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El secuestro del derecho a la ciudadanía de los migrantes

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El secuestro del derecho a la ciudadanía de los migrantes

Pbro. Mauro Verzeletti, C. S.
Director de la Casa del Migrante de Guatemala y El Salvador
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Las CONSTITUCIONES de las naciones tienen como preámbulo, que todas las personas gozan de todos los derechos sin excepción alguna. Sin embargo, las políticas migratorias de los Estados niegan el derecho a los migrantes de elegir un territorio para desarrollarse humana y dignamente. Más bien, una gran mayoría de Estados están actuando con acciones terroristas en contra de los migrantes y refugiados. Prueba de ello son las deportaciones masivas, cancelación de estatus migratorios, encarcelamientos injustificados, desintegración familiar, muros fronterizos y presupuestos exagerados para los controles migratorios fronterizos. Lamentablemente, los Estados a través de sus leyes y políticas migratorias han fomentado nacionalismos odiosos.

Migrantes y refugiados, multitud de los sin patria, se multiplican en el mundo, porque las políticas de los Estados niegan el derecho a la “hospitalidad, la protección, la prevención y la integración”, mensaje del Papa para la Jornada del Migrante y Refugiados. Multitudes de peregrinos nómadas por las carreteras, veredas y mar, soñando por obtener un rinconcito que les proporcione “tierra, techo y trabajo”, como lo reivindica el Papa Francisco. Difícil la nación, pueblo o familia que, de alguna forma, no estén envueltos en ese gigantesco fenómeno migratorio.

El fenómeno de la movilidad humana se está globalizando a cada día de forma galopante, no sólo aumentan las cifras, sino también la pobreza y la violencia, la intolerancia y la hostilidad, el rechazo y la segregación social, por no hablar del prejuicio y la incertidumbre sobre el futuro. Aumenta drásticamente el número de mujeres, niños, niñas, adolescentes y jóvenes que se desplazan de un lado a otro, soñando que el Estado elegido para desarrollarse les tienda la mano amiga y solidaria.

Infelizmente, la democracia privatizada no tiene oídos para escuchar el clamor de los migrantes. Exhibe con evidencia dos enfermedades que pueden llevar los migrantes y refugiados a la muerte prematura. La desigualdad que existe entre los ciudadanos electores y los representantes del poder político y económico ciudadano, sentados en su trono de gloria destruyen la democracia soberana de los pobres. Desgraciadamente, la práctica política democrática mundial, o sea del poder Legislativo, del poder Judicial y del Ejecutivo, parecen cada vez más sordas al clamor de población migrante y refugiada.

Las políticas migratorias son cancerígenas, fomentan conflictos entre culturas y civilizaciones, demuestra una sociedad decadente de los valores de la justicia, igualdad, fraternidad y amor solidario. Solamente a través de políticas migratorias humanas e integrales podemos cambiar el rumbo de la historia, como pensaba el Beato Juan Bautista Scalabrini, Padre de los Migrantes.

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