante posibles abusos.

Viviana, Beatriz y Leonel son solo tres ejemplos de guatemaltecos que por años han trabajado en el oficio de limpiar viviendas y edificios en Estados Unidos, algunas veces sin que esto se traduzca en empleos con salarios y jornadas de pagos justos, pero el deseo de que los suyos se superen puede más que cualquier otro obstáculo.

Por ese esfuerzo, la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar busca que las personas se informen y conozcan cuáles son sus derechos. La activista guatemalteca Gilda Blanco recomienda asistir a organizaciones locales para empoderarse.

DECIDIDA A SACAR ADELANTE A SUS HIJOS EN JUTIAPA

La historia de la connacional Viviana no es distinta a la de Leonel y Beatriz, porque su ideal es el mismo. Ella mantiene a sus hijos que aún viven en Guatemala.

Viviana dejó con familiares a sus cuatro hijos en Jutiapa Guatemala y migró hace 12 años sin el respaldo de documentación legal. En una entrevista para La Hora Voz del Migrante recordó que el primer trabajo que le consiguieron fue en la limpieza de casas.

Desde entonces ha vivido en Nueva York, “el primer trabajo que tuve fue de cuidar cinco niños, después trabajé con personas de varias nacionalidades y después por una compañía me consiguieron el trabajo que tengo”, en esta última empresa ha trabajado por 10 años.

En la casa donde vive y trabaja la guatemalteca ayuda a cocinar, limpiar, lavar, planchar y asear la vivienda. Sabe que es un trabajo duro pero honesto.

Cuenta que extraña a su país pero la responsabilidad no le permite bajar la guardia, porque en Guatemala mantiene a un hijo que tiene discapacidad y otros dos que están estudiando.

SUS HIJOS LA ADMIRAN POR SU ESFUERZO

La guatemalteca siempre trata de ocuparse de su hijo y sabe que todo lo que hace es por su bienestar.

“Mis hijos me admiran mucho, mis hijas me quieren mucho porque soy papá y mamá a la vez, porque el papá prácticamente se desentendió de ellas, él estaba acá, yo en Nueva York y él en Boston, y cuando estuvo aquí se dedicó a tomar y andar en malos pasos, por eso decidí dejarlo y luchar por ellos”, comentó.

HASTA 15 HORAS DIARIAS

Los horarios dependen de si viven y trabajan en el mismo lugar, como sucede en su caso, por lo que ha llegado a trabajar hasta quince horas diarias.

Carpio señaló que sus jefes son buenas personas porque le dan tiempo para que pueda descansar y ver televisión o si desea descansar un momento de sus labores.

“Tengo muchas amistades que trabajan en esto, pero la que más trabaja soy yo, son muchas las horas de trabajo… esto es lo que me ha dado fuerzas a seguir y seguir luchando por ellos”, anotó.

Finalmente comentó que conoce a varias amigas que trabajan limpiando dos casas diarias, “pero yo les mando un mensaje de que sigamos luchando, como madres luchadoras que somos y adelante con la frente en alto porque esta labor es digna de la mujer hispana. Nunca hay que dejarnos humillar por nadie, todos somos iguales y somos mujeres luchadoras”.

VIVEN Y TRABAJAN EN EL MISMO LUGAR

La guatemalteca Beatriz Pocasangre, residente en Nueva York, relató a La Hora Voz del Migrante que cuando llegó a Estados Unidos trabajó como interna por espacio de dos años en una vivienda y solo la experiencia es la que permite que se puedan superar y tomar otros trabajos.

Pocasangre recordó que primero trabajó limpiando casas y ahora cocina para familias judías.

Su trabajo consistía en ordenar la casa, limpiar y cocinar alimentos para las familias que la contrataban, lavando trastes y planchando ropa.

“Se planchaba bastante, ahora parece que ya no es mucho aunque sí hay muchas muchachas que todavía se quejan que trabajan mucho de esa manera, yo en lo personal, descansé hace mucho tiempo de todo eso, a veces me toca limpiar la cocina pero eso para mí no es tanto trabajo”, dijo.

SUS HIJOS LA MOTIVARON A SEGUIR

Con los años, cocinar se ha hecho una costumbre para Pocasangre y el modo que encontró para sobrevivir. La guatemalteca cuenta que tiene a varias conocidas que se quejan de las largas jornadas laborales que deben trabajar cuando se trabaja en el hogar.

“Dice que cuando están como internas es mucho el abuso, porque ya a las 8 de la mañana están de pie y no tienen hora para terminar en la noche y todavía hay muchas que lo hacen así y yo las entiendo porque dicen que tienen necesidad y dinero por enviar a sus familias”, anotó.
En su caso lo que la motivaba a trabajar era mantener a sus hijos, porque sabía que dependían de su sueldo y por eso es consciente de que ese tipo de empleo es pesado, porque no hay una hora en que termine sus labores.

Otros casos que conoce son de migrantes que deciden trabajar por día y limpian varias casas, un oficio que también es demandante aunque no comparado cuando se está viviendo y trabajando en la misma vivienda.

“No tienen hora fija para descansar porque en la noche ya bajan muertas para descansar, se trabajan bastantes horas en esto”, señala.

LIMPIANDO EDIFICIOS

Por más de 15 años y desde que migró el guatemalteco Leonel Arenas, ha trabajado en Estados Unidos en la limpieza de edificios, lo que le permitió apoyar a su familia originaria de Escuintla.

Cuando se encontraba en otro trabajo, Arenas estaba involucrado en un sindicato de trabajadores con quienes recibía orientación, pero desde que se retiró del mismo la situación ya no es igual.

No obstante, afirmó que aunque tenga un apoyo los abusos se mantienen, porque algunos patronos siempre buscan la manera de incomodar a migrantes para que se desesperen al asignarles una mayor carga laboral.

“A través del sindicato conozco cómo defenderme, cómo hacer valer mis derechos y hasta el momento no he sido una persona abusada porque siempre traté con educación al poner a mi jefe en su lugar”, comentó.

El trabajo que realizaba era difícil porque se le asignaban oficinas en donde había que limpiar y quitar polvo, pasar la aspiradora, limpiar los baños, poner papel, trapear, botar basura, mientras que en el área en la que está ahora el pago es menos, pero el trabajo siempre sigue siendo el mismo con la diferencia que ya no entra a limpiar oficinas.

Para el entrevistado el pago no compensa lo que hace, pero considera que la situación cambió desde que comenzó el gobierno del presidente Donald Trump.

Su jornada laboral inicia a las 8 de la mañana y termina a las 16:30 horas, la cual realiza de lunes a viernes, incluyendo los treinta minutos de almuerzo.

El connacional sugiere que quienes trabajen en este sector evalúen que no haya exceso de trabajo y que se pueda reclamar con el sindicato, en caso se tenga al alcance una organización en la empresa.

El trabajo de Arenas permitió que sus hijos residentes en Guatemala costearan sus estudios y salieran adelante.

TAMBIÉN TIENEN DERECHOS

Gilda Blanco nació y creció en el departamento de Izabal en Guatemala pero la necesidad y su deseo de ayudar y aportar más a su familia la llevó a migrar a Estados Unidos. Trabajó por años limpiando viviendas hasta que decidió empoderarse y unirse a la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar.

La organización para la que la guatemalteca colabora es conocida por ser la principal voz por buscar la dignidad y respeto a los derechos de millones de trabajadores del hogar en Estados Unidos, que en su mayoría son mujeres.
También educa a los empleadores o los dueños de casas, “no estamos ayudando en esas casas… es nuestro lugar de trabajo. Estamos transformando la industria de limpieza de casas”.

SECTOR EXCLUIDO

Blanco dijo a La Hora Voz del Migrante que al igual que en Guatemala, en Estados Unidos existen muchas violaciones a los derechos laborales, sobre todo por parte de personas que tienen recursos económicos y que se aprovechan su posición.

“El trabajo del hogar, históricamente es un sector excluido de las leyes laborales y cuando una persona nos contrata y nos dice que lleguemos a limpiar su casa, los hogares se convierten en un lugar de trabajo en el que merecemos un trato justo y salario digno”, dijo.

Para la connacional, por desconocimiento los mismos trabajadores con la falta de información contribuyen a que los abusos continúen, sumado al miedo de las mujeres a perder su trabajo, por lo que no asisten a las organizaciones locales en las que podrían informarse de sus derechos.

MERECEN UN TRATO JUSTO, RESPETO Y SALARIO DIGNO

Son más de dos millones las mujeres que están trabajando ahora en los hogares en EE. UU. y la mayoría, según Blanco, desconocen sus derechos.

Considera que el empoderamiento para la mujer guatemalteca es vital, porque con ello se pierde el miedo y se exigen los derechos que le corresponden, que incluyen respeto y un trato justo en la casa en donde trabajan, con un salario digno.

“Hay muchas trabajadoras que están en organizaciones locales, trabajando para impulsar y ver cómo transformar normas y condiciones laborales más justas a través de las cartas de derechos de los Estados Unidos”, explicó.

Para lograr esa educación, Blanco considera que las organizaciones locales deben crear talleres educacionales en donde se den a conocer los derechos y en el caso de la Alianza Nacional de Trabajadoras del Hogar, existe una campaña nacional para que se promuevan y conozcan sus garantías.

MIGRÓ DE ZACAPA A LA CAPITAL DE GUATEMALA PARA TRABAJAR

Verónica Ramírez, originaria de Zacapa, contó a La Hora Voz del Migrante, que desde los doce años ha trabajado en el mantenimiento de hogares, incluso ganando desde Q200 mensuales. Con los años ha ido aumentando progresivamente su salario, aunque no tanto como esperaría.

“Tengo 25 años trabajando como trabajadora doméstica. He  pensado irme para otro lado, pero es muy complicado, con esto yo mantengo a mis papás porque soy soltera todavía y ellos están allá”, comentó.

Ahora la guatemalteca está desempleada y sus padres le han pedido que regrese a su departamento, pero la costumbre y la necesidad de encontrar un empleo hacen que siga buscando una oportunidad, “voy a sacar papeles para meter en otro trabajo y estar en lo mismo pienso yo, porque solo tengo cuarto primaria”, anotó.

NO HA LOGRADO DEVENGAR EL SALARIO MÍNIMO

En Mixco y desde hace 20 años, Margarita Marroquín ha trabajado con varias familias en las tareas del hogar, en donde se ha encargado de lavar ropa y trastes, limpiar la vivienda y preparar el desayuno, almuerzo y cena, además de hacer pagos de la casa.

Por años esa ha sido su vida, aunque nunca ha pensado en dejar a sus hijos para migrar, porque señala que su mamá le enseñó que todo trabajo cuesta, pero si es honrado es digno.

“Cuando mi esposo perdió su trabajo pues decidí trabajar, yo no he estudiado, entonces conseguir otro trabajo era muy duro, pensamos con la familia que yo iba a ayudar y como siempre salen esos trabajos pues ya me quedé en eso”, dijo.

Comentó que ese trabajo le ha dado alimento a sus 4 hijos, aunque los sueldos son bajos, en su caso lo más que ha logrado devengar son Q2, 300.00 y sin pago de prestaciones.

EL 90 POR CIENTO DE EMPLEADORES EN GUATEMALA NO PAGA EL SALARIO MÍNIMO

Maritza Velásquez, ex dirigente sindical y fundadora de la Asociación de Trabajadoras del Hogar a Domicilio y de Maquila (Atrahdom) de Guatemala, señaló que existen varios abusos que se cometen contra quienes desempeñan esta labor, pero una de las más repetitivas es el tema del salario porque no hay establecido un rango para quienes trabajan en los hogares.

“Más del 90% de empleadores no pagan el salario real al trabajo doméstico y lo hacen solo al jardinero, guardia de seguridad, o chofer, pero a mucamas, cocineras o las cuidadoras de niños no lo pagan”, comentó.

Aunado a la falta de un salario mínimo, la mayoría de personas tampoco devenga el pago de prestaciones laborales. Hasta ahora, la entrevistada señala que existe una ausencia de legislación justa.

Estados Unidos explicó que tampoco cuenta con una ley que regularice el trabajo doméstico y que en su mayoría lo realizan mujeres migrantes e indocumentadas.

“La mayoría de las trabajadoras domésticas son migrantes y son de estatus migratorio irregular… la situación de la poca regularidad que se tiene en relación a la migración… esa es la mayor problemática que ellas afrontan, porque viven con un pánico horrible”, puntualizó.

BUSCAMOS HISTORIAS DE HONDURAS Y EL SALVADOR

Además de las historias de guatemaltecos, existen relatos de personas de otros países que también aportan a sus familias con sus trabajos. En La Hora Voz del Migrante nos gustaría publicar sus relatos, si usted sabe de algún caso o desea contarnos su historia, escríbanos al correo electrónico de la reportera Grecia Ortíz: [email protected]

LOS SALARIOS DE ESTADOS UNIDOS Y GUATEMALA

La Ley de Normas Justas de Trabajo de Estados Unidos (WHD según sus siglas en inglés) a 2014, establece que los trabajadores bajo el alcance de la ley y no exentos tienen derecho a un Salario mínimo de US$7.25 por hora en vigor a partir del 24 de julio de 2009, que al mes se traduciría en alrededor de US$1 mil dólares.

Los trabajadores que desempeñen servicios domésticos como: jornaleros, amas de llaves, choferes, cocineros o niñeras empleadas a tiempo completo, están bajo el alcance de la Ley si, trabajan un total de más de 8 horas a la semana para uno o más empleadores, entre otros aspectos.

No obstante, Gilda Blanco, de la Alianza de Trabajadoras del Hogar, refirió que el salario depende del sector o lugar de Estados Unidos en el que se encuentre el trabajador, en los que incluso hay estados en donde pagan muy por debajo del salario mínimo.

Mientras que los salarios de las trabajadoras domésticas en Guatemala, según la Asociación de Trabajadoras del Hogar a Domicilio y de Maquila (Atrahdom), oscilan entre los Q900 y Q1 mil 500 mensuales y para las adolescentes es de Q400 a 700.

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