¿Qué tan pobres y qué tan desiguales somos los guatemaltecos?

Por Marco Antonio Lorenzana
ma_lorenzana@hotmail.com

En los últimos veinte años, los avances en el desarrollo social en Guatemala han sido notables. Basta señalar que la pobreza extrema del país se redujo de 43% a 35%; que ha aumentado el número de jóvenes que culmina el 3er. grado básico; que un guatemalteco promedio vive 72 años.

Hoy, el guatemalteco promedio tiene casi cubiertas sus necesidades básicas en alimentación, vestido y vivienda, ha aumentado significativamente sus años de escolaridad, goza de una mejor salud y, aunque en un menor grado, ha aumentado su acceso a empleos de calidad.

Pero, a pesar del significativo y reciente avance en el desarrollo social, este no debe entenderse como plenamente satisfactorio, especialmente cuando se le compara con la evolución alcanzada por otros países de la región. Tampoco cuando se mira con atención la calidad de los servicios sociales prestados y la manera como a ellos acceden los grupos de población más desfavorecidos. Además, estos avances aún no están suficientemente consolidados y siguen expuestos a los vaivenes de nuestros gobiernos.

Aún falta mucho camino por recorrer. Después de todo, nuestra región sigue siendo la más desigual del mundo en términos de ingresos, consecuentemente nuestro país.

Pobreza y desigualdad, dicen mucho del bienestar de las personas. Pero, no lo dicen todo. Es por ello que, en futuras columnas trataremos estos dos temas y posteriormente lo que sucede en cada una de las áreas del desarrollo social, generalmente conocidas como sectores sociales. Estos sectores son los que, en buena cuenta, definen el bienestar individual. Es así, como siguiendo el ciclo de vida, analizaremos la atención temprana, la educación, la salud, la protección social y, por supuesto, el empleo. Así como la importancia de las complementariedades y relaciones que existen entre estos sectores.

Se verá que los logros han sido en el acceso y en la cobertura de los servicios; pero es la calidad de los mismos, la que sigue siendo el desafío latente en nuestro país.

En la siguiente columna empezaremos hablando sobre “la pobreza y la desigualdad”, dos temas esenciales para analizar el nivel de desarrollo social de un país: qué tan satisfechas están las necesidades básicas de su población y qué tan homogénea es la sociedad en la que ella se desenvuelve. Los dos conceptos son multidimensionales. Es la mirada monetaria, tanto para la pobreza como para la desigualdad, la más reconocida, pero no la única.