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Migración y democracia

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Migración y democracia

Pbro. Mauro Verzeletti, C. S.
Director de la Casa del Migrante Guatemala y El Salvador
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El contexto mundial de mercado neoliberal impide el avance de la democracia real como derecho fundado en la participación de la ciudadanía, donde la ética y justicia social tienen que ser la regla de vida de políticos y empresarios. Es importante preguntarnos, ¿la democracia se encuentra en un callejón sin salida? Sí, en los últimos años, con la llegada de mandatarios de pensamientos ultraconservadores y derecha a nivel mundial, han protagonizado un giro histórico en las políticas públicas. Donde han prevalecido leyes antiinmigrante, racistas, muros fronterizos, condenado el derecho a migrar. Todas las conquistas sociales alcanzadas democráticamente han sido colapsadas por el poder de las dinastías económicas.

Las dinastías del poder económico imposibilitaron procesos democráticos y redujeron la función primordial de la política a un resquicio histórico tolerado solo en países retrogradas, también es cierto que no consiguió distribuir con mayor equidad la riqueza y los bienes por todos producidos. Según Abraham Lincoln, “el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”, tampoco ha puesto fin la brecha de las desigualdades entre la cima y la base de la pirámide social. Eso porque las dinastías económicas “fabricaron” las dinastías políticas para perpetuase en el poder, a través de corrientes ilegales de una economía cada vez más globalizada y centrada en el mercado financiero.

Hoy día, tenemos el círculo vicioso que une y entrelaza las dinastías del poder económico y político. La herencia de enormes fortunas abre las puertas al ejercicio del poder, al mismo tiempo que éste abre canales y mecanismos para nuevas oportunidades de inversiones, que a su vez traen de vuelta la dinastía del gobierno. Las históricas oligarquías a lo largo de la historia de la humanidad, por no hablar del corporativismo partidista o de clase, ni de la corrupción crónica. Recíprocamente, el dinero compra poder y el egoísmo hace acumular más dinero. La dinastía económica, resucita “milagrosamente”, la política a cada elección. Al fin y al cabo, magnates y hombres de Estado, ricos y gobernantes, se convierten en “harina del mismo costal”.

Queda el desafío de purificar la promiscuidad de la economía y la política con principios éticos. Por la injusticia social estamos asistiendo a grandes movimientos migratorios y desplazamientos. El fenómeno involucra actualmente a casi todos los países del planeta, como lugares de origen, tránsito y de destino. La ONU estima que más de 230 millones de personas viven y trabajan fuera de su lugar de origen, y unos 65 millones de refugiados. El Papa Francisco hace un llamado a construir puentes de unidad entre naciones.

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