DESDE LA REDACCIÓN

Duro inicio de año para el Triángulo Norte

Por Douglas Gámez
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Y arrancó 2018 con fuertes noticias, la mañana del lunes 8 de enero fue dura de digerir para el pueblo salvadoreño, el Departamento de Estado de los Estados Unidos oficializó lo que se veía venir, el Estatus de Protección Temporal (TPS) ha llegado a su fin.

Lamentablemente, con la posibilidad de equivocarme al no tener contacto con las fuentes correspondientes, por lo menos en lo publicado por las agencias de noticias, percibí una reacción difícil de entender de las autoridades de El Salvador, que intentaron maquillar lo sucedido con una “extensión” del TPS a 2019.

No es una extensión, es un plazo fatal para que los casi 200 mil salvadoreños beneficiados por esa medida retornen a su país o regularicen su estatus migratorio.

¿Cómo hará El Salvador para acoger a un numeroso grupo de salvadoreños que no podrán solventar su situación y deberán de una u otra forma retornar a ese país?

El panorama es complejo y casi inimaginable pensar qué solución se le puede dar a las personas que retornarán a ese país. ¿Cómo hacer efectiva una reinserción social integral de un grupo tan numeroso de personas?

Y la preocupación no debe ser única y exclusiva del pueblo y gobierno salvadoreño. Guatemala deberá también prepararse, es probable que un grupo de ellos desee probar suerte o busque desarrollar su vida en nuestro país.

El mensaje no es para cerrar fronteras e imitar las acciones o políticas implementadas por otros países, la idea es que en mejores condiciones lo salvadoreños vean a Guatemala como una opción para su desarrollo.

Sin duda vendrán tiempos de pruebas y para Guatemala, Honduras, México, probablemente Belice, se pondrá a prueba el trato que se le da al migrante.

Es que no se trata solo de exigir buenos tratos y oportunidades a Estados Unidos, nuestros países también deben entrar en la dinámica de enfocar la migración como un derecho y ofrecer las mismas garantías y protecciones a quienes deciden hacer su vida en nuestra tierra.

Es difícil pensar eso ni siquiera teniendo para los propios, pero es algo que debe pasar, debemos insistir en los cambios que necesita de forma urgente el país para los suyos y los que vienen.

Ojalá y cuando empiece el retorno de los salvadoreños, Guatemala haya cambiado aunque sea un poco y ofrezca, por lo menos, esperanza a los hermanos cuscatlecos, para que sean recibidos con los brazos abiertos.