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DESTACA LA NECESIDAD DE INFORMACIÓN QUE TIENEN LOS MIGRANTES

Loyda Falcón-Ramírez, una mujer que con fortaleza y seguridad hizo valer sus derechos

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Loyda Falcón-Ramírez, una mujer que con fortaleza y seguridad hizo valer sus derechos

Por Andrea Jumique
ajumique@lahora.com.gt

Caracterizada por ser una mujer fuerte, segura de sí misma y trabajadora, Loyda Falcón-Ramírez comentó a La Hora Voz del Migrante que a pesar de que llegó a Estados Unidos desde pequeña nunca se sintió como “una persona indocumentada”, sino al contrario, siempre hizo valer sus derechos como ser humano.

Loyda Falcón-Ramírez salió de Guatemala en junio de 1986 rumbo a Estados Unidos con su papá y su hermano menor, debido a problemas financieros y familiares. El secuestro de su hermano mayor y su abuela fueron el detonante que iniciaron problemas financieros en su familia, por lo que comenzaron a buscar un mejor futuro en el país norteamericano.

“A raíz del secuestro nos dimos cuenta de que nos seguían, nos vigilaban. Desde entonces nos sentíamos inseguros. Mi hermano se tuvo que perder, se fue a México, ya no volvió más al país. A raíz de ahí las finanzas de mi papá comenzaron a bajar por quedarse con nosotros, cuidándonos, él perdió su negocio”, comenta Falcón.

Debido a los problemas financieros, la familia de Loyda tuvo que hipotecar su casa. Además, su madre viajó a Estados Unidos previo al resto de la familia, “fue un viaje que le costó su matrimonio”, según relata la entrevistada.

Con tan solo dieciocho años, al llegar a Estados Unidos Loyda se enfrentó a la incomodidad del espacio reducido en donde vivían, para dormir únicamente tenían un sillón. Luego, el no saber el idioma inglés le trajo complicaciones para conseguir trabajo. Sin embargo, el obstáculo que más recuerda es el no continuar estudiando debido a que no pudo entrar a la escuela.

“No me aceptaron en la escuela regular porque me dijeron que ya no tenía la edad para estar en esa escuela, entonces tuve que tomar clases de noche para hacer mi equivalente de high school”, indicó.

Loyda comentó que cuando llegó a Estados Unidos comenzó a trabajar en restaurantes de comida rápida y luego en un supermercado, porque eran los lugares en donde no le solicitaban documentos. “A pesar de que yo sabía poco inglés, me la arreglaba para entender”, señaló.

Debido a que no sabía el idioma, la entrevistada señaló que compró un libro que “traía las palabras traducidas. Me salía la palabra en español, su significado y cómo se pronunciaba, entonces en cualquier lugar que yo trabajaba tenía mi librito y rápido buscaba la palabra que no entendía”.

Después de trabajar en los restaurantes, laboró en una compañía de celulares y beepers, sin embargo, renunció debido a su religión, ya que su jefe le quería “demostrar que no todas las personas son fieles a sus creencias”.

“Yo soy Adventista del Séptimo Día y la persona quería que trabajara los sábados. A pesar de que cuando entré les dejé saber que yo no puedo trabajar a partir de la puesta del sol del viernes hasta el sábado y él estuvo de acuerdo, pero después ya no. Entonces, ya era muchos los conflictos y mejor renuncié”, indicó.

Luego, comenzó a trabajar en un supermercado como cajera, sin embargo, al año de estar laborando en el lugar la ascendieron al puesto de bookkeeping, en donde tenía a su cargo las “finanzas del supermercado”.

AYUDABA A MIGRANTES

“En el supermercado había muchos trabajadores mexicanos. Había un mexicano que trabajaba en mi caja, él no sabía español, entonces después de mi trabajo nos íbamos a mi casa y le daba clases. Ahí aprendió a leer y escribir, prácticamente lo alfabeticé”, comentó la entrevistada.

Loyda señaló que siempre ha tenido conocimiento sobre la información de migrantes, de los lugares en donde se deben hacer los trámites, por lo que sus compañeros de trabajo acudían a ella para pedirle ayuda. “Yo les ayudaba a traducir cartas de migración. A veces me contaban que cuando iban con un abogado les cobrara hasta US$100 por solo leerles una carta. Entonces yo se las traducía y les decía qué era lo que tenían que hacer”, indicó.

Actualmente, Loyda comentó que continúa ayudando a los migrantes. “Siempre que hay alguien que necesita que yo le ayude en algún sentido, lo hago porque me gusta, porque yo sé lo que es estar aquí en este país y no tener nadie que lo ayude a sobrellevar la situación”.

“NUNCA ME SENTÍ INDOCUMENTADA”

Loyda comentó que antes de que recibiera su residencia, en ningún momento se sintió como una persona indocumentada. “Yo me desenvolví muy bien, en mis trabajos siempre me respetaron y fui muy segura de mí misma. Creo que por eso no me sentí indocumentada, hasta que me dieron mis papeles”, manifestó.

La entrevistada relató que se dio cuenta que era una persona indocumentada cuando fue a migración a solicitar un permiso para viajar, sin embargo, las personas de migración le hicieron saber que no le podían dar los documentos debido su estatus migratorio.

Luego de esa ocasión, en 1987 su madre le tramitó una solicitud de residencia, varios años después, Loyda también ingresó una solicitud, sin embargo, las autoridades le indicaron que no era viable su requerimiento.

“Pero yo me quedé ahí y le pregunté qué era de la solicitud que había ingreso en 1987 -la que su madre había tramitado- entonces la señorita me dijo que esa solicitud había sido archivada por falta de seguimiento, pero ahora mismo la vamos a sacar del archivo. Llamó a inmigración y ellos dijeron que se podía abrir otra vez el proceso y ahí me dieron todos los papeles que debía llenar”, relató.
La guatemalteca realizó todos los trámites necesarios y a los seis meses le entregaron su permiso de trabajo. Luego, en el 2006 completó su proceso y ese año le fue dada su residencia.

RETO DE MIGRANTES

La entrevistada comenta que el primer obstáculo que viven los migrantes, con las nuevas reformas migratorias, es que no están informados y no conocen sus derechos. “Yo creo que lo grave ahora mismo es la falta de información”, recordó.

Además, considera que muchos migrantes tienen miedo porque se ha difundido un temor por las acciones que puedan tomar las autoridades sobre las personas que no tienen documentos.

“En la escuela de mi niña hay una señora que tiene miedo de mandar a su hija a la escuela porque con eso que están haciendo redadas en diferentes partes. Pero yo le digo que no tenga miedo, que en las escuelas ellos no pueden hacer redadas”, puntualizó.

“A raíz del secuestro nos dimos cuenta de que nos seguían, nos vigilaban. Desde entonces nos sentíamos inseguros. Mi hermano se tuvo que perder, se fue a México, ya no volvió más al país. A raíz de ahí las finanzas de mi papá comenzaron a bajar por quedarse con nosotros, cuidándonos, él perdió su negocio”.
“Siempre que hay alguien que necesita que yo le ayude en algún sentido, lo hago porque me gusta, porque yo sé lo que es estar aquí en este país y no tener nadie que lo ayude a sobrellevar la situación”.
LOYDA FALCÓN-RAMÍREZ

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