Malos tiempos aquellos en los que la gente corriente ha de comportarse como héroes para sobrevivir

Evelyn Leiva
evelyn.leiva@abogadosguatemaltecos.com

Emigrar conlleva muchísimo valor, no cualquiera se atreve a salir de su zona de confort para emprender rumbo hacia lo desconocido.

Los niveles de dolor que vive un emigrante son muy intensos, y superan muchas veces la capacidad humana de adaptación. Esto se debe a que el emigrar conlleva primeramente el arrancarse de la familia, los seres queridos, la comida, las costumbres, el círculo social, renunciar a ser parte del desarrollo de su comunidad, entre otras muchas cosas. Algunos dejan hipotecado lo poco que tienen para costear los gastos de viaje o el pago del Coyote. Los que viajan de manera irregular lo hacen exponiendo sus vidas, su integridad física y en el caso de las mujeres su integridad sexual, caminando por un lugar que no conocen, en un clima muchas veces muy diferente al que están acostumbrados, encontrándose en el camino sueños truncados de personas que la muerte les ganó la batalla, en búsqueda de una vida con más dignidad.

Entre lo más difícil de sobrellevar en el país de acogida está la soledad, por la separación forzada de la familia, y muchas veces del ser amado, el cual es un gran sufrimiento que se vive especialmente al llegar la noche, cuando afloran los recuerdos y la necesidad afectiva, los miedos, ya que la mayor parte de latinos provienen de familias con fuertes lazos afectivos, y de relaciones más estrechas, con fuertes lazos de solidaridad.

Por otro lado está el miedo al fracaso del proyecto migratorio, es el sentimiento de desesperanza y fracaso que surge cuando el inmigrante no logra las más mínimas oportunidades para salir adelante, al tener cero oportunidades de alcanzar un estatus legal migratorio, teniendo que laborar en casi cualquier tipo de trabajo en condiciones de explotación. Para estas personas que han hecho un esfuerzo gigante, a nivel económico, de riesgo, físico y esfuerzo, es muy difícil ver que no se logra salir adelante es muy vergonzoso, aunado al sentimiento de soledad, es aún mayor.

La lucha por la sobrevivencia es extrema primeramente por la alimentación ya que estas personas, viven subalimentadas, nunca llegan a alimentarse de los alimentos básicos, a los que tenían costumbre a consumir, y por el tema del tiempo y el dinero comen generalmente comida rápida, saturada en grasas y sin proteínas, pues gran parte del dinero que logran ganar lo envían a su familia a sus países de origen.

La vivienda es otro gran obstáculo, muchos de ellos viven hacinados en pequeños apartamentos, por lo menos los que corren con suerte, y logran vivienda, estos, generalmente a precios abusivos, en apartamentos los cuales carecen de aire acondicionado y calefacción.

Otro factor muy doloroso que viven los migrantes es el factor miedo, el cual los hace víctimas de grupos muy organizados sin escrúpulos que los mantienen recluidos en apartamentos, amenazados, con documentación falsa, chantajeados por las mafias, quienes les roban la mayor parte de sus ingresos, por cobros exagerados por vivienda, alimentación y el trabajo en donde les han colocado.

Pero aquellos otros que logran llegar solos, viven solo para trabajar, para pagar las deudas que dejaron en sus países, enviar dinero a sus familiares, y sobrevivir como se pueda, con un creciente delirio de persecución, saliendo a las calles, solo lo necesario, para no ser víctima de detenciones solo por su color de piel, aumentando el calvario, de sentirse que viajan constantemente, anhelando regresar y descansar finalmente de este largo viaje, que muchas veces se extiende más de lo que alguna vez planificaron.

Otro muchos, al estar lejos de sus seres amados viviendo en esta profunda soledad, optan por vivir en compañía de otras parejas, procreando hijos a quienes les heredan ese delirio de persecución, miedo que está lejos de ser una fantasía, ya que cuando sus padres, se retrasan apenas unos minutos en llegar a casa ya piensan que quizás los han deportado y que se quedarán solos, situaciones auténticamente traumáticas.

Así transcurre la vida del inmigrante, día a día, con dolor, con llanto, impotencia, a escondidas y con la eterna culpa de haber dejado su tierra y sus raíces.