Mirada de migrante, reinado de un pueblo sin fronteras

Pbro. Mauro Verzeletti, C. S.
Director de la Casa del Migrante de
Guatemala y El Salvador
verzelettimauro@yahoo.com.mx

Los movimientos migratorios en un contexto de globalización abren nuevos horizontes, sin embargo, la tendencia de los Estados es militarización de fronteras y deportaciones masivas. A pesar de todo, los migrantes y refugiados muestran miradas llenas de esperanza en medio de un mundo sin esperanza. En este sentido, los obispos reunidos en asamblea anual del Secretariado Episcopal de América Central y Panamá (SEDAC), han “tratado el angustioso drama de los migrantes que afecta sobre todo a los países del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador). Nos hemos sentido profundamente dolidos por tantos sufrimientos de nuestros hermanos migrantes y nos hemos comprometido a aunar esfuerzos para realizar acciones solidarias eficaces y buscar caminos de solución frente a este drama humano tan grave”.

Ante la actual dramática realidad migratoria, urge escuchar la voz de la verdad de los sin voz. Los migrantes y refugiados buscan un tiempo nuevo de eterna justicia, sin odios. Porque las leyes migratorias deben de favorecer la reunificación familiar, donde nadie se quede sin patria por ser indocumentado. Necesitamos caminar hacia una nueva utopía altamente ética para borrar toda la mentira, hipocresía, codicia y mentira de un sistema político y económico descompuesto.

En cada migrante vive la utopía de un nuevo amanecer. Se alimentan de la esperanza de la madre tierra que los vio nacer. Destilan el dolor por los caminos donde pasaron. Son antorchas que iluminan los pasos en las noches oscuras. Cultivan la memoria viva del suelo donde enterraron a sus antepasados. La aurora ilumina el futuro aún incierto, pero siempre deseado con ansiedad. La mirada está puesta en el horizonte infinito. Luchan por la libertad y sueñan por un mañana esperanzado y renacimiento de la gran utopía sin fronteras.

La mirada de los migrantes en el muro de la frontera muestra una realidad perceptible de un lugar de promiscuidad, construido por gobiernos racistas y xenofóbicos. Además, la frontera es el lugar del encuentro de los indocumentados, sin papeles, sin derechos, sin familia; huérfanos, solos y perdidos. Lugar donde la experiencia del largo peregrinar se convierte en pesadilla por la estricta vigilancia fronteriza. Migrar para sobrevivir no es ningún delito.

El profeta Jesús de Nazaret a través de su predicación anuncio el Reino de Dios en las periferias de las regiones fronterizas, denunciando la idolatría del poder económico y político. El mismo Jesús vivió la exclusión del sistema, nació y murió fuera de su patria, también a los migrantes les pasa los mismo, mueren sin dignidad y derechos.