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Papel desteñido

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Papel desteñido

Recientemente se efectuó un evento en el que el Comisionado Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, Iván Velásquez; el experto en temas electorales, Daniel Zovatto, de nacionalidad argentina, y la presidenta del TSE, María Eugenia Mijangos, abordaron el tema puntual que es la piedra angular de la crisis de gobernabilidad de Guatemala desde hace muchos años, es decir, el financiamiento electoral.

El Comisionado explicó con detalle cómo es que funciona el sistema y los daños que ha causado al país esa forma de control que tienen financistas sobre los proyectos políticos, al punto de que el Estado guatemalteco está totalmente cooptado y trabaja para satisfacer a los que dieron dinero a los candidatos y para honrar los compromisos contraídos en campaña que son en realidad el único mandato que importa y ejecutan los políticos.

El experto argentino fue directo al plantear que es absurdo que se pretenda controlar ese vicio con multas y, peor aún, si se quiere responsabilizar a los contadores de los partidos, cuando los que hacen los compromisos son los candidatos y tienen que ser ellos los que respondan por cualquier anomalía. Dijo, además, que es fundamental que se establezca el origen de esos fondos que se usan para las campañas porque también la contraparte de los políticos tiene que asumir responsabilidades.

En cambio, la Presidenta del Tribunal Supremo Electoral tuvo una participación más que desteñida, simplemente aceptando que no tienen los instrumentos para realizar la fiscalización. Y eso que, según ella misma declaró cuando se aprobó el mamarracho de reformas a la Ley Electoral, “ahora sí” iban a poder controlar el financiamiento, pero ya se dio cuenta que con contar las páginas de anuncio en los medios escritos y los segundos de transmisión en los electrónicos no se está controlando absolutamente nada porque el grueso del negocio no está en lo que se gasta sino en el origen del dinero.

Preocupa que tengamos una autoridad electoral que no puede ofrecer aportes significativos para tratar de mejorar el sistema de financiamiento, y que simplemente se acojan al argumento, inútil, de que no tienen ni recursos ni capacidades para entrarle al problema. Es preocupante saber que no tenemos forma de atajar la causa del descalabro y lo que hicieron tanto Velásquez como Zovatto, con mucha propiedad, fue explicar cómo es que los financistas se convierten, de verdad, en los dueños del país porque son ellos los que marcan la agenda siempre limitada a satisfacer sus intereses y asegurar sus privilegios para mejorar condiciones en las que realizan sus negocios, pero la solución no aparece por ningún lado.

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