LAS METAS QUE BUSCAN ALCANZAR LOS MOTIVAN A SEGUIR Y HACER SACRIFICIOS

Cuando llegué a EE. UU. dormí en el piso… Duro inicio que cambia con esfuerzo

Por Grecia Ortíz
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Con la esperanza de encontrar oportunidades y cumplir sus anhelos, los migrantes dejan sus países de origen y familias esperando cambiar su realidad para lograr el llamado “sueño americano”. Para lograr sus metas deben trabajar largas horas esperando como recompensa un pago que les permita alcanzar sus sueños.

Alex, Francisco y Alberto dejaron cada uno sus viviendas en Guatemala, sabían que sería difícil lograr sus metas viviendo en Estados Unidos. En contraparte deben vivir con familiares, amigos o conocidos para lograr pagar la renta, trabajan largas horas y apenas tienen tiempo para alimentarse adecuadamente.

José vivió más de 30 años en Carolingia del municipio de Mixco, en Guatemala. Cuando decidió migrar hacia Estados Unidos lo hizo pensando en el bienestar de los suyos, aunque su estatus migratorio es legal, no pudo viajar a Guatemala para asistir al funeral de su madre.

En 2017, el Banco de Guatemala (Banguat) recibió más de 8 mil millones de dólares en divisas por remesas familiares que se distribuyeron entre las miles de familias de guatemaltecos, que en su mayoría viven en Estados Unidos y que buscan a diario alcanzar el anhelado “sueño americano”. Todo ese esfuerzo se traduce en horas de trabajo, hambre, cansancio y tristezas.

FRANCISCO DURMIÓ EN EL SUELO SIN UN COLCHÓN

Francisco Ajquiy es originario del caserío El Mirador, de Tecpán, Chimaltenango, pero decidió dejar Guatemala porque siempre soñó con construir una casa y adquirir un pequeño terreno.

En la entrevista con La Hora Voz del Migrante, Francisco comentó que vive con varios amigos con quienes se ayuda para pagar la renta del apartamento, de lo contrario tendría que ver qué hacer para tener dónde dormir.

“Cuando vine aquí estaba desesperado porque a nadie tenía de conocido ni nada, yo sí sufrí bastante, mis amigos cuando llegué pues sí me recibieron pero no tenía colchón ni una cama, sino que me quedé en el mismo piso y ahí aguanté un par de días”, explicó.

De esos primeros días en Estados Unidos, hubo ocasiones en que durmió en el suelo pero eso nunca lo hizo sentirse mal, ya han transcurrido 5 años y su primer empleo fue lavar platos en restaurantes, también como repartidor, pero trabajaba hasta 13 horas sin detenerse y ganaba 70 dólares diarios.

TRABAJA EN LA CONSTRUCCIÓN Y SU TIEMPO LIBRE LO EMPLEA EN TOCAR GUITARRA

Con el tiempo decidió cambiar de ambiente y la construcción es ahora parte de su vida y el empleo que le da esperanzas de materializar el sueño americano del que tanto hablan todos, porque gana más.

“Cuando me da tiempo hago mi comida en la casa y si no pues compro porque como uno regresa cansado, eso sí ahora con un horario estable. Con la ropa, casi no lavo porque lo dejo en una lavandería y como no es mucho…”, explicó.

A veces las tareas que le designan son pesadas, sobre todo cuando vierten concreto porque deben apresurarse a trabajar. En su tiempo libre aprovecha a tocar la guitarra y así transcurren sus días, entre recuerdos y melodías que lo llevan hasta Tecpán.

“Tengo que sacar lo que vine a hacer, a eso viene uno, a triunfar y a luchar, entonces por eso mando un poco de remesas cada mes”, dijo.

EL INICIO DEL SUEÑO PARA ALEX

Los relatos de su hermana, amigos y conocidos desde Estados Unidos motivaron a que el quetzalteco Alex López dejara lo que por años fue su hogar.

El viaje lo realizó por tierra por acceder sin papeles, sabía que podía encontrar peligros pero estaba dispuesto a lograrlo y se aferró a las llamadas de su hermana que lo motivaron a dejar a su familia y buscar el “sueño americano”.

Establecerse no fue fácil pero el apoyo de su hermana fue vital porque ahora vive junto a sus sobrinos y su cuñado, con quienes comparte todos los días un pequeño apartamento en la ciudad de Nueva York.

En entrevista para La Hora Voz del Migrante, López expresó que llegó a ese país hace unos dos años y seis meses, “desde el principio cuando estaba en Guatemala yo me puse de acuerdo con mi hermana para venir”.

Una cama y algunos artículos son sus pertenencias en el departamento que comparte con sus familiares. En el día trabaja 8 horas en una compañía que se dedica a la construcción de edificios, pero también hay jornadas extensas en las que se labora más, sobre todo en horario de verano cuando se trata de aprovechar la temporada.

TRABAJA SIN PENSAR EN DESCANSAR

Su vida en Guatemala era muy diferente, Alex reconoce que ahora tiene oportunidades de una mejor vida, por lo que debe luchar y trabajar duro y a diario, sin pensar en descansar.

“Si uno no trabaja aquí no puede pagar su renta, las facturas, el seguro del teléfono, carro, impuestos. Aquí todo el dinero lo hace”, afirmó.

Aunque comparten experiencias como familia, en tareas como lavar ropa o consumir alimentos cada uno lo hace por su cuenta, “acá ya cada quien ve qué hace con su vida personal. Yo trabajo pero con mis fines de semana, del dinero que yo me gano con eso, pues me compro mi ropa, eso es individual”.

PAGA RENTA, LAVA SU ROPA Y COMPRA COMIDA

Para pagar su hogar, López paga la renta individual así como su hermana y su cuñado. En Guatemala compartía más con los suyos, pero señala que no tenía cómo sostener a su familia y otorgarles condiciones dignas y eso le hizo pensar que debía irse.

Todos los días guarda la ropa sucia en una canasta que tiene en su habitación, los fines de semana los aprovecha para salir y asear su lugar. En cuanto a su comida, suele comprar tanto en el desayuno, almuerzo y cena.

“Hay restaurantes, buffets o a veces llegan algunas señoras a ofrecer comida en el área de trabajo, ya uno se compra ahí su comida, pero cuando comenzamos a trabajar, siempre es un cafecito con pan, no es igual como en Guatemala que uno desayuna y todo eso es muy diferente”, indicó.

López cree que el sueño americano existe, pero solo se puede alcanzar si se tiene un empleo.

SU HIJA DE MESES DE NACIDA LO IMPULSÓ A CUMPLIR SUS METAS

En enero pasado Alberto decidió migrar, pensaba en cómo lograría mantener a su hija de dos meses de nacida, su esposa y sus papás que residen en Santa Rosa.

Por quince días transitó por México, algunas veces a pie y otras en el vagón de un tren, en donde se hizo compañero de otras personas que intentaban llegar a Estados Unidos. Cuando estaba a punto de llegar se perdió y prefirió entregarse a las autoridades de la Patrulla Fronteriza, luego fue llevado a un centro de detención en la ciudad de Texas, en donde permaneció detenido por casi un mes y luego pagó una fianza de US$2,500 dólares para salir en libertad.

SUS AMIGOS LE DIERON UN LUGAR EN DONDE QUEDARSE

Su caso señala que lo peleará en una Corte de Inmigración, mientras eso sucede le otorgaron un permiso de trabajo y aunque se muestra entusiasmado por lo que viene, es sincero y dice extrañar a su gente y su tierra.

“Quiera que no yo extraño mi casa, aquí vengo con todas las ganas de trabajar de salir adelante, de momento me vine a quedar a vivir con cinco amigos que ya tienen rato de estar aquí, con ellos veré lo de la renta y comida”, expresó.

Al momento del cierre de edición de esta nota, Alberto aún no había empezado a trabajar pero lo haría en la construcción porque le recomendaron que en ese sector se gana un mejor salario. En Guatemala descansaba dos días a la semana, allá no sabe si le dará tiempo y recordó que laboraba en un restaurante como mesero.

Sus pertenencias son pocas, de momento duerme en un sillón, tiene algunas prendas de vestir y la comida que recibe es porque se la regalan, pero eso no le preocupa.

JOSÉ VIVE EN CALIFORNIA, PERO TAMPOCO OLVIDA COMO LO HACÍA EN GUATEMALA

José, a diferencia de Alex, Alberto y Francisco, ingresó a Estados Unidos con un estatus de residencia legal en un trámite realizado por su papá en ese país.

Aunque su llegada fue más fácil, José también experimentó las consecuencias de la migración y al no poder salir del país, le fue imposible asistir al funeral de su mamá con quien vivió más de 30 años en el país.

“Viví toda mi vida con mi madre y en el último momento no estar con ella, es algo que afecta pero sé que Dios sabe por qué hace las cosas”, destacó.

VIVE EN COMPAÑÍA DE SU HERMANO
El guatemalteco pasó de vivir de la colonia La Carolingia de la zona 6 de Mixco a Baldwin Park California, en donde reside desde hace un año y medio aproximadamente.

Trabaja en una fábrica de envíos de paquetería a nivel nacional.

Al igual que otras personas, dejó Guatemala porque soñaba con alcanzar otro nivel de vida para su esposa e hijos que lo esperan en casa. Cuenta que el lugar donde reside es tranquilo y seguro, en cambio cerca del sector donde vivía en Guatemala los hechos violentos ocurrían con frecuencia.

“Es triste porque aquí uno mejora económicamente, pero también deja algo allá y a veces a la larga es lo más importante que uno deja. Pero vine con la intención de sacarlos adelante a ellos, sacrificando muchas cosas como el tiempo con los hijos, mi mamá y muchas situaciones que a la larga afectan”, destacó.

Aunque vive con su hermano, cuñada y sobrinos, hay momentos en los que José se siente solo. El horario de sus labores depende del día y su rutina es la misma siempre.

ASÍ ESTÁ SAN JOSÉ LAS ROSAS

La colonia en donde vivía José hasta hace año y medio se localiza a escasos kilómetros de la ciudad capital, no obstante realizar el trayecto en el transporte público desde zona 1 puede llevar alrededor de una hora y media con tráfico fluido. En Estados Unidos en cambio tiene la posibilidad de utilizar otro tipo de transporte y conducir un vehículo sin dificultad.

En cuanto a la seguridad, reconoce que sí se escuchaban muchas malas noticias, pero eso nunca lo hizo sentirse intimidado.

“Ya ve que a veces hay tiroteos que van dirigidos a determinada persona y si hay alguien en el camino pues le pegan y ya. En Guatemala no existe una justicia real solo para la gente que tiene poder. Cuando trabajaba allá entraba a las 5 de la mañana a mi turno de trabajo y salía hasta las once, ¿y quién nos cuida?, nadie”, afirmó.

Los contrastes son evidentes, si se comparan el lugar en donde reside él actualmente y en donde se encuentra su familia en el sector de la zona 6 de Mixco del que siempre tiene la confianza que estarán bien. En el lugar hay algunas casas con techo de lámina y otras de concreto, en Estados Unidos las viviendas del sector en donde vive son distintas.


VILLA NUEVA, AMATITLÁN Y MIXCO, FOCOS DE MIGRACIÓN

El informe “Migración en cifras”, de la Asociación de Investigación en Estudios Sociales (ASIES) señala que la falta de oportunidades de empleo es un factor detonante para la migración e indica que en municipios como Villa Nueva, un 21% de la población tiene intención de migrar, seguido de Amatitlán con 16.9%, y Mixco con el 15.6%, lugar en donde vivía José hasta hace poco.

ASIES además señala que la falta de aprovechamiento del bono demográfico y las condiciones precarias son factores que inciden en la decisión de personas al querer dejar su país.


ADQUIEREN UN TRAUMA

El guatemalteco Bryant Paredes explicó que en algunos casos los daños psicológicos para las personas ocurren desde que dejan su país y en muchos casos son jóvenes que se arriesgan, “dejan a sus papás, su familia, prácticamente se arriesgan al dejar sus vidas”.

Pero las preocupaciones no desaparecen al llegar a Estados Unidos, porque después deben buscar dónde ir a vivir y se imaginan las penas, además de la responsabilidad del pago de la deuda que adquirieron para llegar, afirmó el entrevistado.

Si bien las opciones de trabajo son varias, Paredes comentó que algunos trabajos son bastante pesados y con jornadas extensas, sacrificios que deben hacer en busca de una mejor calidad de vida.