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Revolviendo la porquería

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Revolviendo la porquería

Bien se dice que cuando se revuelve la porquería mucho más es lo que apesta, y eso cae como anillo al dedo ahora que en el Congreso se discute lo relacionado con la pena a imponer por el delito de financiamiento electoral ilícito aplicado a financistas que actúan en nombre de empresas o a título personal sin que les aparezcan vínculos con el crimen organizado. Reiteramos que justamente ese financiamiento es el que produjo la cooptación del Estado y por ello no sorprende que los diputados estén proponiendo en las reformas sanciones que son ridículas y risibles porque constituyen una nueva lápida en el ya muy grueso muro de la impunidad en Guatemala.

Nadie puede hablar con propiedad de la “democracia guatemalteca” porque la misma fue trastocada desde que la alianza entre políticos y financistas la convirtió en una verdadera e irrefutable “pistocracia” en la que no es el valor del voto popular lo que genera un mandato que tiene que cumplir quien sea electo para un cargo público, sino el inmenso valor del dinero que sirve para comprar los votos en un país que fue llevado al clientelismo desde la misma apertura de 1985 cuando se empezó a moldear un sistema en el que no existen verdaderos partidos políticos sino grupos de oportunistas que se organizan para llegar al poder con el único y concreto objetivo de saquear al Estado.

No es casualidad que en los últimos gobiernos la oficina encargada de los negocios haya sido la Secretaría Privada de la Presidencia y Vicepresidencia, a donde fueron a parar los financistas o quienes manejaron las finanzas de los candidatos: Portillo, Berger, Colom y Baldetti, ésta última quien manejaba a Pérez Molina hasta con la plata. Y todo porque fueron los encargados de que se cumplieran los compromisos adquiridos con los que dieron dinero para financiar las campañas, pero también para embarrar la mano a los que llegarían al poder de manera que los tuvieran bajo la suela para que devolvieran con creces los millonarios aportes.

Pues toda esa porquería que acabó con nuestra democracia es la que están removiendo los diputados siguiendo instrucciones del mero jefe del Pacto de Corruptos para decretar la impunidad por el delito de financiamiento electoral ilícito, con lo que esperan nutrir el Pacto con el aporte de muchos poderosos personajes que en el transcurso de tantos años, prácticamente desde 1985 hasta nuestros días, fueron quienes patrocinaron la actividad de los políticos que, gracias al pisto, lograron llegar al poder para hacer toda clase de trinquetes.

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