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Callar ante la injusticia (Parte III final)

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Callar ante la injusticia (Parte III final)

Marvin S. Otzoy
msotzoy@sbcglobal.net

…Era surreal ver unidos herméticamente a quienes en otro momento han sido acérrimos oponentes. Surgieron también quienes no se sentían seguros de dejar ir al único investigador que había demostrado consistentemente su idoneidad en el cargo. Lamentablemente, otros grupos de presión codiciantes del poder y tener absoluto, aprovecharon la coyuntura intentando derrocar al mandatario fingiendo su apoyo al investigador. Fue así que únicamente los defensores de la Constitución Política se convirtieron en salvadores en aquel momento, al respaldar amparos que demostraban la ilegalidad de esos intentos.

Se agrega a la historia el soborno que salió a flote cual cadáver descompuesto que observamos con horror quienes, por miedo o incertidumbre, hemos callado más de la cuenta: bono “chantaje” absurdo aceptado por el Presidente. Todavía el día en el cual salió a la luz, pensábamos con un dejo de esperanza agonizante reacia a morir, que tenía una última oportunidad para ganarse, al menos, un ápice de respeto por parte de quienes no le creen ni los buenos días desde esa nefasta mañana de domingo en la cual, al más puro estilo de su homólogo personaje de la célebre obra del Premio Nobel de Literatura, nos ofrecía como blanco de ataque por parte del planeta entero al intentar desterrar al investigador que tanta angustia y zozobra le causa porque era a él a quien se pretendía investigar. Luego una bofetada más: los flamantes legisladores decidieron proteger al señor Presidente, de cualquier posible investigación. Surgió el “Pacto de Corruptos”.

Esa última tormenta desató el cataclismo. Seguimos divididos, como es el propósito de quienes, escudados en este pobre caballero al quien le falta el coraje y la voluntad para no prestarse a negociar con la dignidad del pueblo, buscan mantener ese statu quo conveniente a sus intereses mezquinos. Pretendieron exonerar a quienes, en este momento, se encuentran guardando prisión, y evitar cualquier posible investigación a futuro a quienes tengan delitos pendientes, y por supuesto, garantizar la libertad para seguir cometiendo ilícitos, solo que esta vez, apegados a derecho. Una vez más, sumada a la incertidumbre de lo que se esté cocinando mientras dormimos, reina en el ambiente la zozobra y la angustia de preguntarnos cuánto falta para que terminemos de convencernos que ya es imposible callar más. No es posible vivir bajo el yugo de la tiranía sólo porque mi ideología es distinta a la de otros. Necesitamos entender que eso es justamente lo que estos defensores de la impunidad desean: confundirnos reluciendo el viejo fantasma de la polarización, cuando a ellos, la única ideología que los mueve, es la de la corrupción e impunidad.

La esperanza no muere, pues si seguimos aquí, es porque el propósito de nuestra vida aún no se puede dar por concluido. Últimamente he leído con mucha frecuencia: “Si no te reta, no te cambia”, es lo necesario, un reto que nos haga saltar de nuestra -aparentemente- cómoda silla, para empezar a caminar con la visión de hacer cosas diferentes para obtener resultados diferentes. Basta de callar ante la injusticia, la sangre de nuestros hermanos menos favorecidos muertos a causa del hambre o falta de atención médica oportuna nos reclama auxilio. Unámonos aquí y allá por una mejor Guatemala.

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