DESDE LA REDACCIÓN

La medicina contra el cáncer de la corrupción

POR DOUGLAS GÁMEZ
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“De todas las amenazas de seguridad que enfrenta nuestra región, una es más insidiosa que todas. El cáncer de la corrupción. La corrupción corroe los cimientos de la democracia y socava la confianza en el gobierno”, estas palabras son parte del discurso que dio recientemente el vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence ante la OEA.

Hay posturas del gobierno estadounidense y de sus senadores que distan de ese enfoque, pero habrá otra oportunidad para discutir sobre eso. Lo importante es resaltar un pronunciamiento que deja en evidencia la mayor preocupación no solo de Estados Unidos, sino también de la mayoría de las personas que vivimos en este continente.

Y Guatemala sin lugar a duda se ha convertido en el epicentro de esa gran batalla contra el cáncer de la corrupción. En 2015, La Línea y la develación de varias investigaciones que tenían en común la corrupción dentro del aparato estatal, son algunas de las pruebas más claras y concretas de este mal y sus consecuencias para las sociedades golpeadas y empobrecidas de América.

La corrupción es generalizada y está enraizada en las instituciones, en las personas. Su propagación solo puede ser detenida con determinación, paciencia, honestidad y compromiso.

¿Por qué seguir negando el problema? Es imposible negar que Latinoamérica vive un momento determinante y que se encuentra ante una oportunidad de transformaciones reales, pero se necesita aceptar el problema que nos aqueja.

No me refiero únicamente a decir hay corrupción y ya, el enfoque debe estar en denunciarlo, aceptar que hemos sido parte o hemos permitido que el mal crezca y actuar.

La corrupción no se trata de ideologías, la corrupción está mal e influye en el empobrecimiento y falta de oportunidad para nuestras sociedades, lo cual se traduce en migración irregular, problemas de seguridad, entre otros.

La corrupción mata y lleva al precipicio a nuestras sociedades, las empobrece y deja sin futuro a nuestros hijos.

Basta ya de negarlo, tenemos un problema, grave, por cierto, terminal, no podemos estar más en negación, debemos aceptar que se cometieron errores y actuar, hacer las cosas diferentes, tomar una decisión y apartarnos del camino del mal.

Probablemente no veamos a plenitud a nuestras sociedades salir de ese cáncer como calificó Pence a la corrupción, pero se debe hacer, por nuestros hijos, por un mejor futuro. Una nueva oportunidad está ante nosotros y están llegando los momentos decisivos. ¿Le darás una oportunidad a las generaciones venideras?