El Cristo de Esquipulas

El Cristo de Esquipulas es una imagen de Jesús Crucificado venerada por millones de fieles de Centroamérica que se encuentra en la Basílica de Esquipulas, en la ciudad del mismo nombre en Guatemala, distante a 222 km de la ciudad de Guatemala.

Ya desde el siglo XVII se le conoce como el “Milagroso Señor de Esquipulas” o también como el “Milagroso Crucifijo que se venera en el pueblo llamado Esquipulas”.

La fiesta patronal de Esquipulas se celebra el 15 de enero. Es también cuando llega la mayor cantidad de peregrinos a la ciudad provenientes de Guatemala, El Salvador, Honduras y México. Debido a la gran cantidad de inmigrantes de estos países en Estados Unidos y otros lugares esta fecha es ahora celebrada también en estados como Los Ángeles, Phoenix, Nueva Jersey y Nueva York.

Desde antes de la llegada de los españoles al Nuevo Continente Esquipulas era un lugar de peregrinación conocido en Mesoamérica donde se rendía culto al dios guerrero Ek Chuaj. Luego de la conquista de Esquipulas, en el año 1530, los misioneros españoles iniciaron la evangelización de los pueblos conquistados. En el año de 1594 cuando la religión católica había echado raíces, los locales aprovecharon una abundante cosecha de algodón y decidieron encargar una imagen de Jesús crucificado.

De esta cuenta Cristóbal de Morales contrató al escultor portugués Quirio Cataño, quien en ese tiempo vivía en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala para que esculpiera dicha imagen. El artista entregó el trabajo encomendado el 4 de octubre del mismo año.

El contrato original por medio del cual se encargó la obra se conservó durante mucho tiempo en la Parroquia de Quezaltepeque, hasta que Fray Andrés de las Navas, Obispo de Guatemala ordenó que se hiciera una copia del mismo debido a su deterioro.

Según la tradición oral, los habitantes de Esquipulas viajaron a la ciudad de Santiago de Guatemala para recoger la imagen en la fecha estimada, y durante el viaje de regreso aquellos que la veían por el camino se quedaban admirados por su belleza y solicitaban que permaneciera con ellos al menos una noche, y de esta manera se originó la tradición del peregrinaje para venerar dicha imagen. Finalmente llegó a Esquipulas el 9 de marzo de 1595.

La tradición contaba también que Quirio Cataño había utilizado madera oscura para esculpir la imagen, de modo que se pareciese más a la piel de los habitantes de Esquipulas, descendientes del pueblo Chortí, sin embargo, según el arquitecto Eduardo Andrade, durante su restauración se descubrió que había sido originalmente acabada con un tono claro, y que los años de exposición al humo de veladoras y las manos de millones de fieles le proporcionaron su característico tono oscuro.