La nueva estación fronteriza de los migrantes

Pbro. Mauro Verzeletti, C. S.
Director de las Casas de Migrante, Guatemala y El Salvador
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La dramática situación que viven los migrantes en la frontera, más grande de la historia del Siglo XXI, revela la verdadera segregación Continental, muros llenos de cruces pintadas con la sangre de indígenas, campesinos, operarios, afrodescendientes, mujeres, niñas, niños y adolescentes; desvelando la desigualdad cruel en la maldita frontera que separa el Continente entre Estados Unidos y México; exponiendo en plena luz la inhumana realidad, ahí en el no-lugar miles de millones de migrantes de todas nacionalidades y edades están hacinados en la Estación Fronteriza a espera de un nuevo amanecer glorioso. Indudablemente, son muros-fronteras construidos con los más perversos mecanismos de control tecnológico que niegan literalmente el humano derecho a migrar. Lamentablemente, en la frontera del nuevo apartheid social se esconde la mano invisible de un mercado salvaje de racionalidad perversa. Cuando miramos esta cruda realidad debemos de sensibilizarnos, porque la migración se ha trasformado en una opción de vida forzada que conlleva traumas, duelos, separación, torturas psicológicas y desintegración familiar.

Monseñor Juan Bautista Scalabrini, 1887, describía atinadamente la dramática de migrantes europeos que partían hacia el Continente Americano: “Eran viejos curvados por la edad y las fatigas, hombres en la flor de la virilidad, mujeres con los niños al cuello o al lado, adolescentes y jóvenes, todos hermanados por un solo pensamiento, todos dirigidos a una meta común. Eran migrantes “, afirma el Pastor y Padre de los Migrantes.

El carisma de los misioneros de San Carlos Scalabrinianos tiene como eje de acción la defensa integral de los derechos de los migrantes, refugiados, exiliados itinerantes, nómadas, marinos y todos los que se mueven al encuentro de una patria. La ciudadanía universal se hace más difícil en una economía globalizada, donde el mundo se convierte en una pequeña aldea global, cada país se convierte en una especie de muro-frontera, sea como lugar de partida, paso y llegada. De hecho, el mapa de los desplazamientos humanos de masa, hoy en día, es cada vez más intensos, complejo y diversificado, involucrando prácticamente a todas las razas, pueblos y naciones.

Los migrantes son los crucificados de la historia, clavados y asesinados en la cruz de la indiferencia, odio, racismo y discriminación; a pesar de todo rechazo se convierten en verdaderos signos de los tiempos, al evidenciar que los propios sueños son dignos, se vuelven sujetos en la construcción de otro mundo posible, sin fronteras que apunta hacia la Nueva Estrella de Belén. Son capaces de transformar el dolor y el sufrimiento en semillas de un nuevo amanecer utópico.