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Callar ante la injusticia (Parte II)

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Callar ante la injusticia (Parte II)

Marvin S. Otzoy
msotzoy@sbcglobal.net

…Sus más fervientes admiradores, junto con quienes decidieron apostarle a ese voto de confianza, querían con todas sus fuerzas, creer que por fin, los rumbos de la nación iban a ser dirigidos a puerto seguro por quien aseguraba no ser ni lo uno ni lo otro… Y entonces, hasta los más reacios empezaron a acomodarse dejándose impresionar por una que otra acción que denotaba su “buena intención”, por ejemplo el ofrecer donar parte de su salario para obras benéficas, hipócrita afirmación cuando recibía de su plaza fantasma Q50 mil mensuales, cual estocadas en el corazón del pueblo sufrido.

Muy poco duró el falso encantamiento, pues cuando hermano e hijo terminaron siendo llevados a juicio por actos ilícitos, terminó de quitarse la careta de hombre probo que había intentado conservar con muchos esfuerzos hasta ese momento. No fue capaz de separar al gobernante del hermano y padre. Y es cierto, en su lugar, con toda seguridad a muchos les sería difícil también conservar la objetividad. Pero es más cierto aún el hecho de que, al tratarse de permitir que la justicia se ejerza sin ningún tipo de privilegios, ni los lazos de sangre debieran ser un motivo para obstaculizar su paso. Callamos, por humanidad, por compasión al hombre más que por exigencia al mandatario, pero sin dejar de esperar que se hiciera justicia.

Declaró en medios televisados internacionales la corrupción como algo “normal”, y catalogó como “barato” el trabajo de los compatriotas más valientes que han tenido que cruzar una frontera, la cual se intenta convertir en una especie de “portal místico”… callamos una vez más a pesar de lo nefasto e injusto de sus comentarios. Paralelamente, los representantes de su plataforma de lanzamiento también gestaban sus estrategias para evitar que la justicia les tocara. El mayor militante desapareció mucho antes de que esta lo alcanzara, y de nuevo, callamos.

Sintió amenazada la seguridad de sus “benefactores” y la suya propia al conocer la inminente investigación que se pretendía hacer sobre la legalidad en el financiamiento de su campaña electoral, e intentó, de la forma más desesperada, callar la voz de quienes ya habían iniciado separadas investigaciones sobre sus contendientes, declarando insólitamente non grato al valiente capaz de ponerlo en su lugar. No callamos, pero ya no éramos los hermanos unidos por el mismo interés. Algo también se había dañado entre nosotros. Parecía que cada quien había optado por identificarse con lo más conveniente, o lo que a cada quien se le hacía correcto. Por una parte, estaban quienes defendían al precio que fuera, que no estaba bien quedarnos sin presidente mucho menos que asumiera el torpe académico siguiente en turno. Quizás algunos lo creyeron fervientemente, pero la realidad era otra: había que defender la impunidad en la que habían vivido aquellos que nunca se han molestado en mostrar un bajo perfil, y ante quienes siempre hemos callado. Era surreal ver unidos herméticamente a quienes en otro momento han sido acérrimos oponentes…

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