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Jornaleros en Estados Unidos devengan US$1 mil 600 al mes, en Guatemala unos US$350 en promedio

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Jornaleros en Estados Unidos devengan US$1 mil 600 al mes, en Guatemala unos US$350  en promedio

Por Grecia Ortíz
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Ni el cansancio y abusos detienen el sueño
de los jornaleros migrantes

Ni la lluvia, el frío y calor detienen la ilusión de migrantes que trabajan como jornaleros en Estados Unidos, quienes laboran por largas jornadas en trabajos de diverso tipo y diferentes a los que tenían en sus países natales.

Un ejemplo de dos realidades del trabajo de un jornalero agrícola se puede retratar en la vida de Enrique y Rafael, el primero residente en Estados Unidos a donde migró y el segundo en Guatemala, ambos con la responsabilidad y necesidad de sostener a sus familias, pero cada uno en condiciones diferentes.

Según cálculos realizados por La Hora Voz del Migrante, el salario de un jornalero en Estados Unidos se estima en unos US$1 mil 600 mensuales, en tanto el de un guatemalteco alcanza alrededor de US$350.

Migrantes consultados señalan que quienes laboran de esa forma no deben olvidar mantenerse hidratados y utilizar ropa adecuada en caso de que haga frío o calor, mientras organizaciones de apoyo a jornaleros sin fines de lucro también ofrecen capacitaciones, talleres, orientación y exámenes de salud gratuitos.

El significado de la palabra jornalero en Guatemala se aplica principalmente para los trabajadores que laboran en el campo, pero en Estados Unidos su significado es diverso y se refiere a las personas que trabajan sin tener un lugar fijo o que lo hacen por jornada, algunos tal vez en empresas de mudanza, carpintería, plomería, tareas en el campo y otros.

Por otro lado, aunque existen programas migratorios que se encuentran a la disposición de jornaleros del sector agrícola, con la visa H2-A que les permite trabajar temporalmente en granjas de Estados Unidos, el otro porcentaje de la mano de obra agrícola viene de inmigrantes que ya se encuentran en el país y no califican para este tipo de visa.

Uno de los casos es el de Enrique, que en Guatemala aprendió el oficio de la construcción y desde muy joven fue migrante, primero dejó el país por el peligro que generó el Conflicto Armado Interno en Guatemala radicándose en México y luego lo hizo en la búsqueda de un mejor futuro en Costa Rica y El Salvador.

ENRIQUE: “SI NO TRABAJAMOS NO COMEMOS”

El migrante, originario de Suchitepéquez, explicó en una entrevista ofrecida a La Hora Voz del Migrante que aunque su experiencia como trabajador siempre ha sido en la construcción, el tiempo y la necesidad lo llevaron a laborar en el campo y a seguir rumbo de las cosechas de California.

En el campo de EE. UU. el trabajo es otro mundo porque en un principio para llegar deben pagarle a una persona con un vehículo que los pueda llevar hasta la finca en donde se encuentran y en donde deben desarrollar jornadas de 10 a 12 horas, explicó.

“Pizcamos frutas más que todo”, dijo el guatemalteco al consultarle cuál es su labor en el campo. El jornalero recoge uvas, duraznos, ciruelas y manzanas. Esta labor no solo la realiza en Fresno, donde vive, porque se mueven de acuerdo a las cosechas.

“Se puede decir que es una empresa, pero con un ranchero yo trabajo tres o cuatro meses al año, después me voy a otras compañías, en donde pizcamos lo que es la fruta… luego tenemos que trabajar en condiciones bajo hielo, calor y así. Hay veces que no vemos la luz del sol, a veces la neblina está muy densa y medio se ve al vecino que va a un lado”, comentó.

El salario que recibe depende del mes y de la cosecha, ahora por ejemplo su sueldo es de 12 dólares la hora, pero varía. Por lo que hace paga un alto precio, ya que no tiene tiempo libre en Semana Santa ni en Navidad, “si no trabajamos no comemos, por eso trabajo para varias compañías”, señaló.

LA CORRIDA DE LA FRUTA

El trabajo que hace se conoce como “La Corrida de la Fruta”, porque van siguiendo las cosechas en diferentes lugares, aunque las compañías donde lo hacen están muy cerca.

“Los calores aquí son intensos, mucha gente fallece, y también el frío, éramos un grupo de 38 personas, solo yo de Guatemala y los otros mexicanos y de 2006 para acá solo quedamos 6, el resto ha fallecido, deportado y así hemos quedado. Un compañero murió el año pasado en el mismo rancho que yo trabajo por el calor que hace”, comentó.

En el lugar donde trabajan sus patrones tienen la obligación de mantener termos con agua y hielo cerca de donde se encuentran porque con frecuencia inspectores verifican que tengan sombra y cómo hidratarse, “a veces uno por no perder el tiempo mejor se mete debajo de la viña”, relató Enrique.

Aunque la labor que realiza es dura, comenta que no sabe si en algún momento podría hacer lo mismo en Guatemala, sobre todo considerando que el salario mínimo que obtiene es mucho mayor que el de los Q2 mil 992.37 para las actividades agrícolas, que es lo que se gana en el país.

En Suchitepéquez, Enrique tiene a 10 hijos, 2 aún dependen de él y cuando recuerda los años que tiene de no retornar con su familia, su voz se entrecorta y recuerda la canción “Corrido de Juanito” del grupo mexicano Calibre 50, que le canta un grupo de compañeros de origen mexicano, recordándole el tiempo que tiene lejos de los suyos.

RAFAEL CULTIVA MAÍZ Y FRIJOL EN SANTA ROSA

A más de 4 mil 500 kilómetros a las 6 de la mañana, todos los días, Rafael Del Cid se levanta a trabajar en su hogar ubicado en Santa Rosa. Su tarea consiste en cultivar 4 manzanas de tierra donde cosecha frijol, maíz, ayote, camote y manías.

Con las primeras lluvias de mayo, el jornalero aprovecha a sembrar la milpa que más tarde se convertirá en maíz, luego esa misma humedad es aprovechada para sembrar el frijol, el ayote, el camote y las manías (cacahuates), aunque los cultivos más importantes son los primeros dos.

Siembro frijol y maíz, también aprovecho a sembrar ayote, camote y manías, pero lo que más se vende es el maíz aquí porque eso lo usan para las tortillas. Hace unos años pensé en migrar, porque tengo hermanos que están viviendo en Estados Unidos, me ofrecieron llevarme, pero el miedo a que no pase ha hecho que me quede aquí con mi familia, comentó.

Rafael tiene 4 hijos, el más grande tiene 21 años y también trabaja en el campo con él, ninguno en su familia ha logrado finalizar sus estudios. Los más pequeños tienen entre 12 y 16 años, por eso el sueldo que devenga y que depende de la cosecha que obtenga les sirve para sobrevivir. De octubre a diciembre obtiene más ingresos porque todos cortan café en fincas cercanas.

El fruto de su trabajo se ve reflejado en la venta de maíz, un quintal se comercializa por Q150 y de frijol entre Q300 y Q350, aunque no siempre obtiene lo que espera. “La vida del agricultor es difícil porque de eso debemos vivir para las cosechas venideras, cuesta porque se debe economizar todo y además pagamos por abono y pesticidas”, indicó.

Al mes entre toda la familia lo que logran reunir es menos del salario mínimo que establece el Ministerio de Trabajo en tareas agrícolas, unos Q2 mil 992.37, y eso solo cuando cortan café o venden su cosecha que es cuando obtienen más recursos.

LOS JORNALEROS QUE NO SABEN CUÁNDO VOLVERÁN A SU PAÍS

En Brooklyn Nueva York, Luis*, un guatemalteco que trabaja como jornalero refirió que laboró 4 años como chofer encargado de entregar encomiendas y aunque tenía un trabajo, lo que ganaba no le alcanzaba para mantener a su familia integrada por su esposa y sus dos hijos.

Sus anhelos al migrar eran comprar una casa o un pequeño lote. En la actualidad son 7 años los que lleva viviendo lejos de su hogar, pero ya logró construir lo que esperaba. Al día puede llegar a ganar unos US$60, pero todo depende de las horas que labore, porque incluso hay ocasiones en las que puede devengar unos 15 dólares la hora.

Su labor implica recoger escombros de construcciones, no obstante durante la época del invierno hay pocas oportunidades de generar recursos. Aunque es un trabajo pesado, pensar en retornar ahora parece complicado porque no sabe en qué podría laborar en su país natal, por eso no sabe cuándo volverá a reunirse con su familia.

Por otro lado, Carmelo*, originario de Totonicapán y también jornalero, relató que terminó sus estudios hasta diversificado y luego fue piloto de un tuc tuc. En su caso se sintió motivado para migrar de manera indocumentada porque lo que ganaba de sus viajes era muy poco y el vehículo le pertenecía a otra persona.

Aunque logró llegar a EE. UU., el viaje tuvo un costo elevado que en la actualidad está pagando. En el invierno, al igual que Luis, le cuesta ganar algunos dólares y lo que logra ir ahorrando lo envía en remesas a su familia en su departamento y paga la deuda que adquirió.

En su caso, no tiene ilusión de retornar porque aunque está trabajando duro sabe que no le faltará un sueldo y tendrá alimentación siempre.

Antes de dejar Xela en Quetzaltenango, Mario* cultivaba flores y maíz en un terreno que arrendaba y de lo que ganaba trataba de obtener recursos para sus alimentos. En Guatemala dejó a cuatro hijos y ahora han pasado 8 años desde que está lejos de sus seres queridos.

Lo que gana en los meses de verano lo ahorra para prepararse en los meses de invierno cuando el trabajo disminuye considerablemente. No sabe qué sucederá en un futuro. Al preguntarle si volvería a su país, el guatemalteco se mostró escéptico porque no sabe si la situación en Guatemala podría mejorar.

Finalmente, Roberto*, un adolescente de 17 años, relató que llegó con ilusiones a Estados Unidos. Su trabajo era apoyar a familiares en la siembra de cultivos y ahora como jornalero debe enfrentarse al rechazo, ya que por su edad muchos optan por no contratarlo.

Es originario de Totonicapán en donde viven su mamá y hermanos a quienes siempre les envía remesas para apoyarlos económicamente.

Para realizar las entrevistas a los migrantes jornaleros, La Hora Voz del Migrante contó con el apoyo del guatemalteco Juan Carlos Pocasangre en Brooklyn Nueva York.

VÍCTIMAS DE CONSTANTES ABUSOS

La guatemalteca Anamaría Tejada, residente en California, agregó que existen muchos abusos físicos y psicológicos en contra de jornaleros que se encuentran indocumentados y en su caso conoce casos de personas de Guatemala, Honduras, El Salvador, México y otros países que lo han vivido.

“Ellos son los que más peligro corren, hay muchas personas que los han llevado y después no les pagan, los han explotado, otros han sufrido abuso físico sobre todo a los que están indocumentados. Llegan a pararse a un Home Depot a buscar quién se los lleve y son muchos los abusados”, indicó.

Al respecto, la migrante guatemalteca Mal Kaxh, coincidió con Tejeda en que son tratados como esclavos y se enfrentan a muchos problemas además que no cuentan con el respaldo de la ley.

Kaxh aseguró que tiene amigos que trabajan como jornaleros de construcción, jardinería, mudanzas o pintando casas, pero lo hacen por horas y están expuestos a que no les paguen, “las personas que los llevan se aprovechan de la crisis económica de ellos y de su estado migratorio”, indicó.

LOS CENTROS QUE APOYAN A JORNALEROS

El Pomona Economic Opportunity Center es una de las organizaciones sin fines de lucro que proporciona una guía a los jornaleros en la ciudad de Pomona California, y que busca darles una oportunidad a las personas para que encuentren un empleo con salario justo, que les permita mejorar su calidad y condiciones de vida.

Fernando, representante de la organización, indicó que el programa laboral tiene una existencia de 20 años. Las labores que realizan van desde la jardinería, mudanzas, construcción, carpintería, así como trabajo en el campo, aunque depende del lugar y época.

El Centro ofrece apoyo en capacitaciones laborales, también se les reitera que tienen derechos, como trabajadores, a recibir sus pagos y que tienen el respaldo de organizaciones como la que representa.

En ese sentido, la organización recomienda a las personas que evalúen el trabajo que aceptan para evitar inconvenientes, como el presentar un cuadro de deshidratación principalmente en la época calurosa. Para mayor información puede comunicarse al 1-909-397-421 o escribir al correo electrónico [email protected]

EXÁMENES DE SALUD, CLASES Y TALLERES GRATUITOS
El Instituto de Educación Popular del Sur de California (IDEPSCA), además del apoyo con la búsqueda de empleo, otorga recursos gratuitos en salud, clases o talleres, hace utilización de químicos y trabaja con jornaleros del campo, casa y otros.

Lupita García, del IDEPSCA, enfatizó que son cuatro centros de jornaleros los que tienen disponibles en California, “lo importante es presentarse y les explicamos los servicios que damos en el centro y cuáles son los procesos para distribuir los trabajos. Cualquier persona mayor de 18 años es bienvenida”.

García también pone a disposición de los migrantes el número 1-213-252-2952 o visitarlos en la 1565 W. 14th Street de Los Ángeles California.

Otras organizaciones, como la United Farm Workers, también proporcionan información útil como recomendaciones y datos de otro tipo que pueden ser de utilidad para los migrantes.

*Los nombres de los entrevistados se cambiaron para proteger la identidad de las personas.


CONSUMIR AGUA LIMPIA Y VACUNARSE CONTRA EL FLU

El Obispo bautista Juan Carlos Méndez opinó que ha conocido de casos en los que personas que contratan a jornaleros los amenazan con llamar a migración con la intención de no pagar por el trabajo que hacen.

Otro de los abusos más frecuentes sucede en la temporada del frío, época en que los migrantes pueden sufrir de hipotermia, y en el verano sufren de golpes de calor como consecuencia de no beber suficiente agua.

“Los jornaleros en Los Ángeles tienen una coalición en donde ellos van y se chequean y dicen yo sé hacer esto y cuando alguien pasa por un jornalero y dice que necesita y de no pagarles existe un seguimiento”, dijo.

En los últimos meses, el líder religioso ha impulsado una campaña para que las personas consideren vacunarse contra el Flu, porque con el frío, sino se cuidan, la enfermedad puede complicarse a niveles graves.

Otra de las recomendaciones de Méndez es que las personas puedan consumir agua limpia y libre de pesticidas.

En la temporada de invierno también recomienda el uso de prendas de vestir térmicas, porque las temperaturas tienden a disminuir considerablemente, sobre todo considerando que la mayoría de personas proviene de áreas tropicales y no están acostumbradas al frío intenso.

Además, anotó que el consumo de vitaminas resulta indispensable para que el cuerpo se mantenga saludable.

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